Operaciones de falsa bandera

Operaciones de falsa bandera
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.
Publicidad

En el argot de los servicios secretos y de las agencias de inteligencia, se conocen así aquellas montadas por una parte que permanece en la sombra, buscando unos efectos que la beneficien. También se las conoce como acciones encubiertas, donde se evita la identidad de quien las provoca. En todas ellas el provocador busca réditos o beneficios de algún tipo, formando parte del mundo de la geopolítica y de la geoestrategia.

El periodista Robert Woodward en su libro Veil: las guerras secretas de la CIA 1981-1987, las define como “actividad clandestina destinada a provocar determinados acontecimientos, sin que los provocadores sean reconocidos como los causantes; tales actividades pueden variar desde un despliegue propagandístico de bajo nivel, hasta el derrocamiento de un gobierno…”. Es ese mundo de las llamadas “cloacas”, tanto por lo subterráneo como por la fetidez que despiden.

Pero no es una exclusiva del mundo novelesco de los servicios secretos, sino que alcanza a acciones personales, corporativas o sociales, en las que se usan los mismos métodos para provocar reacciones beneficiosas a sus intereses.

En el mundo de las elecciones pueden ser utilizadas para provocar emociones (amor u odio) en los receptores de determinados mensajes hacia un candidato u otro, que impidan decisiones racionales basadas en proyectos específicos de gestión. Cuando lo visceral sustituye a lo racional estamos cayendo en una trampa que sabemos cómo empieza pero ignoramos cómo puede acabar (hay ejemplos en la Historia).

En el mundo de la política actual hemos ido comprobando como el uso de términos y conceptos al gusto de quien los utiliza, van creando ese despliegue de propaganda que intenta confundir a los receptores en su buena fe. Por ejemplo hemos visto y oído acusar de “fascismo” a sus oponentes, por quienes con sus actos muestran lo que es el “fascismo” real: pensamiento único impuesto a los demás, control del pensamiento, la opinión y las formas de vida de las gentes.

Esa forma de fascismo escondido tras la máscara de un supuesto “buenismo” es por desgracia habitual, entendiendo además que los receptores son simples o ignorantes, a quienes se puede manipular por quienes juegan en las “cloacas” a conquistar voluntades, a comprar opiniones y  alquilar conciencias poco firmes.

Los hemos visto actuar en diferentes escenarios políticos y geográficos con resultados más o menos exitosos. En la escena internacional la “guerra fría” ha sido el referente más conocido en la pugna entre EE.UU y la URSS, por la implantación y extensión de unos modelos o patrones de relaciones sociales y políticas. Ahora los nuevos actores como China están entrando en el juego.

Casos de “falsa bandera” se han sucedido siempre como una forma de táctica o estrategia frente al adversario y se pueden alquilar los servicios de gente que asuma el riesgo de una operación, a través de intermediarios que despisten sobre los verdaderos instigadores de la misma. Hay un ejército de mercenarios dispuestos a contratarse tanto para organizar una simple algarada popular, como para derrocar a un gobierno o ponerse a su servicio. Los hay especializados en el mundo de la propaganda, los hay en el mundo de la ciencia, del arte o de la economía y los hay sin escrúpulos en el mundo de la comunicación. El problema es que, todos ellos se convierten de inmediato en posibles “arrepentidos” que denuncien las intrigas y denuncien a los intrigantes. También conocemos casos cercanos.

Hace unos días el líder del partido UP denunciaba públicamente (no ante la policía) en los medios de comunicación haber sido objeto de una torpe amenaza anónima en la que se incluía a toda su familia. Tal amenaza se envió por sistema postal a la dirección del Ministerio del Interior (un lugar donde se supone hay un alto grado de control en la recepción de envíos), que -como era lógico- devolvió al servicio de Correos el sobre con el sello correspondiente ya que el destinatario no tiene allí nada que justificase la aceptación del envío. Un envío que pasó por tres devoluciones sucesivas a Correos hasta que, no se sabe porqué, fue aceptado.

Igual suerte parece que tuvieron otras amenazas dirigidas al ministro del Interior y a la directora de la Guardia Civil, lo que evidencia la estupidez del remitente. 

El texto conocido del mensaje al líder de UP, está escrito -al parecer- con una de aquellas plantillas que se utilizaban para rotulación en el dibujo lineal. Las había con distintos tipos y tamaños, con mayúsculas (como en este caso) y minúsculas. Lo mismo ocurre con el sobre que, para demostrar aún más la torpeza del remitente, contenía tres o cuatro cartuchos de los antiguos fusiles “Cetme” del ejército, tan conocidos y manejados durante la época en que se hacía el servicio militar o “mili”. Otra amenaza del mismo tipo iba dirigida a la Sra. Díaz Ayuso, lo que evidencia que hay alguien que no tiene mucho trabajo que hacer.

Pero no acaba así la cosa, otra amenaza con una navaja “manchada de sangre” era recibido por la ministra de Turismo aportando una mayor truculencia y estupidez a dicho envío donde se incluye el nombre y dirección del remitente, dadas las posibilidades de que se ampliara la  investigación y, en su caso, se descubriera a los autores de estos hechos, más basados en las series de TV (algún día deberemos analizar su intencionalidad violenta) que en una amenaza real. Estas no se anuncian, sino que -por desgracia- se cumplen y son parte de la violencia en que estamos inmersos (algo que se suele dar también en el mundo de los suicidios anunciados y los reales).

¿Qué se pretende con una operación doméstica de este tipo? Desde luego su paso por los platós correspondientes de los medios de comunicación, buscando la reacción emocional de los lectores (según el “miedo y emociones, ganan unas elecciones” del gurú de turno), oyentes o televidentes. Unos medios que se encargarán en función de su adscripción política, de manejar la noticia en una u otra forma. El “qui prodest” de esta acción debería ser el hjlo conductor en la investigación que se realice, para comprobar si estamos ante una “acción encubierta” o ante una simple estupidez. Los medios y recursos tecnológicos policiales que se pueden aplicar a la resolución del caso son importantes.

En todo caso, parecería oportuno que el Parlamento tomara cartas en el asunto en cuanto les concierne directamente la seguridad de sus miembros. Una cosa son los insultos o descalificaciones internas en el curso de un debate (que deben ser impedidas por la presidencia) sin más recorrido y otras la existencia de agresiones reales y probadas sobre los diputados o sus formaciones (como viene ocurriendo en el caso de “Vox” en la campaña electoral) en los espacios públicos o en sus sedes. El mundo de las “cloacas” y de la violencia no tiene cabida en una democracia, pero hay quien entiende que sin ellas no se puede gobernar ni triunfar.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.