Ideas para un pacto

Antonio Imízcoz
Por
— P U B L I C I D A D —

Tres días después de las elecciones generales, vistas las actitudes de unos y de otros, sólo hay tres hechos incontestables: el Partido Popular ha ganado más y mejor, Podemos se ha quedado por detrás del PSOE, aunque solo sea un poco, y la aritmética parlamentaria obliga a pactar para lograr estabilidad en el Gobierno.

A estas horas, dirigentes del PP ya han contactado con otros del PSOE —y no precisamente con Pedro Sánchez— para buscar el acuerdo que Mariano Rajoy ya propuso el 21 de diciembre: un pacto de Estado para toda la legislatura, de base amplia, solvente y flexible en sus contenidos. Porque al Partido Popular le bastaría con el PSOE para poder afrontar la duodécima legislatura con la garantía de que van a poder aprobarse Presupuestos y las medidas necesarias para seguir en la línea ascendente que la economía y la sociedad española marcan desde 2014.

Está claro que el acuerdo no va a ser fácil. En primer lugar está la contumaz tozudez del todavía Secretario General socialista, emperrado por motivos más personales que ideológicos, de piel más que de razón, en apartar a Mariano Rajoy. Pero eso tiene solución si, como todo parecer indicar, el Comité Federal del PSOE, el próximo 9 de julio, le indica el proceder que de él se espera o el camino de salida. Pedro Sánchez tendrá que elegir si es el problema o forma parte de la solución.

El Partido Popular está dispuesto a ofrecer al PSOE condiciones favorables para su regeneración interna. Porque ya no sería el PP el que haría desaparecer a los socialistas si estos adoptaran la decisión que los españoles les han exigido en las urnas, sino que la amenaza la siguen teniendo a su izquierda, por más que los podemitas estén ahora mismo enjugascados en averiguar que ha pasado con el millón de votos que les han volado de las urnas.

Así, el PP estaría dispuesto a apoyar los gobiernos autonómicos socialistas, para que se quitaran la dependencia populista en la estabilidad de su gestión. Incluso en algunos Ayuntamientos importantes, siempre que, a cambio, en otros se impusiera la razón de las mayorías y los socialistas permitieran desbancar a los podemitas a los que regalaron las alcaldías.

Un acuerdo entre PP y PSOE es perfectamente viable si se impone lo que quede de vida inteligente en la sede de Ferraz; y en nada tendría que asombrar cuando ya se produce en países como Austria o Alemania. La razón de Estado debe ser siempre norte y guía de los políticos, aunque los comportamientos de alguno hagan que parezca que hace tiempo que perdieron la brújula de la racionalidad.

¿Y Rivera? El Niño Maravilla, que después de perder ocho escaños aún cree que su bofetada se debe más a la Ley D’Hondt que a su empecinamiento en marcar líneas rojas a personas —a Rajoy, fundamentalmente, pero ahora ya también a Montoro y a Fernández Díaz (es posible que también quiera vetar a Del Bosque, ya puestos)— tiene el severo problema de que, erigida su formación para su mayor gloria, rodeado como un telepredicador de un coro Gospel que asiente a sus afirmaciones como los perros de plástico que ponían los horteras en el parabrisas trasero del coche, nadie va a decirle que se equivoca de medio a medio. Así que, aprovechando su engreimiento, su personalismo y su soberbia, Rajoy debería acariciar la idea de hacerlo presidente del Congreso. En ese cargo, absolutamente institucional, no solo quedaría absolutamente colmado el infinito ego de Peter Pan, sino que, además, lo tendrían definitivamente desactivado para toda la legislatura. Ahí lo dejo.

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