
En otros tiempos, las iglesias eran lugares públicos donde la entrada era libre tanto de día como de noche. De aquello, apenas queda hoy la catedral de Santiago de Compostela, si bien ya no se permite dormir en su interior a los peregrinos con menos recursos, como se hacía allá por en el siglo XI, hecho que propició el comienzo del uso del Botafumeiro e incensarios para purificar el ambiente en las liturgias.
Con el tiempo, todos los templos y otros inmuebles fueron pasando a ser propiedad del clero, comenzando a cerrarse al público, hasta llegar a solicitar el DNI y a cobrar una entrada a los fieles como si fuesen vulgares turistas…
Y así estamos hoy, pero el Gobierno de España y los obispos, gracias a la presión de algunos sectores libre pensadores de la opinión pública, han terminado por reconocer que muchos de los edificios y solares que la Iglesia se apropió durante las legislaturas de Aznar, no son de su propiedad y admiten que deben ser devueltos a sus dueños.
Por ahora, los curas cierran los pórticos de las iglesias porque se les meten a dormir los pobres y todavía quedan muchos inmuebles sin ser restituidos a sus propietarios legítimos. Y ya sabemos los españoles el lío que tienen en Córdoba con la Mezquita, en el Vaticano con las riquezas y en otros lugares con aspectos que no van muy de acuerdo con el evangelio de Jesús.
Somos muy modernos, según dicen, pero lo de la propiedad privada es sagrado sacratísimo y la salud tiende a estar en manos únicamente de empresas privadas, lo que nos obligará a pagar todas las medicinas y las consultas médicas…

















