En “stand by”

Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

Transcurridos ya cien días desde las elecciones del 20 D, conviene hacer una revisión crítica de la situación institucional existente, donde se sigue jugando al “postureo” de cara a unas inevitables nuevas elecciones.

Las cámaras legislativas están formadas y pueden realizar todas las iniciativas parlamentarias que les parezca. Eso es lo que se votó el 20 D, pero, en esas trampas calculadas del lenguaje mediático, se seguirá repitiendo que se votó para formar gobierno. Una perversión que tiene su calado en la forma en que se entiende por estos (y otros) pagos el equilibrio y la separación de poderes. Nada sustancial ha transcendido en este sentido, dedicados todos “a seguir el mandato de las urnas”, es decir, mandar.

Todos esos acuerdos firmados no parecen tener otro objetivo que llegar al gobierno, lo que dice poco y malo de esos partidos que siguen sin entender que el verdadero poder es el legislativo y que, el ejecutivo, en todo caso, debe limitarse a cumplir y hacer cumplir lo legislado, sin perjuicio de que también pueda aportar sus propuestas. Nos hemos acostumbrado mal a las mayorías y ahora no sabemos hacer política desde el pluralismo social.

Esa es la razón de que el ejecutivo en funciones ignore los requerimientos del Parlamento para seguir dando cuenta de su gestión pública y política. El mundo sigue a pesar de “estar sin gobierno”, como se repite una y otra vez desde los medios de comunicación, intentando transmitir inseguridad y temor a los ciudadanos. Por eso es preciso contrarrestar el mensaje insistiendo en que es falso e interesado, al igual que es mentira el “mantra” de que los ciudadanos n o quieren nuevas elecciones, como si actuar en democracia fuera un deber que rechazamos

Desde el Parlamento —y así se lo hemos hecho ver a los grupos parlamentarios— se pueden ir proponiendo aquellos cambios legales para los que existan unas mayorías suficientes: desde el injusto sistema electoral a la llamada “ley mordaza”, desde el sistema fiscal al control corporativo de los oligopolios, desde el sistema judicial a la estructura adecuada del mismo. Tienen tiempo en esta especie de “stand by” o pausa forzada por las circunstancias, para llevar adelante proyectos nuevos y rompedores que han defendido en las campañas electorales. Pero no sé si están dispuestos a ello.

Por su parte el ejecutivo, acostumbrado a la cómoda mayoría parlamentaria, todavía está en estado de “shock” y no parece tener muy claro qué pinta en esta novedosa situación. Los escándalos de corrupción sobre el PP lo han ido aplastando, dejándolo como los viejos boxeadores, a la defensiva. No parecen ser capaces de regenerar sus estructuras internas y son ya muchas las voces que discrepan abiertamente: los más jóvenes sin “pasado” a sus espaldas contra las sempiternas figuras populares que se han mantenido de maneras más o menos espúreas. Las espadas están en alto y silban los dardos en todas direcciones.

Algo parecido ocurre en el PSOE. Corrupciones que los asfixian (por muy prescritos que estén los casos) y que están en la memoria de los ciudadanos, siguen salpicando y llenando de sombras el recorrido de este partido, surgido en realidad en Suresnes en el año 1974, con el diseño socialdemócrata predeterminado para los países europeos, tras la 2ª Guerra Mundial, con el fin de detener el avance del comunismo. Por eso sus políticas erráticas y contradictorias (OTAN no y OTAN sí), muy “lampedusianas” o “gatopardianas” en las que ¡milagro! el socialismo hace de telonero de los poderes económicos e imperiales. Perdido el norte ideológico (si alguna vez lo tuvo) sólo estuvo animado por el afán de ser parte del “sistema” y del “establishment”. La figura más emblemática de lo ocurrido es el Sr. González y sus agendas que combinaban tan bien con las de otros mandatarios con tufo de corrupción en sus actividades pero, ya lo dijo en su día: “ni hay pruebas, ni las habrá”.

El pretendido “nuevo PSOE” del Sr. Sánchez se encuentra entre la espada y la pared. O borrón y cuenta nueva con el pasado o seguir arrastrando la pesada losa de los gobiernos socialistas, tanto nacionales, como autonómicos o municipales, donde, como en el PP, cada vez que se levantan las esquinas de las alfombras, sale la porquería que esconden bajo ellas. Por eso el enfrentamiento entre quienes pretenden seguir escondidos en el sistema y los que pretenden sacudir esas alfombras y arrojar los muchos parásitos agarrados a su urdimbre. El pacto con Ciudadanos venía ser un complemento del escaso apoyo electoral del 20 D pero, mucho me temo, que puede ser traicionado por el afán de protagonismo político del aspirante.

Ese pacto, por otra parte, no presenta demasiadas novedades dado que las filas de “Ciudadanos” se han nutrido sobre todo de “desplazados” del PSOE o UPyD, formaciones igualmente de corte socialdemócrata, donde lo “liberal” sólo sirve para la foto de familia en el Parlamento Europeo. Pocas cosas separan al PSOE de Ciudadanos y ésta formación es consciente de haberse convertido en la bisagra fundamental para cualquier forma de gobierno. Su carencia de apoyo electoral se compensa con el “poder” que le da su situación en el espectro del espacio político.

El partido-movimiento Podemos pasa a su vez por otra crisis fruto de su supuesta y pretendida “transversalidad” política. Los muchos y variopintos grupos y personas que lo componen, tienen muy diferentes maneras de enfocar la actividad política. Desde el asamblearismo de barrio, al sofisticado uso de las tecnologías informáticas, hay una lucha de clases soterrada entre las elites “modernas” de origen académico y las supuestas bases de gente corriente. El reciente incidente ocurrido en el Ayuntamiento de Cádiz demuestra hasta qué punto existen diferentes visiones de los que se puede o no se puede hacer desde el “poder” político. Para acabar de “liarla” no se les ocurre otra cuestión que la llamada “plurinacionalidad”, donde se mezclan igualmente nacionalismo moderado con posiciones claramente separatistas que buscan la ruptura de la unidad nacional. Si cedes con sus pretensiones (también muy plurales), rompes con el resto de la formación y, el grupo parlamentario del Congreso, puede saltar por los aires en cualquier momento acabando con los sueños de gobierno del Sr. Iglesias.

Por todo ello, más tarde o más temprano, llegarán otras elecciones.

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