Navidades trágicas

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Navidades trágicas
Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

Cuando el mundo cristiano occidental está inmerso en las fiestas de Navidad, con toda su carga significativa de conmemoración religiosa (convertida ya más en fiesta pagana de excesos de consumo y comportamiento), un nuevo atentado ha venido a salpicar trágicamente en Berlín estas fechas con más muertos y heridos entre gente inocente. Simples ciudadanos visitantes de un mercadillo navideño de los muchos que se instalan para la venta de mercancías donde, también, se mezcla los religioso (belenes) con lo chabacano, que de todo hay.

La palabra “terrorismo” acuñada para señalar los actos que parecen destinados a crear una psicosis de miedo en la sociedad, es la que se repite una y otra vez para indicar su fragilidad y su extrema vulnerabilidad. Tales actos están destinados a general un clima de inseguridad y de miedo a partir de su difusión mediática que tenga las suficientes dosis de dramatismo. Por desgracia, la publicidad también vale para magnificar e interpretar el terror.

En estos últimos días, hemos conocido como atentados y actos terroristas se han extendido en varios países y lugares. En unos forman parte ya de la vida diaria de sus gentes, como ocurre en los conflictos desatados en Oriente Próximo, tan fáciles de provocar, pero tan difíciles de zanjar por las muchas implicaciones que presentan. También, para el mundo occidental que contempla en la distancia las otras muertes y heridas, se hace habitual convivir con esas tragedias, más lejanas en el espacio pero igualmente dolorosas, caídas sobre miles de inocentes que, en un momento determinado, vieron sus vidas trastocadas por el horror y la muerte.

La culpabilidad de la mayor parte de estos atentados viene atribuyéndose a un supuesto “estado islámico”, llamado con distintos nombres e igualmente vaporoso e impreciso en cuanto a lo que es realmente, en cuanto a su composición étnica o en cuanto a sus organizadores. Se habla de rebeldes en Siria organizados para luchar contra su gobierno; se habla de milicias iraquíes procedente de la guerra de Irak; se habla de fanáticos religiosos islámicos empeñados en destruir la cultura occidental; se habla de grupos políticos o étnicos enfrentados; se habla de simples bandidos dedicados al saqueo…. se habla, se habla…

Pero, en realidad, ¿qué es lo que hace que pueblos enteros cuya convivencia hasta hace muy poco tiempo transcurría con normalidad, dedicándose a salir adelante con sus vidas y a resolver sus problemas cotidianos, se vean arrastrados a guerras y a conflictos sobrevenidos? En esa zona todo empieza con un reparto de territorios decidido por las potencias occidentales, que llevaría a la creación del estado judío y su implantación en Palestina, creando un agravio comparativo que, poco a poco, iba diluyéndose con el reconocimiento de otro estado palestino. Pero la zona tiene una gran interés por muchos y diferentes motivos: es la puerta entre el mundo oriental y el occidental, tiene petróleo y, sobre todo tiene un gran interés geoestratégico. Un día aparecieron los “talibanes” en las montañas de Afganistán adiestrados y apoyados por EE.UU para combatir a los rusos y su influencia en la zona. Otro día en Irán llegan al poder fundamentalistas que derrocan al Sha y trastocan el “equlibrio” existente y, naturalmente, hay que apoyar a Irak y a su presidente Sadam Hussein contra su vecino, dotándolo (según se decía) de “armas de destrucción masiva” cuando se cambiaron las tornas y hubo que invadir Irak para salvar a Kuwait y otros “aliados” del Golfo Pérsico. Más tarde vendrían las “intervenciones” en Libia, Túnez, Egipto y se crearon las “primaveras árabes” (un eufemismo que escondía el interés por controlar la zona) y éstas, a su vez, también se desviaron. Finalmente había que derrocar al presidente sirio y se crearon milicias rebeldes que más tarde se convirtieron en un problema al que identificar: el “Isis” o “Estado Islámico” hoy reconvertido de aliado en enemigo a abatir. La conclusión de todo ello es que el Dr. Frankenstein no se había lucido mucho en su producción de monstruos de laboratorio y menos aún en su control. Las armas y tácticas militares salieron de algún sitio y los odios y recelos no aparecen de la noche a la mañana entre paisanos. Es el juego de la guerra por intereses hegemónicos librado en el “gran tablero del mundo” (según Brzezinski).

Por otra parte, la creación de violencia audiovisual siempre ha sido un gran negocio y a servido para crear figuras epopéyicas artificiosas que, en el día de hoy, constituyen una referencia para la juventud, que vienen a paliar su frustración y falta de futuro. El simple nombre de “lobo solitario” (recuérdese el “chacal” para el autor de atentados contra el general De Gaulle o los “007” con licencia para matar) tiene ya unas connotaciones “heroicas” para muchos de los que viven solamente de tales referencias. Para unos forma parte de “gloria” el simple hecho de luchar, las armas o los uniformes por unas ideas determinadas. Para otros, es una forma de sentirse parte de una colectividad. Para otros, una forma de ganar dinero o cesión a chantajes a los que no pueden enfrentarse. Al final son los “modelos” y los “patrones” violentos recibidos en la juventud los que ganan.

En Berlin, como en otros tantos lugares, la violencia del terror ha vuelto a teñir de tragedia a una sociedad cada vez más desnortada, infantilizada e insegura que, durante muchos años, ha sido preparada para el sometimiento y el miedo, pero que, afortunadamente, empieza a hacerse demasiadas preguntas, empieza a leer y a informarse, empieza a sacar sus propias conclusiones fuera del circo habitual. En Berlin, como otros tantos lugares, son siempre los inocentes ciudadanos los objetivos de quienes han hecho del terror y el miedo su forma de vida. No, no se trata de la lucha de culturas, creencias o valores. Esas se dirimen en la intimidad personal de cada uno, su educación y su conciencia. Es simplemente la codicia que, a lo largo de la Historia, ha teñido de sangre, miseria y sufrimiento a todos los pueblos con armas cada vez más letales. Tierras, recursos, riquezas, petróleo, todo es válido como justificación de los imperios, pero los medios siempre serán muy cuestionables.

Va siendo hora de que la sociedad adopte soluciones de rechazo total a cualquier forma de violencia sobre los demás. No basta con condenarla de vez en cuando. Consiste en erradicarla desde un gran pacto social contra ella y sus muchas muestras a través de los medios, juegos y modelos ficticios. Consiste en discernir por propia formación e información, lo que hay de manipulación y chantaje interesado en la “orientación” de opinión y lo que hay de realidad. Consiste en no repetir tópicos, consignas y estereotipos oídos o recibidos de quienes cobran para su propagación. Consiste en no renunciar a ser “personas” libres y soberanas por mucho que la intimidación y el miedo se ciernan como sombras oscuras sobre nuestras vidas.

Va siendo hora de que los presupuestos militares y de defensa no constituyan una prioridad en el mundo globalizado, sino que se utilicen para ayudarnos a conocernos y sentirnos como lo que somos todos: seres humanos embarcados en una supervivencia efímera, que no debemos desaprovechar en odios ni rencores.

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