Moderación

Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.
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Todos los candidatos a las elecciones para la Comunidad de Madrid, (bueno, quizá con excepción de la candidata de Vox…) han confesado su fe en la moderación como mandamiento supremo de la acción democrático.

Y uno se pregunta si todos dan a esa santa palabra “moderación” el mismo significado y contenido.

Porque podría ser que Isabel Díaz Ayuso piense en moderar las aspiraciones de las clases trabajadoras, ya que al menos explícitamente no pide moderación a las clases pudientes, sino más bien en recortarles los impuestos.

Y también podría ser que Pablo Iglesias reclame algunos más o menos radicales recortes de los ingresos de banqueros, fondos buitres y otros empresarios con muchos millones en sus ingresos y en sus paraísos fiscales.

Y entre el uno y la otra, Gabilondo como buen socialista del término medio y de la aversión a los extremismos, intente guardar la línea equidistante de las ambiciones de los que llaman de derechas y los que llaman de “extrema izquierda” o filo comunistas.

Y entre uno y otro extremo, con variantes de la línea de Gabilondo, una milésima a la izquierda del socialista o una milésima a la derecha del mismo quizá se podría ubicar al resto de candidatos.

Y, ¿qué dirán los madrileños, a quién le darán la razón y el voto y el poder?

Total, hay tantas moderaciones como cabezas pensantes y ambiciones de los candidatos y de sus equipos.

Uno desearía que los extremos de arriba y de abajo se acercasen, no tanto a la equidistancia en los propósitos de los candidatos, sino en el bienestar de todos los madrileños y la satisfacción de sus más nobles aspiraciones. 

Ahí están los “yanquis” entre los extremos de Trump y de Biden que han optado, según parece, por renuncia a la muralla entre Méjico y la Unión, a un fuerte crecimiento de la lucha contra el calentamiento global y la contaminación ambiental, a la “moderación” y la desaparición del “matonismo” de la policía norteamericana con la población afroamericana, a la retirada de las tropas de países en guerra en el continente asiático… a la relajación de las tensiones con el gigante asiático, la China. 

O sea, que la raya de la moderación, el término medio entre los extremos, parece que debería desplazarse más bien hacia algunos recortes en los deseos de los más pudientes, bueno algunos o algunos fuertes recortes. A una mayor cortesía con los “menas” y los que llegan en pateras a Arguineguín, a los más de medio millón de emigrantes que trabajan en España sin papeles, sin seguros, sin vivienda, a base de topmanta y venta callejera… Hacia la España vacía, hacia los que cultivan patatas, arroz, berzas, corderos, que llamamos pequeños agricultores, hacia los 28.000 empleados de banca que van a poner de patitas en la calle a buscarse la vida.

Sí señores potentados a los que la vida les ha sonreído, el que suscribe se apunta a esa bendita y nunca bastante respetada MODERACIÓN.

1 Comentario

  1. Estimado Serralaitz: efectivamente cada uno puede entender la “moderación” como le parezca oportuno. Usted la coloca en el PSOE de la que es una muestra el gobierno actual, así que no necesita comentario. Luego la aplica con los viejos y anacrónicos cánones de supuestas “derechas” y aún más supuestas (y falsas) izquierdas, cuando lo que se libra en el mundo es globalismo totalitario o libertad. En el primer bando están casi todos (menos Vox) bajo la batuta y al servicio de unos intereses económicos particulares. En el otro estamos quienes venimos viendo la deriva de los sistemas políticos occidentales y su captura por los verdaderos poderes que juegan con nosotros en el tablero del mundo (Bzerzinski).
    Por último el ejemplo Trump-Biden es de una ingenuidad inocente que al menos, con mis años, he perdido.
    Un cordial saludo.

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