Es necesario recuperar una ética política y económica

España, Europa y el mundo globalizado

Es necesario recuperar una ética política y económica
Jesús de Dios Rodríguez
Fundador del Club de Debate ALETHEIA. Actualmente jubilado. Empresario Import-Expot Sector Servicios. Titulado en Desarrollo y Dirección de Empresas en el IESE (Universidad de Navarra). Titulado en Dirección de Marketing en ESADE. Participó activamente en Política en los años 1986 a 1992. Perteneció al CDS, siendo presidente de la Ejecutiva de Majadahonda.

Ya nadie tiene una perspectiva clara de futuro. Nadie puede aventurarse a predecir lo que va a suceder y a donde nos conduce el camino a recorrer.

La vida parece caracterizada por la desorientación y por un angustioso vacío, tampoco existe hoy nadie que vaticine que evolución va a seguir nuestra civilización. Pero, ¿nos puede servir de alguna forma de ayuda real una nueva utopía o una imagen apocalíptica del futuro en la que, en el mejor de los casos, podamos encontrar alguna esperanza?

Ciertamente carecemos en todos los sentidos de una visión realista que ilumine el futuro, nuestro futuro. Y me atrevería a afirmar que difícilmente lo vamos a encontrar en los postulados de los padres de las grandes ideologías que en los últimos siglos de nuestra declinante existencia fueron presentadas como interpretaciones científicas, como pseudo-religiones o dogmas, pero que con el trascurso de los años han perdido vigencia y actualidad.

Se mire a la derecha o a la izquierda no se percibe señal alguna, quizás haya influido el silencio que se ha venido produciendo desde los años sesenta y setenta por esa fuerza opositora critica que suponía la poderosa opinión de los intelectuales, opinión que ahora ante los nuevos y acuciantes problemas ha enmudecido, se ha ausentado y se ha vuelto permisiva con las nuevas tendencias ideológico-políticas y tecnológicas.

La grave crisis político-económica, así como la destrucción medio ambiental que nos amenaza en nuestros días, incluyendo a todos los que han basado y defendido durante su vida las ideologías tecnológico-evolutivas del progreso en Occidente están demostrando la falta de visión de futuro de la que estaban dotadas, así como la poca imaginación para transpolar los conocimientos de los que hacen gala a los nuevos tiempos que vivimos.

Tanto los representantes de la política actual como los agentes de la economía y las finanzas en general, han caído en la banalidad, ignorando quizás, la realidad de los problemas que realmente son más urgentes, problemas que tanto en Europa como en América son debatidos no solo en la problemática a nivel nacional, sino sobre las consecuencias de la repercusión y la incidencia global que proyectan fundamentalmente, situación que está afectando gravemente al desarrollo y a la supervivencia de la humanidad en general.

Seguimos aferrados a esa idea de una Europa unida, a esa sectaria y desigual Europa del euro de incierto futuro, integrada así mismo en un sistema mundial globalizado y manipulado políticamente desde todos los frentes, en vez de diseñar y realizar objetivos prometedores para la incoherente política común exterior y la, caótica y destructiva, política económica y social.

Ante este cambio epocal de paradigma por el que atraviesa, a nivel mundial, la política, la economía y la sociedad en general, ¿no deberíamos recapacitar en beneficio de recuperar los valores éticos y morales tradicionales en busca de una nueva orientación para nuestro presente con perspectiva de futuro? La pregunta no tarda en hacerse. ¿Cómo se puede realizar algo semejante? ¿Quién puede llevar a cabo semejante tarea?

Ante tamaña empresa, no se trata nuevamente de generar otra vez una utopía, que con la promesa de un mundo más sano y mejor nos vuelvan a engañar como ya hicieron en tantas ocasiones volviendo a someternos moral y espiritualmente como en siglos pasados.

Se trata de todo lo contrario, se trata de evitar nuevamente las sublimes ideas y proyectos sin base alguna, evitar las fantásticas ideas y planes de futuro sin una base real con el presente, rechazar contundentemente esos proyectos doctrinarios ilusorios e irrealizables que siempre concluyen beneficiando a unos cuantos, a los de siempre, en detrimento de la mayoría, hemos de evitar a esos sofistas soñadores, moralistas poco creíbles, convertidos en profetas salvamundos.

Es completamente necesario la recuperación, el redescubrimiento de una nueva ética en la política y la económica, es necesario por no decir imprescindible una moral (una moral en sentido positivista) con una visión realista y una perspectiva global que nos acerque a un mundo más justo, más humano, más pacífico. Se trata de conseguir un proyecto de futuro donde cuenten las experiencias históricas y se apliquen en beneficio de un nuevo orden mundial más justo y equitativo.

Nos estamos enfrentado a situaciones y problemas jamás vividos y debemos dejar los lamentos y de considerar estos problemas como algo insuperable que nos impida afrontar el futuro con cierto optimismo. Hay que asumir seriamente el gran reto de los problemas con los que se supone han de enfrentarse las nuevas generaciones. Somos testigos de cómo en otros tiempos pasados lo que nos parecía imposible a corto plazo, lo hemos visto superado en el largo plazo con paciencia, buena voluntad y perseverancia.

Es necesaria una visión de futuro debidamente fundada y argumentada, es imprescindible una perspectiva global desarrollada argumentalmente y orientada éticamente en todo su contexto, realizar una critica imparcial y constructiva de la situación actual existente, proponer alternativas reales y racionales, que sean realizables, a través de impulsos concretos y discutibles, para su realización.

Una acción de esta envergadura debería llevar (sin simplistas soluciones ni baratas recetas) a los responsables de cada ámbito a desarrollar las estrategias a largo plazo que, sin duda, puedan ser la solución que tanto necesita nuestro futuro y el de las generaciones venideras.

El absentismo intelectual y la dejadez y falta de protagonismo social nos está llevando a un control y una manipulación de nuestro pensamiento, la anulación y pérdida de valores y la sumisión sin precedentes de la sociedad mundial nos está conduciendo irremediablemente a un totalitarismo sin precedentes provocado por un puñado de oligarcas y multimillonarios privilegiados.

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