Neoliberalismo social-comunista

Neoliberalismo social-comunista
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

El grupo musical “Presuntos implicados” lanzó en el año 1991, una canción que decía: “…¡Cómo hemos cambiado…! que viene como anillo al dedo para ver el cambio ideológico sufrido en los últimos años por quienes se erigen en líderes socialistas o comunistas, progresistas o de izquierdas, vendidos a la plutocracia mundial o alquilados como títeres de guiñol al servicio de intereses neoliberales del capitalismo que antes denostaban. La “maldita hemeroteca” todavía no ha sido destruida…

Su anterior “antiglobalismo” o su lucha por la defensa de los trabajadores o la corrupción procedente del mundo del dinero, dieron paso a un cambio de chaqueta en la que, ellos mismos, querían conquistar el cielo de lo que antes criticaban. Eran la nueva “beatiful people” (como la existente con el primer PSOE) que reniega de las clases sociales más bajas (la “chusma” en palabras de su líder más conocido) para apuntarse sin más a la “casta” de los privilegios del poder. Un poder que confían en mantener de una u otra forma con carácter permanente y donde la “chusma”, sería educada a su servicio.

No es un hecho puntual, sino que el liderazgo artificioso prefabricado desde los medios de comunicación y quienes manejan sus hilos, se ha extendido por diferentes lugares del planeta al amparo de miles de redes “sin ánimo de lucro” (pero con resultados económicos espectaculares), que tienen a su servicio a los antiguos “parias de la tierra”, convertidos hoy en mayordomos del neoliberalismo más salvaje: el globalismo con sus cumbres de Davos, sus institutos de ingeniería social, sus “popes” con profecías mesiánicas, sus liturgias religiosas y sus nuevos dogmas sociales.

Por ello no resulta extraña la confluencia de sus cabezas visibles en un sólo pensamiento que tratan de imponer a todo el mundo, en una suerte de teología fundamentalista con el objetivo de un mundo feliz (Huxley), sólo existente en sus mentes distópicas alimentadas por las series de televisión, los cómics de ciencia ficción y las censuras a todo lo que disienta del mismo, en el que los sumos sacerdotes tengan a su servicio una buena parte de los gobiernos del mundo. Un fenómeno que paradójicamente tenía su base en la lucha contra el comunismo y que, al final, lo ha doblegado a su servicio y ha hecho de sus líderes sus cipayos personales. Todos tienen su precio dicen (y parece que es verdad).

Quienes todavía pretenden seguir jugando a “derechas” o “izquierdas” desde la nostalgia de lo conocido anteriormente, han quedado fuera de la realidad y son parte de la confusión que preconizaba en su día Truman: “Si no los convences, confúndelos…” En esta ceremonia anda metida la mayor parte del espectro político que defiende “el globalismo y las autonomías” (PP) junto con quienes serían sus teóricos adversarios políticos. Puede que todos han recibido “visitas” o recomendaciones y se aprestan dócilmente a cumplir con ellas.

El panorama actual sólo entiende (como en la obra “Los caciques” de Arniches) de dos bandos: los que están con ellos y los que están contra ellos. Una especie de neoliberalismo social-comunista con ambiciones imperiales (los “Alpha” de Huxley), frente a una “chusma” de nuevos parias empobrecidos que deben lamer la mano de sus amos para recibir su recompensa (los “Epsilon”). El proceso seguido es muy fácil: primero se debilitan las naciones mediante la corrupción de sus dirigentes (eso les hace vulnerables al chantaje); luego se consigue el poder desde la justificación fácil de la limpieza en el juego político, la transparencia y la responsabilidad social hacia los más desfavorecidos (que se lo creen); más tarde, una vez en el poder, se olvidan las promesas anteriores, se ningunea a los ciudadanos, se colonizan las instituciones públicas y el clientelismo privado desde los presupuestos (pagados por la “chusma” con los impuestos) y se crean nuevas ideologías que sustituyan a las anacrónicas “derechas” e “izquierdas” de siglos pasados. No en vano estamos haciendo algo nuevo: la destrucción de los principios y valores incompatibles con los nuevos: “Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros….” (Groucho Marx).

Veamos en qué se apoyan para seguir manejando al pueblo (a la “chusma”). En primer lugar, en una ideología de género que cuestiona los principios biológicos de las especies: machos y hembras en su mayor parte, con funciones de reproducción y mantenimiento de la especie. Tiene sus principios en el Club de Roma (el elitismo intelectual del momento) y en el ensayo realizo sobre los límites al crecimiento por el MIT (“Massachusetts Institute of Technology”), cuestionado por sus numerosos fallos. Según sus predicciones, ya a finales del siglo pasado no habría alimentos para la población del planeta, cuando lo que hay es una superproducción desigualmente repartida por motivos geopolíticos de intereses económicos, junto a un despilfarro de los mismos (sobre todo en Occidente).

En segundo lugar, en la “lucha” contra el cambio climático (antes “calentamiento global” hasta que se dieron cuenta de lo contrario) que trata de justificar altas inversiones en un tema basado en la ignorancia (o la maldad) de quienes lo pregonan en todos los medios. Al igual que los discursos franquistas terminaban con “la pertinaz sequía”, el pretendido nuevo régimen (NOM) se basa en el latiguillo del “cambio climático” y la propaganda falsa e irreal, ya que nada puede cambiar el permanente cambio de las condiciones climáticas en el planeta sujeto a sus propias leyes planetarias. Si no fueran tan ignorantes o falsos hablarían de “contaminación de residuos” y sus efectos sobre la Naturaleza que, como es bien sabido, siempre vence. Incluso a nosotros.

En tercer lugar, está la destrucción de las economías clásicas y su repercusión en la vida de las personas, tanto en lo que se refiere a sus aportaciones sociales, como en lo que representa de innovación y desarrollo de talento, inteligencia y servicio a los demás, donde las ciencias avanzan gracias al debate permanente en su seno y nada puede ser convertido en dogma científico. Ello lleva consigo la destrucción de las naciones, la apropiación de recursos y la fragmentación social desde un pequeño grupo de capitalistas que controlan con su dinero las deudas de los estados y a los gobiernos respectivos.

“¡Cómo hemos cambiado…!” se dicen a sí mismos satisfechos, cuando son simples lacayos del neoliberalismo capitalista, por mucho que se disfracen con indumentarias que los retratan en su falsedad ideológica.

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