El suicidio de Ciudadanos

El suicidio de Ciudadanos
Antonio Imízcoz
Periodista.

¿Y creían ustedes que lo de la semana pasada era un tsunami político? Jajaja, pues ya lo han visto: Pablo Iglesias deja el Gobierno de Sánchez para presentarse a las elecciones a la Comunidad de Madrid; Arrimadas se mantiene al frente de Ciudadanos, a pesar de ser la responsable última del suicidio político de su formación por la moción de censura en la Región de Murcia; y allí, ahora, los diputados que fueron expulsados de VOX juegan al despiste sobre su postura en esa moción: a lo mejor es que van a ser los esclavos del mercado del que hablaba el Algarrobo de Sánchez, el amigo de la venezolana, el que ha decidido pagar con dinero de los españoles unas líneas aéreas chavistas propiedad de buenos amigos del régimen de Maduro, Ábalos, el esbirro.

Que estamos mejor que queremos, vaya. Y en medio de estas tempestades, aún hay quien se empecina en imponer su “relato”; ya saben, el mensaje no es el medio, es el relato, la mentira vendida como verdad a base de su machacona repetición a base de argumentario, desde atriles políticos y tribunas mediáticas.

Y el relato que tratan de imponer es que el PP “compra” voluntades, que se nutre de abyectos tránsfugas dispuestos, como decía la frustrada protopresidenta de Murcia, a venderse por unos miles de euros -bastantes, exactamente los que cobraba ella como Consejera del Gobierno murciano- “y un chófer”, cosificando de paso a los honrados y excelentes trabajadores del Parque Móvil de la Región, que ya me dirá usted qué le han hecho, mas que llevarla de un lado al otro.

No, el “relato” miente, como todos los que tratan de inculcarnos para consumo general e irreflexivo: los tránsfugas, los corruptos, son los que presentan una moción de censura al gobierno del que forman parte, del que cobran; y lo hacen a cambio de más poder, más dinero y, digo yo, mejor coche.

La que se ha vendido, y le ha salido mal, ha sido la valenciana que quiso presidir Murcia, la que no ha dudado en arrojarse en brazos del partido que dirige un imputado por malversación, porque parece que esa corrupción a ella ya le vale.

Y con su torpeza, avalada sin duda desde Madrid por una Inés Arrimadas que no sabe que hacer con su partido y su vida, después de la debacle de Cataluña, que ella misma empezó a provocar por no tener la gallardía de presentarse a una investidura a la que le llamaba su victoria electoral, le han pegado al partido naranja un tiro que, al principio, podía parecer en la pierna, pero que parece haber interesado órganos vitales.

Hay cola, a las puertas de la aún sede del PP, de cargos electos de Ciudadanos que abandonan el barco que hace agua. Fran Hervías, que fuera secretario de organización, solo ha sido el primero. Los siguientes, todos los cargos naranjas de Álava, que se han ido esta misma mañana. Y veremos hasta dónde y hasta cuándo sigue la sangría.

Ah, y estén atentos a los próximos pasos de Albert Rivera, porque también algo de eso hay.

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