Las tres amenazas

Las tres amenazas
Diego Camacho López-Escobar
Coronel de Infantería, diplomado en Operaciones Especiales, profesor de educación física, licenciado en Ciencias Políticas por la UCM, master en RRII por la S.E.I.

Terminado el estado de alarma. No se sabe muy bien si ha sido porque ha finalizado la amenaza vírica o porque sus señorías tenían que irse de vacaciones. Los españoles nos enfrentamos a tres amenazas: la inmediata sigue siendo la sanitaria, la económica a corto plazo que se solapa con la anterior y cuyo fin parece más previsible y la de medio plazo que afecta a la seguridad nacional y por ello puede tener unos efectos más letales y de larga duración que las anteriores. 

La confluencia y duración en el tiempo de las tres puede poner en grave riesgo a la nación española, si no se gestiona teniendo en cuenta la hipótesis más peligrosa que es la mencionada coincidencia de las tres. Analizando la gestión del gobierno durante la pandemia es difícil mostrarse optimista.  Hemos visto a un presidente adjudicándose el mando único, pero nunca se hizo responsable del mismo. 

Sí montó un circo, con Illa y Simón, que ha sido una burla tanto de los payasos como de su jefe. Además de los clamorosos fracasos en el abastecimiento sanitario y del descuido sobre ancianos y los profesionales que estaban más expuestos, los amiguetes de estos irresponsables hacían negocio con el material defectuoso y el “mando único” impasible. Visto el éxito en sus cuentas corrientes, ayer trascendía que estos amiguetes se negaban a que se negociara una contratación única de material sanitario caso de producirse un rebrote.

Sánchez ha obviado la principal herramienta que tiene el Estado en: el planeamiento para enfrentar situaciones de crisis, la ejecución de la decisión tomada y en el apoyo logístico pertinente. La institución a la que me estoy refiriendo son las Fuerzas Armadas. Ha optado por no emplearlas al límite de sus posibilidades. El número de fallecidos ha sido para él un tema secundario, lo interesante era no hacer demasiado visibles a los soldados de España.

Con referencia a la amenaza económica, no parece que las ideas gubernamentales coincidan con aquellas que publican economistas independientes, la UE o los gobiernos del norte de Europa. Subida de impuestos generalizada y recorte de pensiones, mientras se pretende subvencionar a emigrantes ilegales, parecen ser para este sospechoso “doctor” en economía la solución.

De recortar el gasto público, asesores y administraciones sobre dimensionadas, nada de nada. No emplear el efectivo disponible para relanzar a las pymes, que es en estos momentos el sector más sensible, es un dislate que ese escaso dinero vaya a unas clientelas no productivas en lugar de potenciar el trabajo. Sería lo idóneo que partidos y sindicatos se financiaran con las cuotas de sus militantes, no del presupuesto. Las soluciones están a la vista del que quiera ver, al presidente le interesa más asegurarse la clientela política.

La amenaza contra la seguridad nacional tiene en el vicepresidente a su estrella. Haber recibido dinero de potencias extranjeras le hacen el más vulnerable del Consejo de Ministros. Tampoco sabemos si sigue recibiendo, aunque sea en especie. Si resulta ser cierta su vinculación con el narco, extremo que seguro saben Sánchez y el PSOE, va siendo hora de terminar la coalición gubernamental. Si no es así, habrá que considerar a todo este partido vinculado al narco. El esperpento que ha montado con el teléfono de Dina Bousellham le hace, por otro lado, acreedor de ser investigado por el TS. Su izquierdismo de farsa debe tener a sus seguidores desorientados.

1 Comentario

  1. Apreciado capitán Camacho:
    Le ruego que no se ofenda por el tratamiento; de ninguna manera pretendo rebajar su grado militar, pero dado que le conocí como capitán de la COE 11 hace más de cuarenta años (1977-1978), siendo yo uno más de los muchos soldados de reemplazo que llevamos la boina verde con honor y dignidad, mi recuerdo de usted es ese: el capitán de la Compañía de Guerrilleros de Madrid.
    Se presenta usted como coronel. Quizás debería anteponer a su rango la expresión latina”ex” o añadir “retirado”. De ese modo no cabría la posibilidad de que algún ingenuo lector de sus artículos llegar a pensar que, todo un coronel de nuestras fuerzas armadas, está llamando a la insurrección contra el gobierno legal y legítimo que salió de las últimas elecciones generales. Ya sé que para usted ambos términos: legalidad y legitimidad no se acompañan necesariamente, sobre todo si se refieren al actual gobierno de coalición presidido por el señor Sánchez; doy por hecho que a lo largo de sus estudios de Ciencias Políticas ha leído a Carl Schmidt y que comparte sus ideas, pero permítame recordarle que al menos en España la legitimidad viene de la mano de la legalidad aunque no nos guste, y que la legalidad emana de un Parlamento, de unas Elecciones Generales, en fin, de eso que todavía se llama democracia y que no deja de ser el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
    Tal y como le he comentado, hice el servicio militar en una unidad de élite a la que solamente se accedía de modo voluntario (dentro de la extraña voluntariedad que implicaba la obligatoriedad de hacer el servicio militar). En una época además bastante convulsa. Franco había fallecido poco tiempo atrás y nos encontrábamos en plena transición, entre rumores frecuentes de golpismo, que en varias ocasiones intentaron llegar mucho más lejos en sus pretensiones. El Ejército Español, no nos engañemos era el Ejército fascista de la Victoria, el que se sublevó contra un gobierno legal y legítimo, aunque muchos, anticipándose a usted en sus comentarios acerca del actual, ya lo denominaban como ilegal e ilegítimo. Lo mismo que Trump ha hecho hasta hace pocas horas con Biden y ya hemos visto el trágico resultado.
    Los cuarteles eran nidos de golpistas; en muchos despachos (también allí en aquél destartalado edificio del Paseo de Moret) colgaban los retratos del dictador Franco y del fascista José Antonio Primo de Rivera. La totalidad de los mandos militares, ya fueran de alta graduación (generales, coroneles), media como en su caso (comandantes, capitanes, tenientes) o baja (suboficiales) se habían formado en academias militares franquistas, en valores fascistas y en el desprecio a la volunta popular expresada en las urnas. Aun así, en no pocas ocasiones le escuché comentarios favorables a la necesidad de evolucionar, de alinearnos con los países de nuestro entorno, de ser leales a la Corona, etc. Eso me hizo pensar que había en usted algo diferente. Ahora veo que me equivoqué.
    Dado que usted es hombre inteligente (y además ha trabajado en inteligencia), sabe de primera mano que en aquellos años la mayoría de los soldados que formábamos la COE (al menos la 11) simpatizábamos políticamente con la izquierda o incluso con la extrema izquierda. Yo no niego mis simpatías hacia Podemos. No todos los guerrilleros hemos sido “Ortega Smith”. De todos los compañeros que hicieron el servicio militar conmigo ninguno simpatizaba con el franquismo, mientras la mayoría de los mandos sí lo hacían.Es más, sabe usted también que el hecho de que el Ejército español contara con una unidad de fuerzas especiales donde se enseñaba el manejo de toda clase de armas, supervivencia, técnicas de evasión y por supuesto, manejo de explosivos fue aprovechado por grupos terroristas para enviar a sus aprendices de asesinos a entrenarse.
    Créame que me ha sorprendido la lectura de algunos de sus artículos y me ha llevado a pensar si no será usted uno de esos militares retirados, que han estado alentando el golpismo en las redes sociales, desde un supuesto patriotismo. De ser así, lo lamentaría profundamente, ya que no se corresponde con la imagen que tenía de usted.
    La Patria, coronel Camacho no es una bandera, ni un himno, ni la figura del rey, ni soldados en formación. Es algo más, es mucho más y tiene que ver con condiciones de vida dignas y el orgullo de pertenecer a un país que así lo entiende ¿Dónde estaba usted cuando los gobiernos del PP condenaban a la ruina a miles y miles de españoles durante la crisis económica y financiera anterior? ¿dónde estaba cuando perdían su empleo (primer derecho constitucional perdido) y a continuación eran deshauciados de su vivienda (segundo derecho constitucional perdido)? ¿Por qué no dijo nada en ese momento?
    Tal vez es usted de los que piensan que las crisis económicas son algo así como las tormentas, que van y vienen, que son desastres naturales, que no obedecen a políticas concretas; le recuerdo que la Constitución Española de 1978 que juramos defender (lo que no implica que no se pueda reformar) consagra el capitaslismo con S.
    Sí, pero con S de social y no con S de salvaje.
    Usted, desde la seguridad de su pensión vitalicia de coronel (totalmente merecida, faltaba más) que no es baja precisamente, critica duramente a un gobierno que ha subido el SMI como ninguno en la historia, que no se ha limitado a dar el visto bueno a despidos masivos como hizo el señor Rajoy, sino que ha puesto en marchas ERTES para intentar frenar la destrucción de empleo, un gobierno legal y legítimo que (usted lo sabe muy bien), tiene de comunista lo que Aznar de pacifista ¿Dónde estaba usted cuando nos mentían con lo de las armas de destrucción masiva? Un gobierno que quiere convencer a muchos separatistas y no vencerlos y españolizarlos a golpes. Le recuerdo que cuando Rajoy llegó al poder el separatismo no superaba el 30% en Cataluña. Cuando lo dejó rozaba el 49% ¿Dónde estaba usted entonces? Tampoco veo críticas hacia gobiernos autonómicos como el de la señora Ayuso que ha destrozado la sanidad madrileña en un tiempo en que este servicio público es más necesario que nunca.
    En fin, son muchos los temas que podría tratar aquí pero el espacio es limitado. Créame que lamento su deriva trumpista y sus actuales posiciones políticas próximas a Vox. Prefiero recordarle como hace más de cuarenta años, con el uniforme mimetizado y la boina verde alentándonos al grito de : “con nosotros quién quiera. Delante, quién pueda”.
    Nota: Aunque firmo como Victor, no es ese mi nombre, pero ya que el entonces teniente Emilio Jambrina me puso ese apodo, a saber por qué extraños motivos, pues he decidio mantenerlo.
    Aunque no lo parezca por el tono empleado, reciba un cordial saludo.
    Víctor

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.