¿Cambio de guardia?

¿Cambio de guardia?
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Tras la derrota del nazismo y del fascismo en 1945 el mundo fue bipolar. Tras la caída del Muro de Berlín en 1989 y la debacle comunista, Rusia se apeó del estribo y los EEUU se quedaron solos en cabeza. China amenaza ese monopolio. ¿Está llegando el momento en el que Beijing destronará a Washington? La crisis del  coronavirus puede ser una oportunidad para ello.

De ocurrir, seguro que en nuestros ámbitos antiamericanos sacarían botellas de champán francés, absteniéndose de cualquier sucedáneo, para celebrarlo. Les sería fácil obviar que, si no fuese por la intervención americana en la Segunda Guerra Mundial, viviríamos ahora bajo un nazismo triunfante. Si no hubieran contenido a los rusos durante la Guerra Fría, hubiera imperado el comunismo de Vladivostok a Gibraltar. La Unión Europea solo pudo nacer al amparo de la OTAN. Olvidarse o ser desagradecido no cuesta nada.

La crisis del coronavirus dejará por todas partes tierras quemadas, pero no todas las quemaduras serán igual de profundas y extensas, ni todos se recuperarán por igual, ni al mismo tiempo. El primer caído, China, ya se está levantando mientras EEUU empieza a despeñarse. Atrás pueden quedar los errores chinos al inicio de la contaminación, sobreviviendo solo el resplandor de su victoria sanitaria y el de sus ayudas a países “coronavirizados” en el mundo. Un Superman, inicialmente debilitado por kryptonita, no lo haría mejor.

Con unos EEUU de retirada en ciertas partes del mundo y tambaleándose bajo el embate del virus maligno, la Ruta de la Seda se puede convertir en una autovía de múltiples pistas, sin límites de velocidad, arrancando, incluso, a Europa de su ámbito occidental bajo las barbas rusas. China pensaba antes de la crisis que para mediados del siglo XXI podría llegar su paridad militar con EEUU. Ahora, su economía tendrá que recuperarse del tremendo parón causado por el virus y su grandiosidad militar podría retrasarse, pero, paradójicamente, si el gigante americano se derrumba, aunque solo sea parcialmente, paridad y “sorpasso” pueden precipitarse.

Son solo especulaciones. Pero la incertidumbre es tal, que tras la pandemia puede mantenerse tanto la clasificación actual como una distinta. La cuestión es, sin embargo, compleja porque, entre otras cosas, la pujanza china necesita de los mercados americano y europeo. Los equilibrios no siempre tienen un solo punto donde reposar y tras esta crisis varias pueden ser las soluciones.

Más claro es que Europa llega tarde. Solo podría salvarla de una creciente irrelevancia una respuesta fulgurante de cooperación sanitaria, de profundización de la integración política y de mutualización de la deuda por una crisis cuyo origen no son malas o aventureras gestiones económicas de ciertos socios. Es en estos días de zozobra cuando la Unión Europea debe justificarse. De lo contrario podrá seguir siendo útil, incluso mucho, como instrumento de cooperación político-económica, pero sus ambiciones serán vanas o, simplemente desmedidas.

¿Podemos tener una Defensa Europea si los socios no son capaces de solidarizarse en la deuda? ¿Basta una carta del Presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, diciendo que los españoles somos fenomenales y apoyando a Pedro Sánchez? ¿Se puede tener “autonomía estratégica” si no hay unidad política y un “Plan Marshall” europeo de recuperación? Las crisis forjan y a Alemania se le ha olvidado que apoyamos su unificación. Sobresalen los fuertes y generosos con ideas claras. Se hunden los egoístas con la mente confusa. ¿Dónde se sitúa la Unión? ¿A qué lado de la raya de la fama quiere estar? No lo dudarían Francisco Pizarro y sus trece compañeros.

¿Y España tras la crisis? ¿De nuevo “a lo mío”? ¿Seguirán el PP sólo persiguiendo a Vox y el PSOE sólo a Podemos? ¿Otra vez al “y tú más”? ¿Las imprevisiones (de todos), al trastero de la memoria? ¿Se descuidará el centro cuando habrá que enfrentarse a la tarea ingente de una reconstrucción nacional que debiera de ser responsabilidad de derechas e izquierdas, presupuestaria y políticamente?

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