Defensa y seguridad nacional

Día de las Fuerzas Armadas 2016
Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

Tras haber asistido al reducido desfile militar del Día de las Fuerzas Armadas y haber observado la escasa asistencia al mismo por parte de la población, me parece oportuno compartir algunas reflexiones sobre lo que son y significan los conceptos del título que encabeza estas líneas.

Mientras que, por una parte se nos bombardea con las “amenazas” de un tipo o de otro desde todos los medios de comunicación (fiel correa de transmisión de los argumentarios políticos), tenemos una sociedad a la que no parece preocupar tales amenazas y, por ello, a pesar de la buena “calificación” que les merezcan sus fuerzas armadas, no comparten con ellas este día tan especial.

Hay que hacer notar que tampoco lo deslucido del acto produce ningún atractivo emocional. Pocas personas en un acto tan importante (muchas menos que las que, por la noche, van a inundar el mismo espacio con motivo de la final de la “Champions League”) y en un mundo donde la “defensa” y la “seguridad nacional” empiezan a ser vistas a través de prismas menos oficiosos y más críticos con las estructuras militares. Una crítica que nace de los dudosos conflictos bélicos que, desde hace años, nos vienen ocupando arrastrados por nuestros compromisos internacionales.

La llamada de Barak Obama (principal interesado en el asunto) requiriendo el gasto mínimo del 2% del PIB de los países que componen la UE, demuestra el interés por mantener industrias militares y defensivas desde el otro lado del Atlántico, como medida de apoyo a las maltrechas economías americanas, en ese mestizaje político-privado-militar de intereses, donde es difícil discernir cual de ellos es más importante y hasta qué punto cada uno sirve al otro. Mientras tanto, la Unión Europea muestra sus carencias de políticas comunes europeas para la seguridad de la llamada “eurozona”.

Ni siquiera los “líderes” de los partidos políticos o los de gobiernos regionales (la propia presidenta de la Comunidad de Madrid ha considerado más importante el partido de fútbol en Milán), creyeron oportuno estar al lado de esas fuerzas armadas. Rajoy estaba con los empresarios del Círculo de Economía; Sánchez declaraba desde otro lugar la “importancia de cumplir con el 2% de defensa” en la misma línea que Obama y con el mismo guión de su antecesor Zapatero; por su parte Rivera prefiere hablar de la “defensa europea” en su conjunto y, desde Podemos, advertían de la inutilidad actual de la OTAN (quien sabe si para hacer la misma maniobra de Felipe González en su día). Tanto en unos como en otros casos el “guión” partidista dejaba al lado el verdadero debate sobre el tema.

Un debate que empieza (o debería empezar) por la evaluación de los riesgos reales a que cada país se va a enfrentar en los próximos años, denunciando la creación artificiosa e interesada de conflictos cuando se producen. Otra cuestión es nuestra política de alianzas o de alineación al lado de unos u otros provocando riesgos innecesarios a la seguridad nacional. Otra muy diferente es hasta qué punto tales alianzas nos sirven para peligros interiores, como ocurrió con ETA o puede ocurrir con el separatismo en otras regiones españolas.

La defensa y la seguridad de los ciudadanos de cada país tiene unas características propias de su historia o de su cultura. No valen los “frentes” comunes desde distintas posiciones políticas o geoestratégicas, como tampoco valen las “recetas” económicas de desarrollo y crecimiento social en personas y sociedades que han estado históricamente alejadas entre sí, como ocurre con el norte y el sur de Europa o como ocurre en el caso de la UE en su conjunto y EE.UU o Canadá. El Atlántico sigue siendo un foso que permite el alejamiento físico, intelectual y conceptual entre ambos continentes.

No se trata de defender difusos “valores democráticos” occidentales que vemos hacen agua por todos sus costados. Ni de luchar por supuestos estados donde el “orden” se considera Derecho, con el consiguiente riesgo de regímenes autoritarios y despóticos. Se trata de defender la libertad en su conjunto y las libertades que nos son propias a cada uno de nosotros. Se trata de respetar las costumbres, tradiciones, formas de vida y desarrollo que cada uno deseamos, en lugar de sufrir las imposiciones de modelos o patrones extraños. En ello está la esencia de la defensa de las naciones y su seguridad interior. En ello está la función de las FF.AA. y de los cuerpos de policía y seguridad interior. En evitar las imposiciones que arriesguen nuestra libertad, en evitar los conflictos que puedan constituir un riesgo posterior, en defender nuestras vidas en lugar de exponerlas a nuevos y constantes peligros.

Los ejércitos deben tener una relación proporcional con los riesgos reales de cada momento, no con los inducidos por otros para provocar nuestro gasto del 2% del PIB en beneficio de la industria militar y de las economías hegemónicas o de los “lobbies” financieros.

España, afortunadamente, permanece escasamente posicionada en esta escalada bélica que tiene como escenario el Próximo Oriente y, con mucha prudencia, viene jugando sus bazas diplomáticas y políticas en el seno de la UE y de la ONU ateniéndose a las resoluciones conjuntas. Esas que son objeto de presiones y exigencias por una parte o de actitudes más benevolentes con los “nuestros” por muy “hijos de p….” que sean. Tenemos casos muy cercanos del doble rasero con que se tratan las cuestiones internacionales por países que no buscan el acuerdo, sino la humillación o la destrucción de quienes les conviene en cada momento, bajo las excusas más triviales.

Nuestra defensa y seguridad están en buenas manos, siempre que sepamos distinguir cuando nuestros intereses reales están en juego y cuando estamos defendiendo intereses ajenos que nos pongan en primera línea de respuestas. Los retos más importantes por ahora son conseguir declinar educadamente todo aquello que se nos venda bajo las campañas de publicidad mediática y política más groseras. Mantener un compromiso de “defensa” con aliados está muy lejos de convertirnos en peligros para otros, en participar en misiones claramente provocadoras de muerte, destrucción y odios. Nuestra paz interior y nuestra seguridad personal van a estar en juego en muy poco tiempo. Ojalá sepamos prevenir antes que caer enredados en las trampas que nos acechan.

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