Comienza el baile

Comienza el baile
Juan Laguna
Colaborador de Fundación Emprendedores.

Terminaron las elecciones políticas de todo tipo y ahora comienza el baile, el “postureo” y los remilgos de unos y otros, para los gobiernos (en realidad las administraciones públicas) locales, regionales y nacional del Estado.

Durante unos meses, desde las elecciones para las Cortes Generales hasta estas fechas, vamos a asistir al espectáculo de lo que se considera “política”, pero que no pasa de ser estrategia para conseguir el poder sobre los demás, en base al sistema injusto electoral que se ha fosilizado desde el cambio de régimen político. Los resultados en escaños nada tienen que ver con los votos reales obtenidos y la legitimidad (que no la legalidad) del proceso resulta cuestionable.

Por una parte, los medios de comunicación (el llamado cuarto poder) se han ido encargando de “modelar” la opinión pública, de acuerdo con intereses ajenos a la Política de verdad, donde priman más los aspectos de espectáculo que los proyectos definidos para España. Predomina la imagen sobre la mayor o menor solidez intelectual, política o profesional, de los que dicen representar a los ciudadanos.

Por otra, tenemos a una sociedad perdida entre mensajes que no entienden, a los que deben votar ineludiblemente, optando por seguir la inercia del entorno social, mediático o familiar. La identificación con la imagen de los candidatos es más importante que la confianza que se tenga en ellos. De esta forma vemos como se sigue apostando por mentirosos, corruptos, incapaces o tramposos, siempre con la excusa de “todos son iguales”. La resignación viene a justificar los errores en la designación.

Por último, tenemos a los partidos políticos que, según el artículo 6º la Constitución: “expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular…”. Todos ellos convertidos en máquinas electorales cuyo único objetivo es vencer en las elecciones, bajo principios políticos similares (socialdemocracia) aderezados con la apropiación de “mantras” predeterminados fuera de nuestras fronteras que responden más a diseños sociales que nos van imponiendo.

A estos partidos y a su sinceridad o impostura vamos a referirnos a partir de los resultados electorales obtenidos, siguiendo el “clásico” y anticuado esquema de “derechas” e “izquierdas” que siguen ensombreciendo el pluralismo real de la sociedad y ahogando la superación de los viejos fantasmas y el rencor que todavía enfrentan a los españoles.

En el caso de las supuestas izquierdas, tenemos un PSOE cuya estrategia se ha puesto a los pies del “gurú” de turno (un simple analista político procedente de las tertulias mediáticas), que ha sabido manejar la situación a favor de quien le paga. Tal estrategia parece haber dado resultados en varios frentes. Por una parte, se ha agitado el miedo a la supuesta “ultraderecha” desde los ámbitos de la comunicación y desde el discurso político y, por otra, se ha sabido erigir como el único baluarte frente a ella. Le ha comido el terreno a todos los que se creían imprescindibles (principalmente a esa extraña denominación de “Unidas Podemos” basada en el género y a los “nacionalistas”), jugando con ellos para primero conseguir el apoyo a la moción de censura y después comprarlos con cargos o dinero público. No sólo eso, los ha fragmentado en grupúsculos enfrentados que han perdido fuerza y votos por lo complicado de su identificación. El tan denostado (por los suyos) Pedro Sánchez ha resultado ser otro “tahúr del Missisipi” (en palabras de Alfonso Guerra) con más habilidades y menos escrúpulos que su antecesor. El “sanchismo” ya no es el socialismo que conocíamos, sino la sustitución de las viejas generaciones (como en Suresnes) por otros más decididos a tomar el poder a costa de lo que sea. Incluso con la fragmentación de hecho (“la autodeterminación de los pueblos de España” de Suresnes) del Estado y sus ciudadanos.

Pero ¿qué pasa con el resto hacia lo que se supone “derecha”? Inmersos en una guerra de protagonismos personales y tergiversaciones políticas, tanto el Partido Popular como Ciudadanos, están todavía discutiendo sobre “galgos” y “podencos”, tras haber intentado ser más “progres” (socialdemócratas) que la izquierda. Las desatinadas y erráticas políticas de unos y otros, han sembrado la confusión durante estos últimos años al tratar de buscar un espacio mucho más inexistente: el centro.

Ciudadanos es una formación que nació gracias a su enfrentamiento a la inmersión lingüística en Cataluña, pero con un aluvión ideológico y personal predominantemente socialista o socialdemócrata (más de lo mismo) que, en un principio y durante mucho tiempo, rechazaron cualquier veleidad liberal aunque últimamente han debido escudarse en un llamado “liberalismo progresista”, buscando una identidad propia (como los “personajes en busca de autor” de Pirandello) y una identidad europea. De ahí vienen sus continuos bandazos y contradicciones que veremos en los posibles pactos con el PSOE “para evitar los nacionalismos y populismos”.

De entre todas ellas, cortadas casi por el mismo patrón, sobresale Vox. Un partido surgido de las contradicciones “progres” del PP y Ciudadanos, pero también del hastío de las clases populares (el pueblo soberano) de toda la “casta” conocida hasta el momento. Son herejes en un mundo de lo “correcto”, dicen verdades como puños que entiende la gente (como en su día Podemos), tienen el valor de denunciar las imposturas y las manipulaciones y pretenden recuperar la dignidad de una nación cuyas grietas y costuras amenazan con la desmembración. Es el enemigo a abatir entre todos, porque saben que está en juego la supervivencia de sus privilegios clientelares (entre ellos el actual sistema autonómico o las excrecencias institucionales donde seguir sacando jugo a las ya exiguas ubres del Estado).

El baile ha comenzado y todos buscan proyectar su mejor imagen -aunque sea impostada- para obtener más poder que los demás, pero se olvidan una vez más de que “la soberanía nacional reside en el pueblo español” y que ellos son o deben ser unos simples “mandados”. Esa es la esencia de la democracia y no caben “cordones sanitarios” ni posturas falsas que intenten ocultar sus vergüenzas.

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