El debate andaluz

El debate andaluz
Por
— P U B L I C I D A D —

Llegó el turno a la comunidad autónoma de Andalucía con el primer debate electoral organizado por RTVE entre los candidatos de diferentes formaciones, que, muy sutilmente, fueron colocados de acuerdo con los viejos cánones de la Comuna de París de izquierda a derecha, lo que ya de por sí establece para el potencial elector unas calificaciones predeterminadas: extrema derecha para Vox, derecha para el PP, centro izquierda para PSOE y Ciudadanos, izquierda para la doble marca del PSOE e izquierda nacionalista para la escisión de Podemos en Andalucía. Nada nuevo ni original en el “topicazo” mediático.

Los candidatos demostrarían hasta qué punto ya no hay distinción e incluso hay confusión en las propuestas con que cada una de las formaciones se presentaba.

La candidata de Vox a quien el resto de las formaciones se enfrentaban de una forma u otra, planteó la cuestión en forma que robaba a la supuesta “izquierda” sus anteriores banderas, defendiendo a las clases trabajadoras y denunciando su precaria situación, requiriendo la soberanía popular por encima de tratados y acuerdos internacionales para el uso de los recursos propios y el desarrollo industrial de la región. Unas propuestas que ratificaría en gran medida la representante de la supuesta ultraizquierda.

El candidato del PP, actualmente al frente del gobierno andaluz por el apoyo de Vox y Ciudadanos, intentó mantener esa actitud ambigua tan propia de su formación (salvo en Madrid) en la que es igual decir una cosa que otra, en ese marasmo caótico que la falta de un proyecto propio supone. Se limitó a mostrar esos gráficos (que nadie va a comprobar) pretendiendo demostrar los éxitos de su gestión y dejando al candidato de Ciudadanos su defensa y la posibilidad de subirse al carro del previsible triunfador.

Este último, responsable como parte del gobierno actual andaluz de la gestión de la Junta de Andalucía, estaba obligado a sacar pecho en defensa del PP, pero sin molestar demasiado al PSOE, equivocando de nuevo a su cada vez más escaso electorado (la ambigüedad no vende), sobre todo arremetiendo contra Vox. Es lógico que alguien que ha vivido siempre de lo “autonómico”, no quiera que el arrebaten el chollo. De paso se une al PSOE por si acaso en un hábil juego de supervivencia política.

El PSOE (ya desaparecido como tal por el nuevo “sanchismo” o culto a la personalidad), presenta un candidato que ha vivido y medrado siempre dentro del partido con distintas responsabilidades. Por lo tanto, es un gran conocedor de sus entresijos, peleas, corrupciones y hasta diversiones a costa de los presupuestos públicos. En la misma estela que su jefe no tiene empacho en defender lo indefendible, sobre todo cuando las sentencias judiciales que debían haberse producido antes de las elecciones, han obtenido el privilegio de quedar en suspenso hasta después de las mismas. Luego hablamos de separación e independencia de poderes.

En el batiburrillo de las llamadas “izquierdas” al estilo de esas coaliciones de tres o cuatro personas para llenar una lista electoral, aparece la candidata de ese “popurrí” llamado “por Andalucía” donde se mezclan las teorías globalistas, ecologistas, feministas, LGTBI, climáticas, etc. que desde luego no son las que preocupan a los “proletarios” o “clase trabajadora” de la izquierda, sino que proceden de las élites plutocráticas, el capitalismo, Davos, etc. Son el “sanchismo” en su nueva marca oligocrática, acientífica y subvencionadora. ¡Colócanos a tóos…! Por ello ninguna crítica “pacífica” sobre nuestro papel en la guerra de Ucrania ni a la OTAN.

Finalmente, bajo el nombre de “Adelante Andalucía” aparece una líder sin pelos en la lengua (en eso se parece a la de Vox), sincera y valiente, capaz en su momento de “mandar a hacer puñetas” a la formación de “Podemos”, para marcar su propio andalucismo de izquierdas reales: las que -como decíamos- se preocupan de verdad por la vida de la gente, por el paro, por los estúpidos tratados que impiden el desarrollo pleno de los andaluces, los que prefieren el pan real de cada día, que las esperpénticas razones de la geopolítica que pone al sur al servicio del norte para vergüenza de la izquierda “caviar” (“izquierda exquisita”, según Tom Wolfe). que mama del Estado y de los sudores de los trabajadores.

En definitiva, nada nueva bajo el sol como en otras elecciones plagadas de encuestas oficiales, privadas, interesadas, ingenuas y, en definitiva, viciadas de antemano por los prejuicios de los propios encuestadores o el ajuste a los deseos del cliente. Un momento más para darnos cuenta de que “Así es, si así os parece” (Pirandello) o la capacidad de travestismo personal adecuado al interés de lo que se llama “política”.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.