Operaciones de falsa bandera (2)

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

Los recientes acontecimientos relacionados con la inmigración ilegal en Torre Pacheco y otras localidades de España, me llevan a recuperar el artículo del mismo título escrito hace ya cuatro años en el que siempre queda el “¿qui prodest?” en cuanto al beneficiario final de las mismas. 

En el argot de inteligencia militar se llaman así aquéllas que tienden a confundir al enemigo, haciendo creer falsas iniciativas operativas en los conflictos bélicos, donde al parecer, nada es igual a lo que parece. 

También en el mundo de la política este tipo de operaciones son frecuentes, ya que los estados y, sobre todo los gobiernos que manejan presupuesto, tienen un importante porcentaje de fondos disponibles para las llamadas “cloacas”, cuyo fin consiste en confundir a la sociedad sobre quienes son culpables de determinadas situaciones conflictivas, determinado a través de los tentáculos mediáticos un señalamiento de quienes son “buenos” y quienes son “malos”. 

El supuesto pluralismo político de que alardean las “democracias”, se ve enturbiado por descalificaciones de los “otros”, por “cordones sanitarios” y por amenazas o coerciones de la actividad de los distintos grupos que, en teoría, trabajan para el beneficio de las gentes, pero que esconden “cloacas” en sus actuaciones de “falsa bandera”. Lo hemos visto en el llamado mundo civilizado occidental, con sus flamantes “estados de Derecho, donde hasta caben presuntos “amaños” electorales. Que no parecen investigarse o se investiga por quienes “dependen”…. ¿de quién?.

Pero, en el mundo de la geopolítica, se han colado algunos personajes que, por su poder personal y económico y su correspondiente influencia política, han decidido jugar en el “gran tablero” (Brzezinski) de la geoestrategia, utilizando para ellos las “marionetas” preparadas expresamente para lograr sus objetivos, como piezas que mover a su entera discreción, sembrando no sólo más confusión y caos, sino haciéndolo desde la impunidad y la irresponsabilidad. La mayor parte de situaciones de conflicto han nacido de la mano de estos aficionados y, como es lógico, ninguna investigación se ha abierto. 

Se han acuñado conceptos peyorativos para todos aquellos que puedan disentir, criticar, oponer o denunciar como herejes (ahora la ONU -al parecer-  propone ir contra las críticas científicas adversas a sus “teorías” como crímenes en la escala de Derechos Humanos; la UE impone bajo la batuta de la ONU tales disparates jurídicos, modificando principios y valores constitucionales de sus países miembros, cuyas instituciones no dudan en dar por buenas tales modificaciones y hasta algunos autoproclamados “constitucionalistas” se uncen al carro de la estupidez). Eso si, desde la defensa de la democracia y la libertad que sólo pueden decretar los “míos”. 

Así, en el ámbito nacional, se producen operaciones de falsa bandera política, (como la que vienen acordando el PP y el PSOE) tratando de dar la impresión de ser proyectos opuestos, pero sujetos a las instrucciones de sus mentores cualquiera que sean. Ambos, de común acuerdo, pactan entre bastidores el futuro distópico de la agenda 2030, mientras mediáticamente se prestan a la farsa de la oposición – y no siempre- en las cámaras legislativas, tratando a los soberanos (artº 1.2 de la C.E.) como idiotas a los que confundir (incluidos socios o supuestos aliados. 

Sucesos como los ocurridos en relación con los inmigrantes donde alguien ha creado el conflicto previamente, son utilizados para operaciones trufadas de falsa bandera, donde siempre hay quienes actúan como si fueran los “otros” pervirtiendo la situación con su infiltración, no sólo con actos delictivos como violencia, quema de vehículos o contenedores, sino también utilizando los serviles medios de comunicación para extender el mensaje que interese. 

La total falta de escrúpulos morales mueven a una buena parte de “clientes” subvencionados desde los presupuestos públicos (o privados) a tomar partido en la farsa preparada al efecto. Con ello se crea la ficción de estar a favor o en contra de lo que sea. El caso es que haya enfrentamiento civil y destrucción de la convivencia social que es el verdadero objetivo “político”. Lo hemos visto en los ataques contra la soberanía y el pluralismo político (cuyo respeto es esencial), demonizando con teorias e ideas que recuerdan el nazismo, a los que no se pliegan al pensamiento único, al dogma pretendidamente universal.

“Y sin embargo, se mueve” dijo Galileo ante los jueces empeñados en rebatir su conocimiento científico real e imponer por la fuerza el dogma oficial. 

Algo de esto viene pasando en el despertar de millones de ciudadanos, no sólo en el mundo occidental. En la mayor fuerza del racionalismo frente a la irracionalidad política. Cada vez son más los que abren los ojos a una realidad de luz, frente a las sombras chinescas con que nos distraen. Y ya no cuelan la propaganda, ni la prestidigitación de quienes manejan el teatro de títeres y sus cómplices. 

En la política se ha instalado la desconfianza provocada por el engaño y la mentira de quienes se mueven en ella como peces en el agua. Nadie (salvo los creyentes de propaganda diaria) se cree nada de los líderes y sus corifeos porque son de ficción. Han entrado en ese mundo no como entretenimiento, sino para pervertirlo con sus imposiciones, caprichos y arbitrariedades. Se han auto convencido de la divinidad de sus acciones, de su mesianismo redentor que deja a la verdadera democracia por los suelos. 
Las falsas operaciones, actividades, propaganda del poder continuarán porque, en acertado comentario de una ministra, “en ello nos va la vida”. La trama de intereses cruzados, de delitos cometidos, de responsabilidades personales y colectivas y de privilegios gozados es lo suficientemente importante para que se defiendan en sus posiciones “como gato panza arriba”. Lo estamos viendo en lugares donde las alfombras se han levantado para encontrar la enorme cantidad de basura acumulada durante las llamadas “democracias”.

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