El Congreso del Partido Popular

El Congreso del Partido Popular
Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

El reciente anuncio del actual presidente del Partido Popular de la celebración de un congreso en el próximo mes de julio es una buena noticia, ya que se trata de que, tanto miembros afiliados y votantes aclaren el proyecto político de la proclamada “derecha” en España, aunque parezca una segunda marca del PSOE para los españoles.

El diseño de la política en la Transición venía orientado por EE.UU. en la misma línea que el realizado para Europa (ya colonizada por USA) tras las dos guerras mundiales. Sobre todo, la 2ª que llevó a la “guerra fría” con la antigua URSS o batalla cultural (que se mantiene en nuestros días) con diferentes temas, donde el clásico marxismo fue sustituido hábilmente por el pragmatismo socialista (PSOE anterior a Suresnes, versus PSOE posterior a Suresnes).

En el régimen político anterior sólo el PCE era recordado por los nostálgicos y sinceros marxistas. Al PSOE ni se le conocía más allá de sus referencias históricas y ya no digo del resto del panel ideológico proveniente de la IIª República y sus variantes democristianas, liberales, etc. Había que encauzar políticamente todo aquello con la Ley para la Reforma Política pilotada por Adolfo Suárez. En las primeras elecciones la llamada UCD señalaba cuales iban a ser las líneas marcadas para el pluralismo ideológico: una socialdemocracia que se llevó a la “izquierda” por delante y un “centro” en forma de coalición que hizo lo mismo con la derecha (“tanto monta, monta tanto”) sin más distinción que la formal.

Sólo era cuestión de distribuir bien las fichas para que el resultado se ajustase al modelo previsto y, al final, existiera un bipartidismo ficticio de “derechas” e “izquierdas” para elegir “democráticamente”. Lo mismo ocurrió en el mundo sindical donde todo se redujo al sindicalismo “oficial” marginando otras opciones. El “pluralismo” político constitucional estaba servido. Entre todos lo mataron y nadie lo defendió en su legitimidad, ni antes, ni ahora. Empezábamos bien en el camino de la democracia y así nos va.

Poco a poco, a base de premiar y privilegiar a unos y menospreciar a otros, el panorama se fue aclarando con esa visión tan simple de dos supuestos bandos que León Felipe denunciaba en sus poemas. “En España hay dos bandos…” y Carlos Arniches llevó al terreno de la farsa con “Los caciques”. Pero, no era suficiente. Había que llegar al pensamiento único con matices decorativos: la socialdemocracia que, además, procedía del régimen anterior y había recibido la bendición de EE.UU. y de otros países europeos. Sólo era cuestión (como en el fútbol) de elegir colores (azul para unos, rojo para otros) y símbolos (gaviota para unos, rosa para otros). Que empiece el partido…

Los alineados en ambas partes se pusieron de acuerdo en quitar de en medio a una formación centrista, con un líder difícil de domeñar, que mantenía una coalición que les restaba votos. Sonaron aires de traición y lo consiguieron. UCD desaparecía como opción política y dejaba libre el campo de juego. Con ella, una gran parte de su militancia y electorado quedaban huérfanos y fuera del “pluralismo” constitucional. Fuera del sistema unos se vieron obligados a salir de él, otros buscaron acomodo en el bipartidismo y otros se marcharon a casa.

La alternancia más o menos formal del PSOE con el Partido Popular, ha sido una constante y ha traído graves problemas al mantener el poder gracias a los diferentes acuerdos con fuerzas nacionalistas (sobre todo) consiguiendo la práctica fragmentación nacional (autonomías) y nuevos enfrentamientos territoriales y sociales en una nación que ya creía superados los mismos. La pérdida de soberanía en la UE ha venido a rematar con políticas absurdas y costosas la destrucción de valores y principios de cohesión, sustituidos por despropósitos convertidos en nueva religión.

Durante todos estos años las supuestas “razones de Estado” han estado siempre tuteladas por los intereses USA y por las diferentes formas de control e influencia que la primera potencia mundial han llevado a cabo (tal como venían haciendo en otros países del “tablero mundial” de juego geopolítico), no ya de manera bilateral, sino a través de la correa de transmisión de la UE, sus instituciones y sus leyes donde el PP ha jugado (y sigue jugando) un papel junto al PPE de grave confusión ideológica transmitida a sus votantes: “Si no los convences, confúndelos” (Truman).

En el PP español existen diferentes “sensibilidades” sujetas por la disciplina de partido y por el inconstitucional mandato imperativo de sus diputados que coarta su libertad en el ejercicio de su función. Otra situación inconstitucional que rara vez sale a la luz en el mundo de la política y que oculta maniobras de otro tipo como la carencia de debate interno. Viven en una especie de limbo (salvo algún caso como el de la presidenta de Madrid o la diputada Cayetana Álvarez de Toledo) de ideas y teorías parecidas a las del gobierno. Es más, lo apoyan, por un lado, mientras lo critican (con la boca pequeña) por otro. No es oposición, es segunda marca del gobierno (tal como está previsto).

Esa actitud falsa confunde a sus potenciales votantes (contrastando con la sinceridad de Vox), que hoy por hoy es la única oposición ideológica real (por eso, tanto el PP como el PSOE pretende eliminarla). El resultado traducido al mundo electoral es que seguirá el juego y las predicciones del CIS, con una cada vez mayor abstención, si se mantiene la ambigüedad y, sobre todo, la misma línea ideológica que impulsa la UE: leyes surrealistas que obedecen a intereses particulares, sistema político de dudosa democracia, donde se invade las libertades y se imponen actos bélicos contra un enemigo inexistente, para llevar a cabo las agendas cada vez más cuestionadas.

El PP es como aquel personaje de dibujos animados en TV llamado “Pascual no doy una”. Desde acuerdos aberrantes (como el del Tribunal Constitucional) que lo ha dejado maniatado en el ejercicio de acciones ante el mismo) no ha levantado cabeza demostrando la bisoñez de su presidente (o sus intenciones ocultas de apoyo escondido al PSOE y a las “agendas” engañando a sus votantes). El primer paso sería la sustitución por alguien de mayor talla política, con ideas claras y sinceridad absoluta sobre su proyecto, desde el primer momento del congreso. La gente ya está muy escamada y no va a dar la oportunidad de más de lo mismo: “quien forma parte del problema, no puede ser su solución”.

La segunda y más importante cuestión es la posición de España ante la UE, la ONU, la OTAN y otros organismos internacionales de los que va a remolque. La soberanía de las naciones está en los genes de la libertad de acción de los estados soberanos, en la propuesta de proyectos propios para su progreso, no en servir dócilmente los caprichos convertidos en normas de cualquiera de estos órganos. Sobran las “agendas”, las “emergencias climáticas” falsas, la “descarbonización”, la destrucción de infraestructuras y, sobre todo, las guerras ajenas.

La tercera es un ambicioso proyecto de recuperación de riqueza de España, reduciendo y en su caso eliminando la deuda con que se ha construido un sistema clientelar que ha pervertido la democracia, ha sido causa de las muchas corrupciones institucionales y personales, así como la vuelta al sentido común y a la racionalidad en el gasto público, donde sobran toda clase de excrecencias políticas revestidas de supuesto interés público y burocracias que en lugar de facilitar la vida a los ciudadanos, los convierte en esclavos al servicio de las oligarquías: “la banca siempre gana”.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí