El Gobierno de España en manos de una prensa irresponsable, es grotesco

José Luis Heras Celemín
Por
— P U B L I C I D A D —

Una afirmación mayúscula se asentaba rotunda ante las garras de Benavides y Malospelos, los leones de bronce que hacen guardia en la puerta del Congreso de los Diputados: SIN UNA PRENSA EN LIBERTAD LA DEMOCRACICA ES IMPOSIBLE. Con desazón, los dos, y casi a la vez, percibieron una duda, que bajaba por la Carrera de San Jerónimo abajo y que fue tomando consistencia a medida que a la libertad, que no es amiga de adjetivos, se le iban añadiendo calificativos: ¿Es posible la democracia con una prensa en libertad irresponsable, imprudente o estúpida? Después, los dos, cada uno con sus pensamientos y a su modo, se dedicaron a ponderar las esencias sustantivas de la democracia y de la libertad. Y ante ellos fueron apareciendo las preocupaciones de los indeseados añadidos: irresponsable, imprudente, estúpida…

Estas reflexiones tenían su origen y causa en la actividad reciente de un emblema de la prensa nacional, el diario El País (que en tiempos fue foco de información veraz) generador de los calificativos e inquietudes que flotaban en el ambiente y de algunos otros sentimientos que la caridad leonina intentaba soslayar. Y es que la convivencia democrática española había sido puesta en peligro por el emblema del Grupo Prisa, por no constatar prudentemente hechos, por usar copias y copias de fotocopias para asentar informaciones equívocas y por ocasionar unos gravísimos perjuicios a la realidad nacional susceptibles de ser medidos y tasados en términos económicos, políticos y sociales. Y, lo que es más importante, había comprometido algo que, como la democracia y la libertad, es imposible considerar sin que se remuevan las entrañas de los demócratas y las esencias y cimientos de la sociedad actual: La voluntad nacional salida de las urnas, a punto de ser violada con unas informaciones capaces de tumbar al Gobierno de España y provocar un verdadero Golpe de Estado.

Con el paso del tiempo, la inquietud primero dio paso al enfado y después a algunas conjeturas y preguntas acerca del futuro de una democracia, la nuestra, sometida y expuesta a las irresponsabilidades y estupideces de una parte de la prensa nacional. ¿Cui prodest? ¿A quién beneficia esto: “soltar” informaciones susceptibles de no ser veraces que por el mero hecho de aparecer crean incertidumbre y producen perjuicios importantes? ¿Cuál es la forma de remediarlo y/o evitarlo? ¿Suprimir la libertad de prensa? ¿Obligar a que la libertad de prensa deba incompatibilizarse con la irresponsabilidad, la imprudencia y la estupidez?

El flujo de ideas y enfados que aparecieron, bajo las melenas de las fieras del Congreso y en la mente de algunos, fue tan considerable que, calle abajo o calle arriba, por la acera de la derecha o por la de la izquierda, se fueron sucediendo los temores a posibles acontecimientos supuestos: Un día, a El País le da por cambiar al gobierno surgido de las urnas y lo tumba en un magistral Golpe de Estado incruento, si tal engendro no es de por sí incompatible con tan singular adjetivo. Otro, el diario El Mundo intenta cambiar, y cambia, o no, a un par de ministros, o a media docena que para el caso es lo mismo. Al siguiente, el ABC y La Razón, en comandita o de por libre, tratan de promulgar y dictan, o evitan, una Proposición de Ley o Decreto-Ley sobre alguna actividad social que no merece la pena concretar. Al día después, o de después, La Gaceta y la Hojilla Parroquial, si es que ésta aparece los días de diario, no molesta a la Curia y ambas pueden coincidir en objetivos, intentan, o no, una prohibición o imposición cualquiera. Y, a la vez, o en momentos distintos, la Vanguardia de Barcelona, El Norte de Castilla de Valladolid, El Faro de Vigo, Las Provincias de Valencia, algunos diarios de provincias, los digitales que existen en “la red”, algún que otro Blog, Twitter o Facebook y todos juntos, o por separado, acuerdan, desacuerdan, enredan y desenredan algo sobre cualquier asunto: social, político, económico, deportivo, e incluso gatuno, que parece que hasta los gatos, que siempre anduvieron a la greña, ahora se turban y enzarzan en algunas pantallas de la tele.

El futuro, así vislumbrado y con un Gobierno de España ejercido por un tipo de Prensa ¿libre, irresponsable y estúpida?, aunque al principio produjo inquietud en los leones del Congreso y un enfado consistente en los demás, a medida que el tiempo pasaba se fue convirtiendo en algo distinto: un “cabreo común”, libre de interrogaciones, malhumorado y receloso del que surgió una tenue sonrisa, de ésas que aparecen cuando lo dramático se convierte en cómico y lo trágico en grotesco.

O, esa otra, mueca, mohín más graciosa, desgraciada, que debió aparecer, porque a pesar de la gravedad inexorablemente tuvo que surgir, cuando al director de El País, (Don) Moreno, se le tratara de entrever convertido en Presidente de Gobierno en pugna iracunda, o cambiando el papel de forma amigable, con el señor (Don) Pedrojota, que dirige El Mundo, y a los que, casualidades de la historia y el presente, se les pudiera tratar de ver en el papel de alguna de las Vicepresidentas del Gobierno que, con modelos femeninos, pantalones ídem y con zapatos de tacón o sin él, lo han sido o es.

Imaginado lo cual y supuesto el qué, los leones siguieron a lo suyo, con algunos convencimientos que, a pesar de sus diferencias, percibieron en común desde su puesto de guardia ante la puerta del Palacio de las Cortes: La voluntad nacional es la que es, y, expresada en democracia, merece el apoyo y el respeto de todos, hasta de la prensa y especialmente de la prensa. La libertad de Prensa es absolutamente imprescindible en una sociedad que vive en democracia. Pero el ejercicio de la Libertad de Prensa, con mayúsculas, es incompatible con las irresponsabilidades y estupideces que han sido, son o puedan aparecer en el futuro.

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