Las contradicciones del maná

Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Dios alimentó a su pueblo en el desierto con “maná” llovido del cielo. Eso es “vivir a la sopa boba”. A cambio, se toca música o se canta. Nada es gratis. No lo es buscar la discordia en lugar de la concordia, ni enfangar la vivienda común, ni “hacerla y no pagarla”. ¿De verdad, como dice Iglesias, hay quien no da un golpe de Estado porque no se atreve? Se nota que cuando el 23-F de 1981, último intento golpista, solo tenía tres años. Lo dirá para meter miedo o distraer, pero ambas cosas también tienen coste.

El siglo XIX, un militar sacaba sus tropas a la calle y se “pronunciaba” en favor o en contra de algo o de alguien. Luego, era secundado, o no, y gobernaba o salía corriendo salvo que le pillaran y fusilaran. Entonces, la expresión de la sociedad española (y otras allende Pirineos) era más sencilla.

Desde la Transición democrática, España dispone de una democracia compleja con los resortes del poder más distribuidos. Con las Autonomías, tener el Gobierno en la capital del Reino, es tener solo un trozo del bastón de mando en la mano. Lo hemos visto con el Estado de Alarma. Difícilmente podrán hacer otra cosa ahora que “cogobernar” con esas Autonomías.

La paulatina eclosión histórica de esa complejidad político-social explica en buena medida que el último golpe de Estado que triunfó fuese el de Primo de Rivera en 1923. La Segunda República reveló un incremento de la complejidad española. Por ello fracasaron otros golpes de Estado como la Sanjurjada de 1932 o el 18 de julio de 1936, si bien este último provocó una guerra civil y la subsiguiente dictadura.

Tras la Transición, hubo inicialmente diversas conspiraciones, todas desbaratadas. La más exitosa fue el fracasado 23-F que cayó, sin perjuicio de graves tensiones y riesgos, por su propia debilidad, imponiéndose la fortaleza de una sociedad aún más compleja que antes y a la que ya no es posible ponerle el bozal.

Si no hay golpes de Estado, no es porque pueda faltar algo que haya que tener, sino porque aun teniéndolo, no son posibles. Asustar no tiene sentido, como tampoco pretender que desde el propio Gobierno se lidera subrepticiamente hacia la revolución. Tras la pandemia, éste suelta los poderes democráticamente concentrados por un Estado de Alarma legítimamente votado en el Parlamento.

La complejidad de nuestra sociedad no es solo interna, también es externa, hacia Europa y hacia el Mundo con los que España interactúa de un modo imposible antes de la Transición. La propia interdependencia interna de la Unión Europea se ha incrementado de una manera inconcebible cuando se creó. Mover una hoja en uno de sus países miembros tiene efectos en los otros, sea brisa o vendaval. Ahora, incluso, puede que vayamos a iniciar la mutualización de algunas deudas. Falta para una Europa Federal, pero estamos en camino.

Esto tampoco es gratis. Requiere la adhesión a reglas comunes para contribuir al desarrollo político-económico del conjunto. Si le va bien a Europa nos irá bien a nosotros. Salir de la crisis económica del virus con el maná de Europa exigirá contrapartidas, sacrificios y esfuerzo. La cigarra debe ponerse traje de hormiga.

El maná tiene un precio: entendimiento para la reconstrucción entre izquierda y derecha, así como, en este gobierno, un piloto económico para la nave: Calviño. Sin ella, Europa no confiará en España. Es más, si hay que elegir promocionarla a la presidencia   del Eurogrupo en lugar de Gonzalez Laya a la OMC o Duque a la ESA, no hay que dudarlo. Eurogrupo y ser ministra es compatible. Colocar a los tres a la vez, imposible.

Arrimadas desde C´s y Feijoo, están mostrando la vía moderada a Casado. La aprobación del Ingreso Mínimo Vital por el PP es una buena señal. Sánchez debería saber aprovecharlo. Así, se puede alejar al PSOE de independentistas y extremistas. Iglesias no podría impedir ese entendimiento que la mayoría desea porque España ni es golpista ni, tampoco, chavista.

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