En defensa de la verdad sin censura

En defensa de la verdad sin censura
María Jesús Moro Almaraz
Profesora de Derecho, portavoz adjunta en la Comisión Constitucional del Congreso.

Me ha parecido deplorable que se justifiquen en la defensa de la verdad los penúltimos intentos por parte del Gobierno de atacar los derechos fundamentales de los españoles.

Los estrategas del primer Presidente en democracia que desea ser Jefe de Estado, ocupan su tiempo y gastan nuestros recursos buscando distracciones para mantenernos entretenidos; poniendo señuelos a perseguir y estrategias comunicativas para encubrir y facilitar la consecución de sus objetivos.

No ha existido tema más urgente para el Gobierno en la pandemia que el de realizar seguimiento, monitorizar los medios de información y comunicación para neutralizar, transformar, controlar, alterar o eliminar los datos reales y las opiniones divergentes con la labor gubernamental.

Cuando nuestros compatriotas agonizaban, nuestros cuidadores se contagiaban y las funerarias colapsaban, el Gobierno de Sánchez e Iglesias sólo tenía una preocupación: la búsqueda de la verdad, es decir, la censura.

Cuando querían proteger al Congreso del contagio, realmente pretendían su cierre. Al defender la limpieza en las redes sociales, planificaban su intervención y control. Cuando disponían la comprobación y monitorización de informaciones y comunicaciones, ordenaban la censura. Todo contra nuestra libertad de expresión.

Nunca imaginé en aquellos primeros pasos de nuestra democracia, en los debates entusiastas en las aulas de Derecho, exultantes de sueños y de libertad, que en 2021 un gobierno autocalificado de progresista aprovecharía una dura pandemia para liquidar sagrados derechos y libertades que tanto costaron reconquistar. Pero, que lo haga amparado en la búsqueda o defensa de la verdad, ha colmado todo el cinismo político que estoy dispuesta a soportar.

Como mujer me molesta que se escuden en la defensa de mis derechos para justificar el cambio de nombre del Instituto de la mujer a Instituto de las mujeres y sólo puedo pensar en todas aquellas que tan mal lo están pasando y a las que esa medida estrella en nada ayudará. Me sorprenden además los aplausos que desata la eliminación de la igualdad de oportunidades de ese mismo ente.

Como funcionaria me ha preocupado ver estos días a probos compañeros defendiendo un presupuesto en el que consideran insignificante el gasto derivado de 22 estructuras ministeriales en lugar de 13, con los correspondientes altos cargos y asesores de 9 ministerios adicionales a una estructura racional, especialmente cuando sus competencias no van más allá de direcciones o secretarías generales.

Me horroriza recordar la terminología empleada en este proyecto de ley de presupuestos, que debería ser capital para levantar a este país golpeado duramente por el virus y la incompetencia gubernamental, para adornar proyectos de gestión ordinaria ignorando las prioridades de una crisis y concurrir a la obtención de recursos del mecanismo europeo de recuperación.

Sin tregua, asistimos a que unos y otros justifiquen lo injustificable en aras a una mayor agilidad práctica, como la entrada por sorpresa en los domicilios. Ahora les preocupa la eficacia a costa de la inviolabilidad del domicilio.

Y no, no puedo olvidar que se apruebe una prórroga del estado de alarma por 6 meses en el mismo trámite que se informa al Congreso sobre la declaración del estado de alarma inicial, de alcance nacional pero determinando que las autoridades responsables son los presidentes autonómicos y para adoptar una medida que se modificaba en cuarenta y ocho horas.

No crean que es por eficiencia, no, es por eludir el necesario control y el debate riguroso que permita comprobar si es correcto, necesario, insuficiente o excesivo ese recurso excepcional y sus medidas. Ya perdimos la edad de la inocencia. Los constituyentes imbuidos de espíritu constructivo, de consenso, quisieron garantizar constitucionalmente el control de los gobernantes por los representantes de los ciudadanos, por el Congreso, para impedir que poderes exorbitantes en manos de un gobierno irresponsable o con tentaciones autocráticas dieran al traste con nuestros derechos y nuestra democracia. Al Presidente Sánchez esto sólo le da risa.

¿Búsqueda de la verdad? Para eso en democracia deben funcionar los contrapesos de los poderes que se han creado, no por capricho, ni por derroche, sino en defensa de todos nosotros: La separación de ejecutivo, legislativo y judicial (y fíjense a qué se han atrevido con el Consejo General del Poder Judicial), la transparencia, los instrumentos de defensa de los derechos (seguridad jurídica, principio de legalidad, tutela judicial efectiva, constitucionalidad de acuerdos, medidas y leyes).

La búsqueda de la verdad no forma parte de las competencias de un Gobierno. La seguridad nacional tampoco puede ser excusa para la limitación indiscriminada de derechos. Sólo cabe esgrimir esta razón, de forma extraordinaria y con exquisitas cautelas, cuando realmente está en peligro nuestro estado de derecho, porque su misión no es otra que garantizar la seguridad de todos nosotros frente a los ataques de aquellos que quieren romperlo.

Quizá el lector no recuerde que hace meses escribí otra reflexión titulada “el prestidigitador” y allí me preguntaba si habíamos colmado nuestra capacidad de sorpresa con Sánchez. La pregunta era tan retórica como obvia la respuesta. Estos meses son la evidencia de que siempre tiene una carta en la manga. Lo preocupante es constatar que no hay líneas rojas para él y que todas sus cartas están marcadas en su defensa y contra nuestros derechos.

2 Comentarios

  1. Acabo de enterarme de la campaña del ayuntamiento de Córdoba (PP y Cs) sobre la violencia de género en que se estigmatiza a los padres de los niños por el mero hecho de ser hombres. Vamos bien……

  2. Una pregunta muy simple: entonces….. ¿porqué el PP sigue apoyando al gobierno? Resulta muy difícil para quienes creían en el PP ver a diario la política de “fotocopia” del PP en todo lo que el gobierno le pone por delante. Se convierten así en cómplices por acción u omisión de todos los disparates anticonstitucionales que van brotando sin que nadie lo impida (salvo un partido). El papelón del PP en la moción de censura de Vox es algo que quedará para siempre grabado en millones de españoles de buena fe.
    Un saludo.

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