Donde dije, digo…

Donde dije, digo...
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Enric Juliana comparaba esta semana en La Vanguardia la actividad política de Pedro Sánchez con la de un ajedrecista jugando a la vez en más de un tablero. Mientras pensaba que conseguiría toda la atención este miércoles pasado explicando “presidencialmente” la propuesta del plan de recuperación económica de España, precisaba Juliana, plan que aún debe requerir la aprobación de Bruselas y de las Cortes vía los presupuestos, saltó, sin embargo, la noticia del Juez de Instrucción García Castellón pidiendo que el Supremo investigue a Pablo Iglesias (al estar aforado) por organizar una falsa conspiración (asimismo, amparo por las consiguientes amenazas recibidas).

Pero, no solo eso. En otro tablero también hubo una jugada importante. El Tribunal Superior de Justicia de Madrid anuló el cierre de la capital de España impuesto por el Gobierno central a la Comunidad de Madrid. Una cosa son las normas y otra que éstas se ajusten a derecho, incluso con la mejor de las intenciones, que es lo que hay que prestarles a Salvador Illa y Fernando Simón, la pareja derrotada en la lucha contra el virus diabólico.

Cuando se empieza mal, se suele seguir mal. Si se adoptaron medidas en marzo habiendo podido hacerlo en febrero, es que se pusieron las pilas tarde. Actuar tarde y bien es imposible. Si el capitán de un barco hundiéndose tarda en arrancar las bombas de achique y en ordenar la evacuación del pasaje, lo más probable será constatar luego desgracias de todo tipo. En todo caso, buena materia para una comisión independiente de expertos (¿pronto?), si bien quien le otorgue credibilidad, ahora, a esta pareja, posiblemente compraría cualquier remedio milagroso en algún mercadillo. Lógico, pues, que haya quien diga que su tiempo ha pasado.

Hizo bien, evidentemente, el Gobierno de la Comunidad en acatar las medidas del Ministerio de Sanidad, que tenían su lógica y era legítimo que Isabel Díaz Ayuso las recurriese. Incluso cuando uno es favorable a una norma, conviene asegurarse de su legalidad. En anglosajonia, otro contexto donde reina el derecho consuetudinario, lo llaman “to test the law”. Ventajas y desventajas de vivir, afortunadamente, en una democracia liberal y parlamentaria. Solo falta que piensen en los administrados y que acierten en algo.

Parece legítimo preguntarse qué han hecho bien nuestros políticos de cara a la segunda ola de la pandemia. En la primera, suspendieron. “Nos cogieron desprevenidos, como a todos los demás”. Consuelo de tontos. Pero, consuelo reincidente si se examina en qué condiciones materiales y legales estamos para combatir la segunda ola, y eso que tiempo no es lo que les ha faltado … Otro cero patatero.

Ayuso pidió concertación con dudosa sinceridad. Sánchez, impuso las medidas con un Estado de Alerta madrileño impopular. Dentro de 15 días Casado deberá retratarse en el Congreso de los Diputados, salvo que no sea necesario prorrogar este Estado de Alerta. Cuando se reunieron con las 24 banderas Sánchez y Ayuso nos prometieron otra cosa. Los sindicatos policial y de la Guardia Civil piden ordenes claras y jurídicamente respaldadas.

Otro tablero para La Moncloa es el de la Monarquía. Desde hace años, el Rey preside la entrega de despachos a la última promoción de jueces, un acto solemne, institucional, apartidista. Parece que la ficha real fue intercambiada con algún peón separatista catalán para que Felipe VI no se desplazara a Barcelona a finales de septiembre para entregarlos. Ninguna explicación verdaderamente justificable se ha dado. El propio Ministro de Justicia balbuceó para justificar tanto lo inexplicado como que el Rey fuese este viernes a Barcelona.

Tan mal quedo el Gobierno con la politización de la ausencia real en ese acto que, esta semana, Sánchez quiso acompañar a Felipe VI. ¡Tres veces en una semana y una de ellas en Barcelona! Esperemos que se habrá dado cuenta, debidamente asesorado por Iglesias, que con el Rey no hay que jugar porque simboliza la Constitución, la Transición y la convivencia pacífica. España, su unidad y su orden constitucional. Está bien que haya rectificado, aunque sea más oportunista que sabio. Sin embargo, como en lo otro, tarde.

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