El pensamiento único

Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

Una vez terminada la interinidad del gobierno del PP y apoyada la investidura del mismo presidente en el Congreso de los Diputados, comienza otra etapa en la política española dominada por el pensamiento único esbozado en el texto constitucional: “social y democrático” o “socialdemócrata”, por mucho que se establezca como “valor superior” (entre otros) el “pluralismo político”. Una más de las muchas contradicciones de nuestra añeja Constitución.

Lo hemos visto y comprobado no sólo en ese artículo primero, sino en otros varios de los que integran el texto que, desde 1978, es la norma-marco por la que debería regirse todo nuestro ordenamiento jurídico del Estado de Derecho. Lejos de ello, el mismo ha sido modificado, retorcido, interpretado y vulnerado desde la propia “legalidad” o desde las propias instituciones políticas que debían hacerlo guardar, por la simple vía de los hechos consumados. Luego el Tribunal Constitucional “se las verá y se las deseará” para intentar aclarar los muchos embrollos jurídicos surgidos de la redacción constitucional.

Para entender el contexto histórico, político y social en que se produce el cambio de régimen en España a partir del proceso constituyente de 1978, debemos tener en cuenta los antecedentes del anterior ya que, en muchos aspectos, hay un hilo conductor que lleva de uno a otro y que “ataba” el sistema: la socialdemocracia o, dicho de otra forma, un “socialismo nacional” de origen en el régimen de Franco. El llamado “Fuero de los Españoles” de fecha 17 de julio de 1945, venía a ser una especie de declaración de derechos fundamentales, en los que se incluían la igualdad ante la ley, libertades de asociación, residencia, opinión y expresión, complementado con la declaración de la confesionalidad católica del Estado, la indisolubilidad del matrimonio y la protección del derecho de propiedad aunque “subordinada al bien común” (“Art. 128.1. C.E.- “Toda la riqueza del país, en sus diferentes formas y sea cual fuere su titularidad, está subordinada al interés general”). ¿Coincidencia o casualidad?

La economía del país se basaba en sus propios recursos (autarquía) y en la organización planificada de su producción y transformación industriales, con métodos dirigistas e intervencionistas (Fuero del Trabajo, Ley de Bases de la Organización Sindical, Ley de Fomento y Protección de la Industria Nacional, el Servicio Nacional de Reforma Económico-Social de la Tierra, el Instituto nacional de Industria, los Planes de Desarrollo, etc, etc…). El Estado proveía las necesidades de sus ciudadanos y las otorgaba en la medida que se consideraba oportuno: “…devolver a los españoles de una vez y para siempre, la patria, el pan y la justicia…” y donde simultáneamente se protegían derechos de los trabajadores y derechos de propiedad, derechos de intervención del Estado y fomento de la iniciativa privada :“…una reacción contra el capitalismo liberal y el materialismo marxista…” . Todo ello parecía conformar una ideología socialista moderada parecida a la de nuestra Carta Magna, pero considerados “fascistas” por su relación con regímenes así tachados como el de Hitler en Alemania o el de Mussolini en Italia. Una vez más se confundía ideología con régimen de poder.

Todo el mundo sabe (o debiera saber) que el “nazismo” surgió del “Partido Obrero Alemán” (DAP) convertido más tarde en el Partido Nacional Socialista Obrero (NSDAP), cuyo líder, tras dos victorias electorales seguidas, es nombrado canciller en el año 1933. El “nacionalsocialismo” o socialismo nacionalista que intentaba conciliar ambas cuestiones, derivaría a continuación en la llamada “Ley Habilitante” de ese mismo año, que autorizaba al gobierno a legislar sin la intervención de las cámaras y llevó a las atrocidades posteriores de un sistema totalitario de pensamiento único. Eso sí, lleno de “legalidad” aunque estuviera desprovisto de legitimidad.

Por ello observamos con cierta preocupación al diseño ideológico para Europa que trata de basarse en principios liberales pero que, en realidad, sustentan las políticas de una especie de socialismo, más o menos “ligth”, que trata de evitar la influencia de posiciones más radicales, empobreciendo o mutilando en la vía práctica, el pretendido “pluralismo político” que, como hemos dicho, trata de ser amparado por la Constitución. En cada país se ha manifestado o se manifiesta de diferente forma pero, eso sí, siempre sobre las espaldas del ciudadano que se ve obligado a aceptar la realidad del pensamiento único, por mucho que se trate de disfrazar de “derechas” e “izquierdas” (términos ya anacrónicos pero que siguen dando resultado en la gente).

Como vemos, da igual cual sea “el collar del perro”. En España, con una mayoría absoluta, teóricamente de “derechas”, se han puesto en práctica políticas de “izquierdas” como la planificación económica que se ha llevado por delante miles o millones de puestos de trabajo, con el endeudamiento público y con el notable incremento y mantenimiento de las burocracias administrativas. Por el contrario, la supuesta “izquierda”del PSOE privatizó servicios públicos elementales, liquidó lo público a favor de lo privado y organizó la “beautiful people” y la cultura del “pelotazo” desde la “bodeguilla” del Palacio de la Moncloa y desde los comedores particulares corporativos. Un reparto equívoco de papeles muy diferente al supuesto “interés público” de la riqueza nacional que, al final, se interpreta más como “interés partidario” en el reparto de poder procedente de la gran tarta del pensamiento único: la socialdemocracia.

Tanto el Partido Popular (en algún momento nos enteraremos del significado de la palabra “popular” en ese partido), como el PSOE (ajeno desde el primero momento a la “S” y a la “O” de su nombre por su connivencia con el capital) , como Ciudadanos (partido que se pretende transversal o de centro, ignorando que no se puede “soplar y sorber” al mismo tiempo), como Podemos (donde las “mareas” empiezan a producir “vértigo” y las “confluencias” se disputan el poder y los cargos) o como Izquierda Unida (atrapada y capturada por los nuevos con riesgo de irse por el desagüe). Todos ellos se declaran implícita o explícitamente “socialdemócratas”. Es decir, con distintas sensibilidades en el pensamiento único y una sola obsesión: cobrar impuestos, legislar, mandar y mantener el gran tinglado burocrático-administrativo de la “socialdemocracia”. Un tinglado que empieza a venirse abajo por lo que se considera “traición” por muchos de sus votantes que, como hemos visto, optan por la abstención.

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