El oscuro horizonte democrático

Las elecciones de 1977
Jesús de Dios Rodríguez
Fundador del Club de Debate ALETHEIA. Actualmente jubilado. Empresario Import-Expot Sector Servicios. Titulado en Desarrollo y Dirección de Empresas en el IESE (Universidad de Navarra). Titulado en Dirección de Marketing en ESADE. Participó activamente en Política en los años 1986 a 1992. Perteneció al CDS, siendo presidente de la Ejecutiva de Majadahonda.
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«El futuro no está escrito, porque solo el pueblo puede escribirlo. Para ello tiene la palabra»

Adolfo Suárez, Presidente del gobierno Español en la Transición Política a la Democracia, año 1975

Hemos visto la deriva semántica y política que ha padecido el término libertad en los últimos tiempos, incluso la apropiación cultural que está sufriendo un concepto que por naturaleza es derecho universal. La libertad, (en latín: libertas, -ātis) en sentido amplio, es la capacidad humana de actuar por voluntad propia. Rebobinando en el tiempo vivido, debemos hacernos una seria reflexión sobre la importancia del término y su influencia en las conductas sociales gobernantes en las democracias actuales.

La democracia se encuentra ante una encrucijada. Paradójicamente, en la época histórica en la que ha logrado convertirse en el horizonte compartido por la mayoría de la humanidad, se ve amenazada, como consecuencia de las políticas neoabsolutistas de los mercados financieros y la globalización, por inquietantes procesos de desdemocratización o reelitización y ha de afrontar los riesgos que ha provocado el populismo, la desafección y unas condiciones sociales, culturales y económicas inhóspitas.

En la actualidad, la escena política cuenta con numerosos fenómenos que ponen en jaque la perdurabilidad de algunos parámetros clásicos de la democracia como son la representación de la ciudadanía, la separación e independencia de los poderes públicos y la responsabilidad de los gobernantes frente a los ciudadanos, que son básicos para garantizar la legitimidad del sistema político actual. Realidades como el regreso del populismo, la desafección de la ciudadanía respecto de sus representantes, la desenfrenada corrupción que ha invadido a todos los estamentos públicos, la falta de transparencia, la irrupción de internet y la manipulación salvaje que se hace a través de las redes sociales y medios de comunicación, así como la inestabilidad política entre otras, están condicionando sobremanera el óptimo funcionamiento de las instituciones democráticas.

La manoseada y perversa utilización del “Constitucionalismo” (quizás por la ambigüedad y falta de concreción de la misma Constitución) por la clase política, consecuencia del desconocimiento sobre el significado de su contenido, así como la cobardía y desconfianza para tomar todo tipo de decisiones, han generado una revolución dentro del sistema. Lo que se suponía que sería un sistema originalmente parlamentario, lo han convertido en el juzgado de lo social, tanto a nivel nacional como autonómico las discrepancias y luchas políticas entre partidos y estamentos públicos de poder se trasladan y dirimen diariamente en los juzgados y en los tribunales de justicia. Ya los jueces del alto tribunal avisaron que no podían convertirse en el VAR en el que rearbitrar las disputas políticas, La premisa que vienen repitiendo en sus resoluciones es que no es lo mismo el reproche político que el penal, una condena en los tribunales no puede ser la única vara de medir a la hora de juzgar las actuaciones políticas, se corre el riesgo de trasladar al ámbito jurisdiccional la dialéctica e incluso el lenguaje propio de la confrontación política, lamentablemente, el poder judicial se está prestando a este juego en el que le han introducido los políticos, quizás de una forma inconsciente, con el objetivo de desmarcarse de sus responsabilidades en la toma de todo tipo de decisiones de importancia.

La confrontación y la ausencia de acuerdos políticos han llevado al parlamento a ser una prolongación de un juzgado donde los jueces son quienes ya no solo deciden el derecho, sino quienes también gobiernan con sus decisiones y sentencias, sean de educación, economía, sanidad o de cualquier otra índole e importancia, un cambio que nos ha pasado prácticamente inadvertido a la ciudadanía en general, siendo para algunos un problema la judicialización en la toma de decisiones que corresponde al gobierno y al parlamento de un estado democrático. En los últimos años han comenzado a saltar las alarmas respecto al excesivo protagonismo y poder de los tribunales, sobrepasando así los principios del Estado democrático de derecho y de la división de poderes. ¿Se podría considerar que estamos ante una democracia gobernada por las togas?

Los partidos políticos dedican todos sus esfuerzos y la escasa formación de la que hacen gala sus dirigentes para defenderse de los procedimientos judiciales a los que tienen que responder como consecuencia de sus continuos desmanes y atropellos, la situación les hace dedicar un gran esfuerzo y estrategias en atacar y combatir por medios poco recomendables y de escasa legalidad a los investigadores policiales y judiciales que investigan todas las fechorías que han cometido.

Esta grave situación nos plantea unas urgentes propuestas para las teóricas mejoras y prácticas en la calidad democrática para el buen gobierno y la lucha implacable contra la corrupción reinante, medida y acciones ciudadanas que sirvan para robustecer nuestro sistema democrático y dotarlo de instrumentos para hacer frente a los nuevos fenómenos a los que nos enfrentamos.

Desde hace algunas décadas el mundo se ha trastocado: la pérdida de valores morales, los cambios en la forma de vida cotidiana, los modos de producción, de comunicación y de relacionarse con la naturaleza, las estructuras sociales y de poder han cambiado radicalmente, la sensación generada de incertidumbre desata inseguridades, tristeza y desanimo ante un futuro cada día más desolador. Y, para colmo nos llega la pandemia, una pandemia que ha puesto patas arriba las teorías y los pronunciamientos actuales y ha dejado a las claras la profundización de la decadencia y crisis del sistema actual, hemos entrado en un período de caos del sistema-mundo, y que está siendo la antesala para la formación de un nuevo orden global. Está dejando al descubierto los intereses de cada cual y la falta de solidaridad existente, algo que nos querían hacer creer que suponía ese sistema globalista universal, ha quedado bien demostrado el desconcierto general existente entre todas las instituciones y organismo a nivel mundial, nos habían embaucado con el invento como un todo fantástico, de todos y para todos, lleno de ventajas y prosperidad para el futuro de la humanidad en general.

Es un reto para la sociedad mundial recuperar la objetividad y el concepto de democracia, ha llegado el momento de romper con ese compromiso ciego, de hooligan de partido del que muchos están impregnados e inoculados y que solo sirve para dividirnos y separarnos de ese ideal democrático que tanto ha costado conseguir a través de los años.

La democracia por la que hemos luchado está en grave riesgo, vivimos en sociedades cada vez más violentas e inseguras. ¿Cuál es la relación entre los desafíos de la gobernabilidad democrática y la seguridad multidimensional? Estábamos en el buen camino de cambiar el mundo de una manera que era difícil de prever en aquellos momentos. Recapacitemos y abramos los ojos a la realidad en la que nos han embarcado, demos de lado a ideologías excluyentes y totalitarias que solo benefician a los fariseos ideológicos y que nos llevan inexorablemente a la ruina moral y económica, un sistema que nos pretende igualar por lo más bajo de la tabla, no nos dejemos engañar por las falsas promesas que nos llevara al paraíso imaginario de los que solo pretenden obtener con ello su propio beneficio. El cambio que han llevado a cabo estas elites totalitarias en el sistema internacional ha afectado no solo a los Estados nacionales, si no a las vidas de millones de ciudadanos y ciudadanas de todo el mundo.

Deberíamos tener la lucidez y el coraje de asimilar que hoy día estamos dentro de un sistema cuya ideología única es el dinero(capitalismo, fondos buitres, grupos financieros) una ideología al margen de otras cualesquiera ideologías ya obsoletas y desfasadas, que están más que superadas en el tiempo y, que nos la siguen queriendo vender con el único objetivo de enfrentarnos, dividirnos y crearnos la necesidad de luchar por utopías que en el pasado tuvieron su motivo para creer y luchar por ellas dadas las precarias condiciones de vida que padecía la humanidad. Hoy ya no son aplicables tales ideologías pues la vida ha cambiado y los problemas y las necesidades son diferentes, no debemos permitir que nos reconduzcan de nuevo a la caverna. ¡¡No debemos permitirlo!!

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