Dónde está la España que conocí

Mohamed N. Abdelkefi
Periodista y escritor.

Hace pocas semanas, finalicé una serie de artículos –en árabe– titulada dónde está la Libia que conocí, porque ni lo que ocurre, ni sus protagonistas, ni la pasividad de muchos, ni la aceptación, cuando no es  la complicidad, de la intervención extranjera concuerdan, encajan con la Libia que conocí en la aurora de su independencia y durante más de una década de consolidación de la misma y la edificación del estado. Ante el panorama “político” que presenta España desde hace ya un buen rato, y siguiendo sin entender, la tragedia o es la comedia, o quizás la farsa, o los tres géneros del arte teatral juntos que ofrece el escenario político, me quedo atónito porque nada de lo que veo y oigo me suena a lo que de España conocí. 

Tuve la suerte y una gran experiencia en mi vida profesional de periodista, de vivir día a día, casi minuto a minuto, el cambio maravilloso –algunos dicen milagroso-  que realizó España para salir indemne de un régimen de poder personal a otro democrático, sin romper huevos para su tortilla ni perder tiempo que era preciosísimo, y en un tiempo record, pacífica y solidariamente, emergió para tomar su sitio en el concierto de las naciones. Tuve la suerte también de conocer en persona a la mayoría de los edificadores de la nueva España desde el Rey hasta el considerado entonces “el diablo”, el señor Carrillo, pasando por el maestro del diálogo, el señor Suárez y casi todos los actores políticos de entonces que pusieron DE VERDAD, España y los españoles por delante, sacrificando muchas de sus reclamaciones y partes de sus programas político-sociales en favor del entendimiento y la concordia, es decir en favor de España con todos sus españoles. No era extraño que apenas terminada la ejemplar transición, escribiera un libro sobre la misma con el título ESPAÑA DE LA DICTADURA A LA DEMOCRACIA – EJEMPLO A SEGUIR. El ejemplo más llamativo era la consulta cualquiera que tenía algo que opinar o decir para ponerlo después en la máquina del diálogo, diálogo no monólogo porque como escribí en aquel entonces: “…el Señor Suárez concentró sus esfuerzos en el diálogo y para decir la verdad, encontró dialogantes competentes, moderados, dispuestos a la cooperación y la solidaridad, dispuestos a los más grandes sacrificios en favor de la realización del deseo de todos que es levantar una convivencia perdida… Los líderes de la oposición y los grandes políticos demostraron ahínco, moderación, y expresaron su plena disposición a aceptar grandes sacrificios con condición de levantar el deseado y esperado estado…. El derechista aceptó colaborar y cooperar con el izquierdista, el izquierdista y el republicano aceptó la cooperación con el monárquico, aceptó la monarquía misma que prometió por la palabra del mismo Rey que será una monarquía constitucional, parlamentaria.”

Mucho más que esto, constaté, viví y escribí sobre la España de aquel entonces, con un gobierno que durante media década dirigió el barco sin mayoría absoluta, en una situación claramente más difícil política económica y socialmente; compleja y complicada, que necesitaba el esfuerzo y la aportación de todos para tomar el rumbo adecuado y deseado; todos sin excepción, Corona, gobierno, partidos, sindicatos, obreros y empresarios, asociaciones civiles, estudiantes, todos cada una y cada uno en su ámbito y círculo de responsabilidades puso su grano de arena y se levantó el edificio. ¿Dónde está todo aquello ahora? El pueblo, por medio de las urnas pronunció su palabra: nada de mayoría absoluta y al diálogo. Por desgracia no hay dialogantes; no por falta de competencia sino por falta de voluntad; porque no es el interés de España y de los españoles lo que se busca, sino el de los partidos; el resultado es lo que vemos, cada uno quiere que el agua tire hacia su molino, no se oyen palabras como programa, social, economía, acuerdo, consenso, España, españoles y tantas otras del vocabulario de edificación y gobernanza de países y estados con regímenes democráticos. No se oye más que fulano y mengano, cuánto me das a cambio y algo parecido al regateo de zocos pobres y baratos. ¿DÓNDE ESTÁ LA ESPAÑA QUE CONOCÍ? No la encuentro por cierto en el panorama político que se convirtió en “dar mal-lama” según la expresión tunecina, o sea casa de maestra, donde aprendían las chiquillas algunas labores y reñían todo el tiempo: aquella me quitó mi sitio, la otra no me da lo mío y aquella no la quiero a mi lado. Es un panorama lamentable que se ofrece desde las últimas elecciones cuyos resultados son lo que claramente quiere el pueblo; un programa de gobierno con consenso, fruto de diálogo y negociaciones para el único interés nacional. ¿Acaso tan difícil es esto? No lo creo pero aquel que se sienta incapaz que salga de la arena y deje el sitio al que puede.

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