Ideas sobre el futuro de la prensa

José Luis Heras Celemín
Por
— P U B L I C I D A D —

Los diarios escritos actuales ejercen su misión desde una óptica antigua que está a punto de ser superada, si no lo ha sido ya. Desde esa óptica, el diario está concebido como un foco de información general que se utiliza para influir en la opinión de los lectores. Sin embargo, desde hace ya bastante tiempo la capacidad de influencia de los diarios se ha visto mermada por la abundancia de información distinta que llega al lector y que hace que éste seleccione qué información merece ser tenida en cuenta, cuál deba soslayarse, tomarse con cautela, contrastarse, relativizarse o rechazarse.

Por otra parte, los periódicos en papel de más renombre y tradición, sin que ellos lo pretendieran, se han visto encorsetados en unos parámetros y formas que les han convertido en medios caros y no rentables cuya continuidad parece estar en peligro. Por si fuera poco, con la aparición de los diarios digitales que ofrecen la información de inmediato, el formato de papel antiguo para una parte de los lectores se ha quedado obsoleto y ha producido un efecto singular en las empresas periodísticas: Detrás de cada periódico en papel (y de otros medios de comunicación, cuyo ejemplo más notable es TVE con su Teletexto y periódico digital) ha surgido un “diario digital”, con unas características muy parecidas al medio del que han surgido y con los mismos vicios y defectos que éste.

Hasta ahora, los “costes de producción” del medio informativo (diarios en papel y digitales) se financiaban de tres formas distintas: Por una Publicidad directa con fines comerciales. Por Publicidad indirecta con otros fines, normalmente encubierta con subvenciones y campañas de distinto signo. Y por aportaciones de los dueños del medio, que hacían el desembolso (o gasto, a fondo dudoso y muchas veces perdido) con la pretensión de conseguir unos beneficios anejos e influir en la opinión de la sociedad. Reducida en la actualidad la capacidad de influencia de los medios de comunicación en la formación de opinión, parece que los actuales dueños de esos medios han decidido prescindir de un “gasto” que no produce beneficios. Por ello, las únicas fuentes de financiación que existen son las debidas a la publicidad que cada vez es menos consistente y tiene menos capacidad de financiación.

Como consecuencia, la llamada “tarta publicitaria” cada vez es menor, la actividad informativa de los medios no producen otros efectos que los negativos que se observan en las “Cuentas de resultados”, y eso ha producido, y seguirá produciendo, las reducciones de las plantillas de periodistas, la concentración y absorción de los medios locales por los grandes grupos, y todas las medidas que puedan tratar de evitar que la actividad informativa sea onerosa para los propietarios de las empresas periodísticas. Sin embargo, y por lo que parece en la actualidad, las medidas que se han tomado en las empresas periodísticas únicamente se han preocupado del ahorro del gasto, como forma de embridar la Cuenta de Resultados. Al margen han quedado el aumento de los “ingresos por beneficios” y la forma de conseguir que esos beneficios sean reales y no una entelequia en disputa directa con una competencia informativa demasiado amplia.

Si nos preocupamos de analizar “el producto periodístico” que se ofrece al consumo, veremos que es común y, con ligeras variaciones, coincidente con el que se ofrece por otros medios de comunicación: radio y televisión. Ello ha producido, y en mayor medida que hasta ahora, que los periódicos en papel y digitales se hayan convertido en una suerte de “empresas de selección” de unas noticias, siempre comunes para todos los medios, que les ofrecen las Agencias de noticias y dónde al medio periodístico, si se preocupara de ello o tuviera capacidad y tiempo para hacerlo, no le cabría otra aportación que simples cuestiones de matiz.

En este panorama, como hecho relevante existe algo que llama la atención: Cuando el medio informativo “aporta algo nuevo y de calidad informativa” que no existe en lo que ofrecen las Agencias de noticias, esa “aportación” se convierte, por sí misma, en reclamo de atención y en éxito periodístico capaz de producir beneficios. Como ejemplos pueden citarse las Secciones de Opinión con “firmas de renombre”, las “noticias en exclusiva” de unas informaciones puntuales disfrazadas como “periodismo de investigación” y tras las que, normalmente, se encuentra alguna filtración interesada, o, el menos conocido, “Parlamenta”, el medio que en el Congreso de los Diputados se encarga de recopilar las proposiciones de Ley a incluir en una nueva normativa para el muy singular sector de la abogacía especializada o los integrados (o aspirantes a ingresar) en alguno de los lobbies que se van a regular por ley de forma inmediata.

Perspectivas de futuro de los periódicos escritos (En papel y digitales):

La conclusión, que parece obvia, es que los actuales periódicos, si quieren seguir existiendo, han de evolucionar dentro de estas tendencias:

1) Manteniéndose como medios de información general, y generalizada, pero mejorando el producto actual (en contenido y la calidad), disminuyendo los costes de producción, aumentando los ingresos y modernizándose en el sentido que la sociedad y el mercado que depende de ella impongan. La mejora del contenido debe esperarse en dos tipos de acciones: La “definición integral del medio”, que ha de buscar la empatía, incluso simpatía de los lectores a quien se pretenda dirigir, con una mayor capacidad para “editorializar” (incluidos los periódicos digitales que no hacen editoriales) y manifestar opinión propia. Y una mejor “selección y exposición de las noticias”, en el caso de los periódicos en papel, o en la decida “no selección de noticias”, para el caso de los periódicos digitales, que, en vez de “elegir entre las noticias”, parece que deban dedicarse a ofrecer una simple relación de titulares e incluso alguna “entradilla” que propicie el acceso a la información del lector sin manipulación. En la actualidad esto ya se está haciendo en algunos digitales (el diario Yahoo Noticias entre otros) con un cierto éxito y para unas “bandas de información” muy concretas, si bien cabe reprochar que estos medios, sin duda para aumentar “el tráfico de lectores”, estén usando una técnica engañosa, y parece que hasta ahora rentable: despertar la curiosidad del lector con un título sugerente pero obligándole a “pinchar” en una noticia que normalmente desengaña.

La mejora de la calidad del “producto informativo” necesariamente ha de pasar por: Una adecuación a la realidad de las nuevas técnicas que ya existen en el mercado y que en la actividad periodística, a diferencia de otras actividades de la sociedad moderna, se va haciendo de una forma demasiado lenta. Y, lo que parece más importante, por la mejora de la formación de los profesionales que se dedican a la información, Y es que, a diferencia de los países del entorno, los periodistas españoles, demasiados y muchas veces sin la preparación adecuada, adolecen de la capacidad necesaria para ejercer la profesión. La disminución de los costes de producción, necesariamente, ha de venir acompañada de unos importantes cambios de las estructuras de las empresas periodísticas. Hasta ahora las medidas tomadas se han reducido a eliminar al profesional no rentable y a concentrar los medios informativos en grandes estructuras con una pretendida capacidad de influencia en la sociedad, que se “intenta seguir vendiendo” como un pilar social de convivencia imprescindible. Pero esto ya no es así, las redes sociales libres están sobrepasando con ventaja la capacidad de influencia de los medios de comunicación escritos y éstos han de buscar su continuidad brindando a la sociedad un producto que sea útil en el mercado de información que ya existe; y que va a seguir evolucionando, con los medios de comunicación escritos o sin ellos. Parece ser que éste es el camino iniciado por los grandes medios de comunicación que arrastran las gravosas taras del pasado. Este tipo de medios serán unas macro organizaciones de información en las que, en la medida que sus disponibilidades económicas lo permitan, se “seleccionarán” y “tamizarán” noticias para el consumo, se expenderán opiniones propias en “editoriales” y “firmas contratadas” y, lo que es mucho más importante, necesariamente se habrá de prescindir de las parcelas de información a las que, por su especificidad y concreción, no podrán acceder las grandes empresas.

2) Como cuestión previa, y puesto que la información y las noticias son unas mercaderías más aunque de un tipo muy definido, veamos qué ha ocurrido en el mercado moderno con las ventas de los productos de uso común que llegan al consumidor. Actualmente, la mayoría de los productos se facilitan a la sociedad desde unos Grandes Almacenes que consiguen la rentabilidad usando dos armas que el mercado ha puesto a su disposición: Su capacidad de determinar los precios en la compra. Y su poder para llegar a un número elevado de clientes, a los que impone sus rentables precios para los productos que controla. Sin embargo, hay una serie de productos específicos, de distinto tipo y condición, a los que no parece posible incluirlos entre los artículos que deban ser vendidos en unos grandes almacenes (material quirúrgico, material técnico, productos de calidad no contrastada, etc.). Pero también existe mercado para esos productos y en algunos casos, como el material quirúrgico, la actividad comercial con ese tipo de mercaderías es muy rentable.

En el caso de la actividad de los periódicos, que ponen a la venta el conocimiento de opiniones y noticias, hay que advertir: Algún tipo de características propias de esos conocimientos y noticias que se venden. La singularidad del consumidor que va adquirirlas con el simple hecho de “pinchar” en una noticia. Y, lo que parece más importante, algunas circunstancias del consumidor, (o comprador del producto con un “clic de ratón”) que resultan determinantes: su disposición, el interés y el tiempo del que disponga. Cedidos a los medios de comunicación escritos englobados en el anterior Apartado 1), el interés general de las “grandes noticias de consumo”, cabe preocuparse de atender las apetencias de esas mismas noticias por el tipo de “comprador de noticias” al que no le satisfacen la tamización de las noticias de Agencia, que no tiene un interés generalizado en ellas o que no dispone de la enorme cantidad de tiempo que se necesita para no ya conocer sino “seleccionar” esas noticias. De esa realidad aparece un sector social que parece muy amplio y está aún por definir, que no está atendido en la actualidad, que a las empresas que se engloben en el anterior apartado no les es rentable atender, y que abre la posibilidad de colocar en el mercado unos productos de consumo, en la modalidad de diarios digitales y con formatos diversos, que tienen todas las posibilidades de hacerse rentables si su elaboración no es muy costosa, el producto que se ofrece tiene unas características adecuadas, tiene una calidad aceptable y responde al interés del sector al que se destina.

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