Le llaman turismo y no lo es…

turismo
Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

Como otra burbuja a punto de explotar, el “turismo” está situándose en el centro del huracán social y político en España, que Fraga Iribarne, en sus tiempos de Ministro de Información y Turismo, quiso proyectar mundialmente por sus variados recursos turísticos. Las políticas de promoción turística que arrancaron con los “25 años de paz”, se plasmarían en un desarrollo imparable de infraestructuras y equipamientos turísticos a lo largo y ancho de la geografía nacional, con predominio del “sol y playa” que brindaban nuestros muchos kilómetros de costa.

Informes, estudios y publicidad se prodigaron en aquellos años. La ordenación del sector turístico y su planificación se realizaban sobre bases que suponían un mayor desarrollo socioeconómico para las zonas afectadas. La hostelería, con la ejemplar red de paradores turísticos institucional, se proyectaba como una verdadera industria  con incidencia en otros muchos sectores.

Los turistas empezaban a llegar en oleadas sucesivas y nuestro país competía con otros destinos turísticos del entorno -sobre todo con los mediterráneos- que tenían sus propios alicientes de lugares, playas, recursos culturales e incluso gastronomía. Desde la Costa Azul hasta Gibraltar son muchos los países que brindaban oferta turística de calidad, tanto en el lado europeo como en el africano con predominio de la cultura árabe. El “turista” era más bien un viajero con deseo de conocer y vivir otras experiencias distintas a las de su lugar de origen. En eso reside la “calidad” del turista, en su afán de conocimiento, en su curiosidad y respeto por los “otros” cuya hospitalidad valoran.

Pero el turismo “se ha democratizado” -según dicen- y el turista, en su mayor parte, ha perdido la curiosidad o las inquietudes culturales. Se ha convertido en una cifra estadística de negocio y lo de menos son sus motivaciones. Lo importante es que la industria turística ha empezado a verse por los “inversores” como un nuevo nicho de donde sacar rendimiento. La “globalización” no ayuda demasiado ya que había llegado hace tiempo con sus tiendas, sus artículos, sus modelos sociales y culturales y sus “franquicias” hasta los últimos rincones del planeta. Allí donde se aterrizara, desde el propio aeropuerto y sus sistemas de funcionamiento, nos topamos con los mismos “protocolos”. Los medios de transporte son semejantes a los de cualquier otro lugar, los hoteles pertenecen a las mismas cadenas, las calles están tan abarrotadas de coches y actividad como en las nuestras y un urbanismo de moles de cemento se ha tragado los escasos vestigios del “original”. Hay que escapar al espacio rural si se pretende recuperar la memoria de donde estamos o fijarnos en los monumentos que aún perduren, para sentir lo que fueron esas culturas y creencias diferentes a las nuestras pero… eso ¿a quien le importa?.

Los nuevos alicientes “turísticos” tienen más que ver con el “status” social que se quiera exhibir al regreso colgando las fotografías en las redes sociales. Los nuevos alicientes turísticos que han “democratizado” el turismo, tienen más que ver con las posibilidades de “fiesta” y consumo a bajo precio de alcohol y drogas, en paquetes a precios tirados por pasar una semana en cualquier lugar de la costa, que permita por su “flexibilidad” cualquier tipo de acciones antisociales. La cuestión es llenar de datos estadísticos la “llegada” de turistas o el incremento de litros de cerveza que se hayan consumido. En ningún momento se contabilizarán los “daños colaterales” que los comportamientos incívicos -o claramente delictivos- suponen para las poblaciones afectadas por esta nueva colonización. Por eso, aunque traten de llamarlo “turismo” no lo es o, al menos, deja mucho que desear en su verdadero sentido.

La calidad del turismo depende de la calidad humana de las personas que visitan un país del que son huéspedes a precio de ganga. No todos tienen esa calidad y muchos de los supuestos “turistas” no son más que bandas de gentes que buscan un lugar donde desatar sus aspectos más “cutres” y rancios, aprovechando el interés “político” de los responsables de turno.

No es sólo España la que se resiente de la mala educación y los deficientes modos de vida de este tipo de “turistas”. Tampoco es sólo en España donde siguen proliferando los nuevos “alicientes” turísticos basados al final en el consumo de todo tipo de drogas de diseño y alcohol y en sus consecuencias posteriores. Las “fiestas” se han llevado por delante al paisaje, a los paisanos, a los monumentos, a los museos, a las costumbres…. Las de ahora se han “globalizado” incluso en su aspecto formal de indumentaria o caracterización colectiva.

Las reacciones de los habitantes de las zonas afectadas no se han hecho esperar. Ayer era el barrio de “La Barceloneta” quien se manifestaba en contra de este tipo de visitantes que, además, gozan del nuevo sistema de alquiler de pisos turísticos por medio de las redes informáticas. El desalojo de barrios para la “inversión” de este tipo de alojamientos (que algunos han llamado “gentifricación”) es una nueva amenaza que perciben los vecinos de zonas de “interés turístico” y, como es lógico, se revuelven.

También como es lógico, entre los sectores turísticos afectados, se ha empezado a acusar de “populismo turístico” las protestas vecinales. Nada más lejos de la verdad en un pueblo como el español que tiene en sus genes la hospitalidad árabe. Una hospitalidad que ha sido suficientemente mancillada en los últimos años, como para tomar ya unas decisiones políticas donde imperen el buen sentido y la razón. Para ello conviene revisar a fondo el sector y ver cuántos abusos laborales se están cometiendo en su nombre con las externalizaciones. Después, separar el turismo del “pandillaje etílico” y de las visitas indeseadas. Más tarde recuperar los alicientes turísticos reales, que sirvan para conocernos y comprendernos mejor. Eso es el turismo.

Mientras tanto, la “burbuja turística” está a riesgo de explotarnos en nuestras propias narices.

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