Cambio de tercio

Portavoz del Gobierno vasco
Serralaitz
Serralaitz, el seudónimo usado por el autor en atención a su lugar de nacimiento, es un localismo que corresponde al nombre dado en la zona a una sierra riojana: la Sierra de la Hez, un conjunto de montañas en el corazón de La Rioja, entre las comarcas de Rioja Baja y Alto Cidacos-Alhama y Cameros y a una altura superior a los mil metros. Desde esa altura, cuando no hay niebla, las cosas se aprecian de una forma muy especial.

Uno ya está acostumbrado, pero llega un momento como el actual en que los cambios de papeles y las alianzas entre partidos y grupos rompen todos los esquemas y previsiones.

Hoy por hoy, mientras la Generalitat de Cataluña reclama la paralización de casi toda la actividad económica, esa Generalitat que ha manifestado hasta ahora una oposición cerrada y rabiosa al Gobierno de Coalición en plaza, el Gobierno vasco, que votó a favor de este mismo Gobierno central bajo la presión del empresariado vasco, critica la política económica de ese Gobierno central y exige asumir por su cuenta la dirección de la actividad económica de Euskadi.

¿Cómo interpretar este cambio radical de unos y de otros?

Por su parte, la derecha de todo el Estado, que se columpia entre proclamas de “Fuente ovejuna, todos a una” en apoyo de Pedro Sánchez, ha soltado de repente todos sus cañones y fábrica de relámpagos, rayos y truenos en un “crescendo” acelerado y estruendo de cacharrería nunca visto contra el Gobierno del Estado.

Nada especial, por otro lado, si abrimos nuestra mirada hacia el planeta y vemos que los ingleses contrarios al Brexit piden la cabeza de Boris Johnson, o sea su dimisión fulminante, alegando que un enfermo de coronavirus no puede ser primer ministro de Su Majestad la Reina Isabel. Y la Unión Europea amenaza romperse porque Holanda, Alemania, Austria y algún país europeo del norte se cierra en banda ante la propuesta de Italia, España y los otros países del sur de Europa reclama “coronabonos“, una colaboración de toda la Unión para afrontar la crisis económica que ya está aquí y se va a poner cada día que pasa mucho peor.

Tampoco le va muy bien a Trump y a los Estados Unidos con China, que protesta porque han bautizado al coronavirus cono producto “chino” y su pelean por llegar a la meta de la vacuna los primeros. Ni con la política sanitaria y económica a aplicar en el conjunto de la Unión

Faltaba por registrar la postura de los más implicados en la política económica del país, los más directos “paganos” de las consecuencias. los empresarios y los mandamases del dinero de España por un lado, y los trabajadores por el otro. Los unos y los otros lo tenían muy claro. Los dueños del capital han dicho que no, y Comisiones Obreras y UGT han apoyado al Gobierno.

O sea que “en todas partes cuecen habas, y en mi casa a calderadas”, como dice el refrán.

Pero aquí parece que la derecha española, desde Ciudadanos y la Rosa Díez, precursora de Ciudadanos con su fracasada UPyD, pasando por el PP y culminando su pirámide con Vox, piden a gritos las cabezas de, vicepresidente con ínfulas de presidente Pablo Iglesias, la del verdadero y legítimo presidente Pedro Sánchez y varios ministros más, hasta la dimisión entera del Gobierno o un golpe de Estado en toda regla. Para salir de este berenjenal y patatal.

Y entretanto, cada atardecer a las 8 en punto, millones de palmas se asoman a ventanas y balcones de urbes y aldeas aplaudiendo al pueblo trabajador que lucha contra el coronavirus con las armas de que dispone: trabajo, trabajo y más trabajo.

Solo les faltaría a esos políticos tan discutidores que esos millones de palmas que aplauden despierten a aquel que escribió el Cantar de Mío Cid, y les reviente las orejas gritándoles aquello de “Qué buen vasallo si hubiese buen Señor”.

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