Legalidad sí, legitimidad no

Legalidad sí, legitimidad no
Diego Camacho López-Escobar
Coronel de Infantería, diplomado en Operaciones Especiales, profesor de educación física, licenciado en Ciencias Políticas por la UCM, master en RRII por la S.E.I.

Hace unos días el presidente acusaba a un diputado en el Congreso de alentar el golpe de Estado contra un Gobierno legítimo. Desconociendo la veracidad de la acusación, viniendo de quien viene, sorprende que Sánchez no haya puesto al acusado a disposición del TS pues el presunto delito no es baladí, aunque Sánchez muestre especial comprensión hacia la rebelión y sea capaz de transformarla fácilmente en sedición, con la ayuda casi siempre complaciente de la abogacía del Estado.

Algunos al oírle mencionar la “legitimidad” nos quedamos patidifusos. No es legítimo: exhibir un doctorado si ha sido plagiado; meter papeletas en una urna durante una votación en el PSOE; engañar al electorado, 48 horas antes de abrirse los colegios electorales, y hacer lo que había prometido no hacer; incumplir su promesa al asumir el cargo permitiendo a su vicepresidente atacar a la jefatura del Estado.

Aparte de ilegítimo, es presuntamente delictivo: no alertar a los ciudadanos de las señales de alarma emitidas por la OMS y los países afectados; permitir comisiones en la contratación de material sanitario; no proteger adecuadamente a los colectivos en primera línea para combatir el virus; decretar restricciones a derechos fundamentales solo permitidas en un estado de excepción y no en uno de alarma; romper sus propias normas de cuarentena; tener desconvocado el Congreso de los Diputados contra lo que explícitamente señala la Constitución y no saber coordinar a las diferentes administraciones.

Pero lo menos legítimo que Sánchez ha hecho es el haber abandonado a los ancianos y no saber contar los muertos.

Su asunción del Poder ha sido legal y por lo tanto legítima, pero su ejercicio es manifiestamente discutible desde el origen. No ha sido capaz de ejercer un liderazgo para aunar a los ciudadanos, le han obedecido por el civismo existente. Ha infundido incertidumbre al verle tomar iniciativas que nada tenían que ver con la lucha contra el virus y sí para lograr un mayor poder, vaciando de independencia a las instituciones cuya misión es controlarlo. 

En definitiva, tomar el poder legalmente no habilita para un cheque en blanco. La legitimidad viene dada por cómo se ejerce ese Poder. Si se vulnera la ley o desatiende el interés general, el mandato popular obtenido en las elecciones generales deriva en tiranía. Rebelarse contra la tiranía, como defendía en la Edad Media la escuela de Salamanca, es un derecho que tienen los ciudadanos para preservar su libertad y defender la ley. Hitler obtuvo el Poder utilizando los recursos democráticos que existían en la República de Weimar. Perdió la legitimidad política, en su ejercicio totalitario.

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