Dónde está la verdad

Dónde está la verdad
Mohamed N. Abdelkefi
Periodista y escritor.

Muchas veces dije, que lo que leemos y escuchamos repetidamente y sin parar, de la pluma o de la boca de ilustrados con equipaje cultural importante, o de responsables nombrados a dedo por un todo poderoso, o dirigentes auto instalados en lo más alto de la propaganda o quizá publicidad que llamamos por error y pretensión, información, diciéndonos que las sociedades y la humanidad entera, realizó lo que las masas soñaron y desearon, en todas partes y lugares, es decir un sistema organizador de las sociedades y garantizador de convivencia entre ciudadanos en paz y seguridad, según principios, costumbres y reglas, en las cuales todos creen, respetadas por todos, porque garantizan los derechos de todos, cuando todos cumplen con sus deberes establecidos originariamente por aquellos principios y tradiciones. Dijeron y añadieron que lo que se realizó es lo mejor que alcanzó la actual civilización pensando por supuesto, como seguramente entendieron las lectoras y los lectores, en la democracia, considerándola la mejor realización y el mejor sistema en el cual el individuo, el ciudadano goza como derechos allí donde se aplicó la democracia ejemplar.

No hay quien, con dos dedos de razón, niegue que la democracia conocida actualmente, es la mejor a la cual llegaron los pueblos y las sociedades, como sistemas de gobierno y administración de sus asuntos y necesidades. Pero de allí a considerarla perfecta y ejemplar, hay mucha distancia, larga y profunda. Primero no hay perfección en este mundo, y no hay, en lo que el ser humano realiza, hace o pone ninguna perfección, puesto que no hay escapatoria del error, la falsedad o la confusión. ¿Será verdad que los que claman la belleza y la hermosura de la democracia creen en su perfección, y que está sin defecto ni error? ¿Y que su aplicación allí donde se estableció, o la establecieron es justa e irreprochable, respetando lo que lleva como principios, valores, tradiciones y ordenamientos? O es que, como suele ser en todo lo que hacen y dicen, lo que buscan es el lavado de nuestros cerebros, y así dejaríamos el uso de la razón de manera que no vemos los asuntos como son y como están en realidad, con lo que tienen de bueno y malo, bonito y feo, justo e injusto, imparcial y parcial, y tanto más de los principios que se suponen garantizados por la democracia, si está aplicada como se debe, y cuya ejecució) esté a salvo de los gérmenes del egoísmo, del autoritarismo, del deseo de hegemonía, y la práctica del nepotismo, la compra de conciencias, la marginación de la igualdad y mucho más de lo que se convirtió en costumbre generalizada, hasta que su ausencia se convirtió en excepción que llama la atención y que algunos lo consideran salir de lo habitual.

¿Por qué entonces esta ceguera para con los defectos y considerar oro todo lo que brilla? ¿Acaso por ignorancia de los que gritan la alabanza o se dejaron engañar por el sentido de las expresiones mismas? Lejos, muy lejos queda esta suposición, porque a los que tienen lo que hay que decir y tienen la alta palabra, se les puede tachar de todos los defectos, menos de la tontería y la ignorancia; a menos que las plagiaron y las usaron como pretexto (para disimular). ¿Por qué entonces no mencionan ni hablan de los defectos de la democracia – tal y como vemos cómo se practica aquí y allá – y no mencionan más que sus ventajas y virtudes? ¡Por algo será! Algo cuya explicación y aclaración necesitan medios procedentes de muchas ciencias; la primera de ellas será la psicología y la ultima será la economía, pasando por la ciencia de orientación de las masas y la manera de dominarlas técnica y pacíficamente, aparentemente consintientes y convencidas. Dejemos aquí la ciega obediencia, y utilicemos el cerebro y la razón – aunque estén lavados y drogados – para ver, aunque sea por un segundo, las verdades de estos asuntos con un simple ejemplo. Si un ciudadano cualquiera, tiene un negocio, o una finca o cualquier actividad para ganarse la vida, y va a ausentarse para largo tiempo ¿a quién encargaría la gestión de sus asuntos? ¿No será a un amigo de confianza, cuya competencia y honradez las tiene conocidas, probadas y comprobadas? Por supuesto que sí. Es así como solía, suele y sigue actuando la gente, con tal razonamiento para asegurarse de tener su negocio a salvo, el éxito de lo que confíen y garantizar sus rendimientos. ¿Acaso no es esta la base del comportamiento que se debe adoptar ¨democráticamente¨ cuando se trata de elegir representantes que van a cuidar y vigilar los asuntos de los ciudadanos? La razón y el sentido común responden que sí, así debe de ser. Pero no se ha seguido este procedimiento de ninguna manera, en ningún país del mundo, pequeño o grande, avanzado o retrasado – o, perdón, en vías de desarrollo – lo que impone una pregunta y es: ¿Por qué? Porque los que tienen la última palabra quieren las cáscaras no las pulpas, quieren los nombres no sus sentidos. Así ni el elector conoce a su representante, quien va a hablar en su nombre, ni el diputado sabe lo que tiene que saber sobre sus electores o sobre las necesidades de la región que representa. Si sabe algo no es suficiente; porque no existe ninguna relación entre el elector y el elegido. El que gobierna también vive en su torre de marfil, como se suele decir, se entera de la situación del pueblo a través de sus canales de información, muchas veces errónea, sin garantía de veracidad y realidad, porque a veces se retoca en más o menos, se limpia o se maquilla por razones múltiples, algunas de ellas son solo para satisfacer al gobernante. Gobernante elegido que vive lejos, separado de sus electores, no conectado con los que lo asentaron en la silla del mando, conexión que le permita tocar sus problemas y sus sufrimientos; si alguna vez lo hace, es a través de la radio, sonido e imagen donde saben, los enterados, cómo se preparan y se ordenan las preguntas y las respuestas.

¿Acaso lo que acabamos de enumerar como defectos y vicios es difícil de cambiar o corregir? Por supuesto que no. ¿Y acaso esto quiere decir que los que tienen que hacerlo ignoran aquellos defectos? No los ignoran naturalmente, son los más dignos para conocerlos. ¿Por qué no intentan entonces la reforma? Repito mi respuesta a eso con una expresión árabe: ¨por una razón que tiene Jacob¨. En cuanto a las soluciones, son posibles, muchos son los medios, y no falta más que la voluntad, y esta – a lo que parece – la impiden los partidos y su dominio en el escenario político, lo que hizo que los ciudadanos voten para un partido no para una persona o personas; y cualquier cambio hace perder a los partidos su posición y su autoridad. Esta opinión o esta propuesta, nos lleva a la autoridad legislativa cuyo deber, en tal situación, es cambiar o modificar la ley electoral hasta que los ciudadanos puedan elegir y votar por unas personas no para unas listas y partidos; esta opinión no es más que un ejemplo que demuestra que la mejora es posible, aceptable y necesaria, y que creer en la perfección en cualquier acción humana es un error y un desvío o extravío, y que el progreso científico–técnico y su rapidez necesita encararlo un progreso humano , progreso social para conseguir el equilibrio y la moderación. Este progreso depende de la total emancipación ciudadana, la verdadera libertad de la cual gocen los ciudadanos, y lo mejor que hay actualmente en el escenario como regímenes políticos es el democrático a pesar de sus defectos, que obligan a buscar su desaparición o disminuir, aligerar sus daños.

Si observamos todo esto, veremos que las responsabilidades son muchas y los deberes más; sabremos que estas no dependen de una persona o una institución u organización, porque son responsabilidades y obligaciones colectivas; cada administración, departamento, institución, consejo o asociación, cualquier organización nacional, tiene su papel personal que debe cumplir para que otro pueda cumplir lo que debe, puesto que los asuntos y las realizaciones están entrelazadas, la realización de este depende de finalizar aquel. Si se materializaran todas estas opiniones y su realización en una imagen, se vería algo parecido a una manada de hormigas unidas y solidarias, cada una corriendo en su dirección con su carga encima, en orden y coordinación con el otro y el final no es más que llevar las provisiones al nido para conservarlas antes de que caiga la lluvia o soplen las borrascas.

Publicado en diario tunecino Essarih y traducido por el autor.

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