Confesión de parte

Confesión de parte
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

Se entiende como tal en el argot jurídico el axioma que releva a la otra parte de tener que probar algo, cuando se ha producido la confesión de la parte principal.  En la Ley de Enjuiciamiento Civil se contempla en los artículos 299 y siguientes como “pruebas de confesión”.

Pues bien, en una entrevista al diario “Ara” el pasado lunes 8 de febrero, el actual vicepresidente primero del gobierno Sr. Iglesias, ha declarado que en España “no hay una situación de plena normalidad política y democrática”, refiriéndose —al parecer— a la situación de los líderes del independentismo catalán Oriol Junqueras y Carlos Puigdemont. Con ello contradice a su compañera de gabinete y ministra de Asuntos Exteriores Sra. González Laya en su respuesta a su colega ruso Levrov por la misma causa afirmando lo contrario.

Las reacciones de lo que queda del socialismo español (escaso) no se han hecho esperar y han solicitado el cese o dimisión inmediata del Sr. Iglesias, sin que el gobierno (que ya no tiene nada de socialista español) se dé por aludido. No obstante, las típicas filtraciones a los medios afines (casi todos) hablan de la existencia de diferentes opiniones al respecto, lógicas en una coalición de partidos con programas diferentes donde cada uno puede ir “a su bola” según le interese. Parece ignorarse que el gobierno de la nación es un órgano colegiado cuyos actos implican a todo el consejo de ministros.

En todo caso parece que sigue el juego de las contradicciones en la bicefalia gubernamental, que ya se conocía como la representación del “bueno” y el “malo”, muy arraigado en el PSOE desde el principio de la Transición e identificado con las figuras del presidente y del vicepresidente respectivos. En el fondo, todos con el mismo interés de mantenimiento del cargo. Es una buena estrategia que lleva a la confusión de los ciudadanos, que no supone ningún compromiso específico y, en todo caso, los principios son cambiables (según Groucho Marx): “OTAN NO” (antes de Suresnes) “OTAN SI” (después de Suresnes) por ejemplo. O, más actual: “arriba parias de la Tierra” o “nacionalizaciones” (antes del gobierno) al servicio de la plutocracia mundial (ya en el gobierno).

Las circunstancias de las elecciones catalanas y los antecedentes de los resultados en las elecciones vascas y gallegas para ambos partidos harán más visibles esas contradicciones aparentes por motivos puramente electorales. Queda al buen criterio de los electores de Cataluña que no les den gato por liebre y a los electores del resto de España escapar de las sombras de la caverna de Platón y de su anestesia mediática.

La “anormalidad política y democrática en España” denunciada por —nada menos— que la segunda cabeza del gobierno, no debe escandalizarnos ni mucho menos sorprendernos cuando, con la excusa de la pandemia, se está produciendo una reducción importante de las libertades públicas, se está abusando de la práctica inexistencia de control parlamentario en la normativa y se está colando poco a poco una “agenda” política impuesta por los poderes de los “lobbys” del capitalismo mundial (hay un interesante trabajo del IEEE /documento 12/2021, sobre los llamados “grupos de presión” y sus actividades).

La “anormalidad política y democrática”, viene dada desde que el Parlamento no puede llevar a cabo sus funciones de control del gobierno, al estar confinado de forma permanente desde hace más de un año o bajo el rodillo impuesto por las mayorías parlamentarias. De nuevo la Constitución Española se resiente en todas sus costuras (artº 108: “El gobierno responde solidariamente en su gestión política ante el Congreso de Diputados”.). La prórroga hasta el verano del estado de alarma, los decretos/ley ajenos a la situación sanitaria, metidos con el calzador del rodillo parlamentario, la falta de control parlamentario del gasto público y de la inflación de altos cargos con familiares y “allegados” (nuevo término para los “amiguetes”), no señalan precisamente una normalidad política y democrática.

Pero hay más. La ya constatada presión del ejecutivo sobre los poderes jurisdiccionales encargados —entre otras cosas— de aplicar la ley igualmente y sin discriminación alguna a todos los españoles (Artº 14 de la C.E.), el rechazo masivo por parte de la Fiscalía del Estado (que no del gobierno) de las demandas legítimas en la gestión gubernamental, la pasividad resignada con que la sociedad civil se ha  puesto en sus distintas organizaciones al servicio del gobierno, hasta el punto de no distinguirse lo que es institucional de lo privado, el intento de manipulación y contaminación política clientelar de los Tribunales de Justicia y del mundo del Derecho, parecen dar la razón al vicepresidente del gobierno en cuanto a la “anormalidad política y democrática” denunciada.

El clientelismo político con cargo a los presupuestos públicos, la práctica “okupación” de los medios de comunicación (recordando la prensa oficial de las dictaduras), las censuras a las críticas legítimas y las amenazas a la libertad de expresión desde las instituciones que deben proteger precisamente las libertades y derechos o las imposiciones globales y oligopólicas capitalistas sobre los gobiernos nacionales, tampoco desmienten las palabras del Sr. Iglesias sobre “anormalidad política y democrática”.

Con respecto a la cuestión de los “presos políticos” a que se refiere el Sr. Iglesias sólo para los casos de sus “allegados” o de los señores Junqueras y Puigdemont que luego parecen “afinarse” en sus resultados, hay que tener en cuenta que en Cataluña se han producido hechos que atentan contra el Estado, su unidad y su permanencia (que debe ser arbitrada y regulada por la Jefatura del Estado), desde los propios cargos del Estado y con los propios fondos del Estado. Más aún, los que han actuado como promotores de la independencia de Cataluña, no han tenido la honestidad de renunciar a sus privilegios procedentes del aborrecido Estado Español, sino que se han aprovechado de ellos abiertamente. Todo ello, en cambio, parece que sería “normalidad democrática” para el Sr. Iglesias.

Pero ya en primera persona, los privilegios que el propio vicepresidente tiene en su vida privada (desde el nombramiento de su pareja como ministra, sin tener las mínimas condiciones para tal responsabilidad, hasta el último episodio del pago con fondos públicos de la prestación de servicios privados, pasando por la restricción de las libertades fundamentales de movilidad ciudadana alrededor de su domicilio) no son muy propios de normalidad democrática del Estado, sino más bien todo lo contrario. Parece que tiene usted razón Sr. Iglesias y hay que dársela.

2 Comentarios

  1. Muchas gracias Antonio por tu matización y tu comentario. En efecto me he perdido un poco en el organigrama oficial y me he ido a la situación real donde hay una bicefalia Sánchez-Iglesias y la Sra. Calvo ni pincha ni corta (al menos eso parece). Un saludo.

  2. Suscribo completamente lo que dice el autor.
    Solamente una pequeña matización: Aunque de facto, PabLenin Iglesias es el número dos del desgobierno -si no el número uno en algunas cosas (“si quieres seguir de presimiente, no te salgas de los límites”)-, realmente es el vicepresidente segundo, detrás de la primera, que es la singular -por ser suave- Carmen Calvo.

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.