Biden internacional

Biden internacional
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

¡Joe Biden ganó la elección presidencial! ¡A pesar de las jugadas tramposas de Trump, aunque quedan sus abogados! ¡A pesar de los partidarios de Biden que no creían en su victoria! ¡A pesar de sí mismo!, como dirían (¡ya no!) aquellos que para curarse en salud (“Te lo dije …”) esperaban con poquísima fe su victoria. A pesar de los que piensan que la democracia americana aceptaría ser desvirtuada con una resistencia sin futuro a entregar las llaves de la Casa Blanca. Ciertamente, no había que vender la piel del oso antes de cazarlo y el resultado fue más justo de lo previsto, pero buena parte de los partidarios de Biden, y muchos de los que sólo deseaban la derrota del magnate, han temblado antes de tiempo. Con un buen motivo, ya que un segundo mandato de Trump hubiese sido un desastre para los propios EEUU, sus aliados y el mundo.

La resistencia de Trump en conceder la derrota enaltece la victoria de Biden y desdibuja lo apretado de su triunfo. Sin embargo, hay que recordar que en 2000 el Demócrata Al Gore tardó unas cinco semanas en admitir la derrota frente a George W. Bush al estar en el aire la cuestión de si hubo fraude en Florida donde otro Bush, Jeb, hermano del anterior, era el Gobernador. Sin embargo, ahora lo que importa es que el nuevo Presidente acierte los próximos cuatro años.

Para empezar, tendremos dos meses y medio agónicos de impaciencia hasta el 20 de enero, inicio del mandato presidencial. Durante este tiempo, Trump andará de “pato cojo” (lame duck), según la terminología local, constreñido a una inactividad que, posiblemente, siendo él como es, no será digna, quizás incluso payasera (¿inconstitucional?). Dicen que, imitando a Abascal, quiere montar su propio partido de extrema derecha, una catástrofe para el partido Republicano. En su seno, a pesar de haber sido cooptado por Trump, queda, sin embargo, bastante gente sensata. Hasta, dicen, disgustado con FOX por dar rápidamente vencedor a su contrincante, Trump montaría su propio “Trump Fake News Network (TFNN)” …  

Mientras, Biden preparará su Administración, reclutará cargos, afinará sus intenciones políticas y programáticas, anunciará futuras medidas. Preparará, asimismo, su discurso de investidura que tendrá lugar, como siempre, frente al Congreso, en Capitol Hill, desde donde se contempla el “Mall”, el conjunto monumental y de jardines que desemboca, más de tres kilómetros al Oeste, en el monumento a Lincoln, el que mantuvo la unidad del país y liberó a los esclavos; con el obelisco de Washington, uno de los fundadores de la Unión, en el centro; el memorial de Jefferson, inspirador esencial de la Declaración de Independencia, al Sur; y la propia Casa Blanca al Norte, formando, todo ello un dibujo cruciforme erigido siguiendo los planos inicialmente diseñados por el arquitecto de origen francés, L’Enfant.

Es fácil imaginar una presidencia diferente. Incluso, opuesta. No obstante, han pasado cuatro años, un tiempo respetable en política, desde que el tándem Obama-Biden fue sustituido por el de Trump-Pence, a lo que hay que sumar que no todo lo que hizo este último fue desacertado. El nuevo equipo formado por Biden y su Vicepresidenta Harris no será una mera continuidad de la era Obama. Hay numerosa literatura desgranando sus intenciones. Quizás, lo más fiable sea un artículo del propio Biden publicado en “Foreign Affairs” poco antes de la elección.

Algunos botones de muestra dan la medida del plan de ruta. Con Biden, Washington estará dispuesto de nuevo a implicarse en el mundo frente al egoísmo trumpiano centrado exclusivamente en los EEUU. Quiere reforzar la democracia en los EEUU, proteger su futuro económico, fortalecer sus alianzas y volver a ser un líder mundial. Propondrá una Cumbre global en favor de la democracia al tiempo que priorizará la lucha contra la corrupción, el autoritarismo y a favor de los derechos humanos.

Desea favorecer la transparencia en el sistema financiero mundial y acabar con los paraísos fiscales. La seguridad económica es parte de su seguridad nacional. Para ello la política comercial debe fortalecer las clases medias para que todos puedan beneficiarse de los éxitos del país sin distinción alguna, sea de raza, género, localización, u orientación sexual entre otros, lo que requerirá enormes inversiones en infraestructuras y educación. Asimismo, favorecerá el acceso a una sanidad accesible, la subida del salario mínimo y desea liderar una economía ecológicamente “limpia” con el objetivo de crear diez millones de puestos de trabajo.

China será un reto especial. Hay que enfrentarse, afirma, al pillaje chino de tecnología y patentes americanas. Tampoco son aceptables los subsidios a sus empresas estatales que desvirtúan la libre competencia. Consecuentemente, considera necesario un frente común entre los EEUU y sus aliados contra estos abusos chinos y su ausencia de respeto a los derechos humanos, al tiempo que hay que intentar cooperar con Beijing en cuestiones como el cambio climático, la no proliferación de armas nucleares y la sanidad mundial.

Biden quiere actuar, liderando, con sus aliados y asociados, para enfrentarse a los retos globales. Desea repatriar a la mayoría de las tropas estadounidenses redefiniendo a la baja sus misiones contra el estado Islámico y Al-Qaeda, cesando, asimismo, el apoyo americano a los saudíes en su conflicto en el Yemen. Hay que centrarse, añade, en el contraterrorismo, evitando, sin embargo, conflictos que no se pueden ganar y que diluyen su liderazgo. Es de suponer, pues, que la relación con Riad sufrirá, así como, quizás, con Netanyahu, tan amigo de Trump, pero, como todo lo relacionado con Israel, siempre importante en Washington.

Sin perjuicio de lo anterior, afirma que la diplomacia debe ser el instrumento internacional más importante. La OTAN es central para la seguridad americana y constituye la defensa de los valores democráticos. Cada aliado debe aportar lo que le corresponde e incrementar sus contribuciones, como se ha pactado. Sin embargo, el compromiso americano con la Alianza Atlántica es sagrado y transciende de consideraciones económicas.

El Kremlin, precisa, teme una OTAN poderosa que debe mantener sus medios militares frente a la agresión rusa y aumentar su capacidad de enfrentarse a amenazas no tradicionales. Desea apoyar la sociedad rusa que se opone al autoritarismo de Putin e impedir que Moscú salga bien librado de sus violaciones de la legalidad internacional.

Si Teherán vuelve al estricto cumplimiento del acuerdo nuclear, Washington se reincorporaría al mismo, intentando, también, mejorarlo, sin, por ello, dejar de contrarrestar otras actividades desestabilizadoras iraníes. Respecto de Corea del Norte, perseguirá con sus aliados y otros, como China, el objetivo común de su desnuclearización. Biden se declara, asimismo y como Rusia, favorable a una extensión del “New START”, el acuerdo ruso-americano de limitación de armas nucleares estratégicas que vence en febrero. Desea aprovechar esta extensión para lograr una nueva generación de acuerdos de desarme. La razón de ser del armamento nuclear debe ser esencialmente disuasorio al tiempo que hay que reducir la dependencia del mismo.

Finalmente, aboga por que los EEUU y sus aliados se unan para desarrollar redes privadas de comunicación 5G que lleguen a todas partes, gobernadas por leyes y por la ética.

Es un programa para sus conciudadanos americanos que tendrá que ser contrastado con los intereses de los aliados, España entre ellos (Venezuela; contribución a la OTAN; acuerdo bilateral militar; China; y aranceles entre otros), en el marco internacional, pero que, frente al aislacionismo egoísta de Trump, ofrece una base más aceptable y multilateralista. La cuestión para la Unión Europea será saber si con “My Way”, la política internacional “autonomista, propia y no seguidista” de la UE, se pretende solamente una necesaria y legítima autonomía en el marco general occidental, con el desarrollo incluso de su propia Defensa (¿con o sin disuasión nuclear propia?), o jugar a ser los nuevos “No Alineados” en el enfrentamiento entre Washington y Beijing, como lo fue, por ejemplo, Suecia durante la Guerra Fría. Será determinante delimitar si el conjunto de nuestros propios intereses está más cerca de EEUU o de China porque una estricta equidistancia no sería realista. Incluso durante la Guerra Fría los No Alineados estaban en su fondo más íntimo alineados. ¿O Suecia habría mantenido una neutralidad suicida si la URSS hubiera atacado e invadido Europa Occidental? Hasta las bromas tienen sus líneas rojas.

1 Comentario

  1. Una visión diferente del tema analizado también en este mismo foro. Se nota que está escrito desde los prejuicios subjetivos y no desde la objetividad del análisis frío, con un sesgo predeterminado.
    Hoy, a estas alturas, todavía no se puede conocer el resultado final del recuento, donde hay un montón de voto por correo que -al parecer- es bastante dudoso a favor de BIden.
    En la “anormalidad” (según el autor) de la era Trump hay que señalar el crecimiento espectacular de la economía y el empleo; la evitación de conflictos bélicos promovidos desde EE.UU. (eso le parece al autor la “normalidad” americana); la dedicación (no egoísta, sino patriota) a los problemas internos propios en lugar de enredar en los de los demás, etc.etc.
    A Trump lo elige el pueblo y la gente ajena al cosmopolitismo de salón del partido demócrata (las élites del dinero). Incluso los latinos, africanos y europeos que aman a su país. A Biden lo eligen quienes saben que es una marioneta al servicio de sus intereses (más o menos como está pasando en Europa).
    Un saludo.

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