En el alambre

Por
— P U B L I C I D A D —

Las Bolsas de valores europeos tardarán mucho en recuperarse del estacazo propinado por la decisión británica de salirse de la Unión Europea. Medio billón (con be de burrada) de euros perdieron en una sola jornada. De ellos, 65.000 millones, corresponden a las grandes empresas españolas, que han visto volatizarse en un soplo hasta el 30% de su valor de cotización.

A la vista del acontecimiento queda claro que todos, incluidos los políticos, somos marionetas manejadas por las fuerzas motrices de la globalización, o sea por no más de medio centenar de personas o instituciones que manejan el mundo a su antojo.

Resultan entonces verdaderamente ridículas las promesas urbi et orbe de los políticos de toda laya sobre cambios radicales que pondrían patas arriba la sociedad. La explosión de los nacionalismos responde a una peligrosa pulsión por intentar buscar soluciones simples, mezquinamente egoístas, a los complejos problemas de comunidades que, lo quieran o no, carecen de autonomía suficiente y exclusiva para decidir sobre su destino.

También los populismos creen haber descubierto el Mediterráneo con fórmulas que apestan a moho y naftalina. Los ciudadanos van tomando por fin conciencia de que votar (en referéndum o en elecciones) no es un juego inocuo. Hay consecuencias, incluso muy letales, en cuya responsabilidad no están solos los políticos. Y en ese alambre bailamos todos: uniones supranacionales, países, regiones, políticos y ciudadanos.

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