Offshore: el capital deslocalizado

Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

El término podría traducirse como “fuera de límites” y se trata de una más de las variantes en que el dinero puede moverse, legalmente incluso, fuera de las fronteras de cada estado. En unos casos con la justificación de su necesidad para actividades internacionales, en otros, simplemente, para buscar la forma de escapar del control fiscal o buscar otro más benevolente. Es la deslocalización del capital.

La “noticia” ha saltado tras un trabajo de investigación (no de las agencias tributarias) sino de un grupo internacional de periodistas de investigación, que ha llevado casi un año, tras la filtración de unos once millones de documentos al periódico alemán “Süddeutsche Zeitung”, procedentes de un prestigioso bufete panameño que, al parecer, ha trabajado para miles de clientes, con el fin de ayudarles a salvaguardar sus dineros, sorprendiendo (?) de nuevo a los incautos ciudadanos de todo este mundo que proclama el Estado de Derecho como bastión inexpugnable de la civilización.

Desde siempre se han conocido las migraciones dinerarias y la creación de fortunas personales, al socaire del complejo mundo de los “negocios”, en aquellos países del llamado “tercer mundo”, donde los sátrapas y dictadores de turno, se apropiaban de jugosas propinas, comisiones o regalos que, rápidamente, eran puestos a buen recaudo en los llamados “paraísos fiscales” a través de operaciones diversas, propiciadas por los sistemas económicos y fiscales más proclives al mantenimiento del secreto bancario. Numerosos países, cuyos recursos interesaban a las compañías internacionales, han sido expoliados y saqueados, mientras sus poblaciones sufrían toda clase de miseria, enfermedad y hambre. Ahí están para probarlo las listas Forbes de grandes fortunas donde se confunden unas con otras.

No toda la culpa puede achacarse a quienes reciben los sobornos o comisiones a cambio de determinados favores políticos o económicos. Es un sistema consolidado de negocio donde, lo de menos, es la libre y limpia competencia, sino algo que ya empezó en la etapa de la industrialización, con la “predación pública” ejercida por importantes apellidos que todavía siguen gozando de sus rendimientos. Los Vanderbilt con los ferrocarriles (“Eire Railroad”) y la “propiedad” del juez George Gardner Barnard del Tribunal Supremo del Estado de Nueva York o “en otros campos los Rockefeller, Carnegie, Morgan, Guggenheim o Mellon” , –según reconoce J.K. Galbraith en “La era de la incertidumbre”-, “adquirieron respetabilidad y distinción social por el despojo de la gente al por mayor”. Todos ellos estaban convencidos de la selección natural de los mejores y de que sus fortunas eran simple fruto del darwinismo social, tan natural al hombre como al resto de las especies.

¿De qué nos asombramos” preguntaba yo en su día ante la sorpresa que los casos de corrupción producían. Todos somos conscientes de que las reglas (legalidad) del juego tienen numerosas posibilidades de ser sorteadas por unos (los listos), mientras son inflexibles en su aplicación con los otros (los tontos). Todos hemos ido viendo como se producía un cambio importante (a mejor) de gran parte de los “listos” que, en las finanzas, en la política o en las administraciones públicas, eran capaces de crear su propio y personal nicho de negocio. Gentes que no tenían un duro y vivían modestamente, encontraron la forma de medrar a costa del cada vez más abultado endeudamiento público, tanto en forma directa como indirectamente, tras una imitación de quienes eran o se convirtieron en el ejemplo de “liderazgo social” y donde un ministro de Hacienda advertía de lo fácil que era ganar dinero.

No es sólo España el lugar donde se ha trapicheado con fondos públicos. El caso de los “papeles de Panamá” pone al descubierto una verdadera red donde quedan atrapados personajes de todo tipo. Desde el soberano saudí, (tan amigo del nuestro) hasta el primer ministro de Islandia, desde el “famoseo” o la popularidad deportiva, hasta el entorno del presidente de Rusia o el de Ucrania (apoyado por la UE). Cada uno de ellos tendrá sus razones e incluso su cobertura legal para aparecer en la documentación dada a conocer.

De momento, entre los personajes españoles que han utilizado el “fuera de límites” a través del bufete panameño, tiene una especial relevancia por su larga duración el caso de Dña. Pilar de Borbón, hermana del anterior jefe del estado y tía del actual, que mantuvo su nombre al frente de una empresa en Panamá desde el mes de agosto de 1974 (un mes después de que el entonces príncipe Juan Carlos sustituyera interinamente a Franco) hasta la disolución de la compañía sólo cinco días después de la proclamación de su sobrino Felipe como rey de España en 2014 -según se ha publicado. En total cuarenta años de actividad financiera internacional, que, al parecer, nadie conocía (como en el caso de Urdangarín) ya que, lo único que ha transcendido es su colaboración con la firma de subastas de arte “Sotheby’s”, en los tiempos en que se producía una demanda judicial (al parecer archivada) por la colección de arte del Duque de Hernani.

Mucho se ha especulado y publicado sobre la supuesta fortuna de la familia real española. Tanto “The New York Times”, como la revista “Eurobusiness” o el anuario “Forbes” de grandes fortunas, han tratado el tema, cuantificándola en unos 1.780 millones de euros (2.300 millones de dólares), si bien se ha matizado que podía corresponder al conjunto del Patrimonio Nacional puesto a su disposición. Algo que tampoco encaja.

Otros casos corresponden a empresarios que, como en el caso anterior, quizás tuvieron que traspasar los límites fiscales territoriales por la necesidad dimanada de sus operaciones internacionales. Es algo que realizan empresas multinacionales que se mueven en diversos países, digamos que por necesidades operativas. Todo se supone dentro de la permisividad de las leyes de cada país. Cineastas, futbolistas y deportistas internacionales han operado y operan bajo la misma legalidad que permite el sistema “offshore”. Son también muchos los casos en que las situaciones políticas han permitido las llamadas “puertas giratorias” a nivel internacional, nacidas de las relaciones de favores, amistad y sana empatía entre mandatarios, cargos públicos, empresarios y financieros, que han compartido asuntos de todo tipo que las han afianzado.

La conclusión de todo ello es la enorme desigualdad existente en estos casos, contrastados con los múltiples requerimientos, persecuciones y amenazas administrativas que el resto de los ciudadanos, viene padeciendo, por el simple ejercicio de cualquier actividad legítima y la sombra permanente de sospecha de los administradores sobre los administrados. Una paradoja más del dislate político, económico y financiero en que hemos vivido durante estos últimos años con la inversión interesada de los controles: el administrador de la finca sobre el propietario de la misma; el “constituído” sobre el “constituyente”; el ejecutivo sobre el legislativo; la economía financiera sobre la política y la soberanía nacional. Los demás “deslocalizados”.

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