Perdidos y con el pie cambiado…

Por
— P U B L I C I D A D —

Quienes pretenden informar al público de lo que ocurre en el mundo, no dan muestras precisamente de estar al tanto de muchas de las cosas que la gente corriente ya conoce. Precisamente, cuando se trata de analizar los motivos por los que la desafección política han alcanzado también al mundo de lo mediático debían intentar entender el efecto “contagio-aislamiento social” que padecen mientras se mueven entre salones elitistas, saraos y privilegios.

El mundo de la comunicación se asentaba sobre todo en su independencia y objetividad. “Estas son las noticias y ahora saquen sus conclusiones” parece que debería ser el lema que presidiese las salas de redacción pero, por desgracia, hace mucho tiempo que la información se manipula en aras de intereses concretos y que, la misma noticia, puede ser servida en platos muy diferentes para “orientar” o “dirigir” esas conclusiones a conveniencia de quien paga. El periodismo sufre, al igual que otros muchos sectores, la perversión del poder (no en vano se consideran “cuarto poder”) y, más que estar a expensas de lo que ocurre, nos dicen porqué ocurre y lo que debemos pensar sobre ello.

En la gran concentración de medios existente no hay lugar para las discrepancias de la línea editorial, -pues “quien paga, manda”- y muchos de los profesionales se han negado a ese otro tipo de “pesebre” para mantener la dignidad de su oficio. Un “pesebre” del que come y se silencia el mundo intelectual y académico, tanto por la vía de las subvenciones como de los muchos privilegios. Los “mantras” oficiales se difunden por doquier y los juicios mediáticos sustituyen a la Justicia verdadera.

Los medios han sido siempre los escuderos del poder y éste ha sabido agasajarlos y mantenerlos a su servicio. Un “toma y daca” interactivo en el mundo de la política, ha servido para que las complicidades se consoliden y al final el periodista pagará con su pluma los favores recibidos “off the record” del político. Incluso se especializan en determinados personajes, los siguen, los adulan y los ensalzan, con tal de no perder esa “exclusiva”, ese “scoop” (que ellos creen) que los promocionará profesionalmente. Muchos presumen de sus relaciones con tal o cual personaje y otros tantos viven materialmente en la misma burbuja, confundiéndose con la denominada “casta”. Por eso hablan de la misma forma, dicen y repiten las mismas consignas, los mismos tópicos y, en consecuencia, caen en los mismos errores y falta de visión.

Un ejemplo de ello fue la crisis global que estaba cayendo sobre todo el mundo occidental a consecuencia de “burbujas” financieras, sociales y culturales, donde era inevitable su explosión cuando su expansión no diera más de sí. Esto empezó en los años ochenta y todo el mundo mediático se rendía ante los “yuppies” de los negocios de altos vuelos, de los emergentes creativos (fueran estos simples “listillos” o estafadores con espolones), de los “capitanes de empresa” que chapurreaban el inglés y cruzaban el Atlántico con sus supuestos negocios. En España todo daba igual, al fin y al cabo el listón de mérito y competencia real se había ido relajando hacia lo mediocre para dejar paso al mundo del “famoseo”.

Ahora, desde hace unos años, le ha tocado el turno al mundo de la política donde, todo periodista que se precie, bien por convencimiento bien por línea editorial, sigue anclado en los viejos y anticuados modelos de las “izquierdas” y las “derechas”. No hay tertuliano, redactor, entrevistador o presentador que no caiga en los tópicos oficiales y sigan empeñados en distribuir credenciales de ideologías (supuestas) en las que la sociedad dejó de creer hace mucho tiempo. Como los políticos, el mundo de los medios va a remolque y su cara de sorpresa (fingida o real) ante los acontecimientos de cada día, es digna de un primer plano cinematográfico.

El “15M” en España les cogió con el pie cambiado y perdidos en la investigación permanente de su propio ombligo. El movimiento ciudadano que ha servido de revulsivo político nacional, pero que se extendía como la pólvora a otros países, era de “antisistemas”, de “perroflautas” y otras lindezas por el estilo. Ahora, cuando en el partido político resultante se ven resultados electorales y entre sus filas aparecen personajes de las más altas instituciones nacionales, siguen perdidos en el laberinto de su ombligo, intentando conciliar lo evidente con sus viejos y anacrónicos esquemas. El último ejemplo ha sido el fichaje de todo un general de división que llegó a ser cabeza visible de la Defensa Nacional, que ha sido capaz -como en el caso de otras personas de igual prestigio- de apostar por un verdadero cambio en el paradigma existente y que ha dejado boquiabiertos a los teóricamente “informados”.

Olvida el mundo mediático (porque así interesa) aquel cambio brutal del “OTAN de entrada NO” por el “OTAN sí” realizado por un pretendido partido socialista que en Suresnes liquidó sus esencias ideológicas, por un pragmatismo más cercano y llevó con el consejo, apoyo y orientación externa a sustituir al rebelde Adolfo Suárez por el más dúctil y práctico Felipe González y su “clan de la tortilla”. La historia tiende a repetirse pero nunca aprendemos de ella para liberarnos de los dogmas interesados en que pretenden que nos movamos. Olvidan también que este es un mundo más informado y que las palabras del general Wesley Clark difundidas por un video en “You Tube” son más reales que ese mundo de “fantasía” rancia de “izquierdas” y “derechas” con que siguen empeñados en etiquetarnos a todos. Unas etiquetas que llevan a sustituir a los proyectos (ya que no existen o nadie se los cree) por los líderes al más puro estilo “famoseo” y su club de “fans” (aplaudidores enfervorecidos).

Hace un par de días asistí a unas conferencias sobre el “ránking” de democracia de los partidos políticos españoles, con vistas a su “regeneración” progresiva para ponerla al nivel de otros partidos alemanes o británicos. La cuestión es que, no es sólo un problema español, sino un problema estudiado ya hace tiempo en todo el mundo occidental: desafección social, pérdida de votos y pérdida de afiliados, es una curva descendente en los llamados “países democráticos” que sigue hacia abajo, imparable. Aplíquese por contagio también a ese sector “perdido” de lo mediático, donde siguen con el pié cambiado y sin enterarse de que el mundo, a pesar de todo, se mueve. Nada ha cambiado desde Galileo, pero sólo los herejes han alumbrado la Historia.

 

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