
Ocurrió tras las elecciones del 20 de diciembre pasado, hace casi once meses. Y de nuevo, tras la segunda edición de los comicios, el último 26 de junio: el resultado de las urnas arrojó una composición del Congreso de los Diputados que hacían prever una formación de mayoría para formar gobierno tan endiablada como, sin ir más lejos, está resultando.
Sólo que hoy, a diez días de una presunta investidura —aquí nada es seguro hasta que se demuestre lo contrario—, tras la primera fallida de Rajoy entre el 31 de agosto y el 2 de septiembre, tras la movida de Ferraz que mando a Pedro Sánchez —literalmente— de vacaciones, tras el encumbramiento y encastillamiento de Iceta en Cataluña, los malabarismos aritméticos corresponden sólo al PSOE.
Y en esas están, deshojando la margarita entre reunión de la Gestora presidida por Tristón y conclave de los grupos parlamentarios en ambas Cámaras de las Cortes, sin definir aún qué van a transmitir el día 25 al Rey. Justo han conseguido en ponerse de acuerdo en que este domingo van a hacer un Comité Federal de esos que tan grandes momentos nos vienen dando últimamente.
Un sin vivir, oiga, lo de los socialistas: que si se abstienen todos en bloque —una abstención técnica, que se dice ahora—; que si cuarto y mitad (catalanes, baleares y cuarto y mitad de castellano leoneses, cántabros y vascos) se saltan a la torera la disciplina de grupo, emperrados en el “no es no”, silogismo convertido en mantra a base de repetirlo; que si once diputados se ausentan de la votación con la excusa de que tienen un pollo en el horno; o que si deciden que, de perdidos al río, se arrojan al caudal proceloso de unas terceras elecciones y salga el sol por Antequera.
Pero da igual. Hagan lo que hagan, la fractura en el partido socialista no tiene costura, parche ni remiendo. No, desde luego, a corto y medio plazo.
Cómo será la cosa que el debate de investidura que se adivina nos puede traer imágenes tan pintorescas como que Pedro Sánchez, turista del año, ni siquiera esté en el Congreso de los Diputados. Dicen que espera la decisión del Comité Federal para darse de baja. O que el mismo Antonio Hernando, pregonero contumaz de la negativa socialista a un gobierno del PP explique, desde donde tantas veces dijo que no, que ahora sí, pero… Como las negaciones de San Pedro, pero al revés.
Si estos once meses de cabezonería socialista no nos hubieran desgastado tanto en credibilidad, en inversiones, en crecimiento, en bloqueo legislativo y social, no me digan que no sería para partirse de risa…


















