Ansias políticas y mercadeos

María Bernal Sanz
Abogado. Asesor Jurídico del Patrimonio Histórico y Cultural; y de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación.
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Hace unos meses me entretuve en hacer un repaso de lo que había sido la actividad política a propósito de los resultados habidos en las últimas elecciones municipales y autonómicas, más que nada por aquello de analizar el porqué de muchas contradicciones que aparentemente no tienen explicación concreta ni base que las sustente. Bien cierto es que las había.

En mi opinión, a la vista de aquellos resultados, la mayoría de los españoles pensamos que iban a servir de lección o escarmiento a las atrocidades que, bien queriendo o sin querer, se habían venido cometiendo por la clase política. Pero no señor, aquello les ha incrementado el ansia de más y más hasta llegar a la situación más lamentable y caótica que se hubiera podido imaginar.

Sí, lamentable. Y cierta. No hay más que echar un vistazo al tendido: La España del 78 llora a lágrima viva la situación que nos rodea y con toda la razón. Asistimos a situaciones insostenibles y aspiraciones por parte de algún que otro componente de los llamados “grupos políticos” que por vergüenza torera y pudor deberían abstenerse de hacer manifestaciones, no sé si caritativas, interesadas o ambas cosas.

El bloqueo de la situación actual es precisamente el resultado de todo ello. Nada les importa que España se vaya al garete con tal de afianzarse en la poltrona. Y “el que venga detrás que arree”:

El PSOE ha quedado en unas manos con ansias de coger poder, el que sea y como sea pero cogiéndolo, sin recordar que la transición se hizo doblegando voluntades por todas las partes para continuar la marcha en beneficio de todos. Un partido con más de cien años de historia hoy soporta que la inquina, el desasosiego y el maltrato primen en unos momentos en que más se necesita su colaboración y la puesta encima de la mesa de sus pretensiones, por otro lado un tanto necesarias.

Y el otro socio en discordia, el PP, anda un tanto confuso y aturullado sin saber en que “árbol ahorcarse”. Aunque haya sido el que mejor resultado ha tenido últimamente, parece que baila en la cuerda floja, bien porque no esperaba ver tan mermado su elenco electoral, bien por influencias nefastas y personales de algunos de sus miembros.

A este respecto y poniendo las cosas en su sitio hay que otorgar un voto de confianza al líder de este Partido, aunque solo sea por los beneficios económicos de los que puede vanagloriarse. Hay que reconocer que por lo menos es honrado y honesto, pero como todo eso no vale al parecer, pues se le achaca ser poco comunicativo, antipático y que en muchas ocasiones no se entera de qué va el asunto en cuestión. Creo que están en un error los que así piensan. Bien es cierto que Rajoy es callado, a veces distante y que no le gusta dar cancha al pregonero.

Al hilo de esta cuestión, viene a la memoria un comentario de José María Pemán en su “Historia de España contada con sencillez”, refiriéndose al Cid y los problemas surgidos a raíz del juramento que pidió ni más ni menos que al rey de Castilla. Decía Pemán que “… el Cid era lento y prudente, pero seguro… menos brillante quizá que la viveza de Levante o el ingenio del Sur, pero que da un cierto grado de seriedad y buen sentido que tanto se suelen admirar en otros pueblos”. Está claro que todo eso no vende y se sitúa al margen del marketing político.

Aun, así es el Presidente del Gobierno en funciones. En este orden de cosas, algunos de sus compañeros de filas ya se han apresurado para ir confabulando sobre el repuesto a elegir en caso de necesidad. Pero lo cierto es que siempre son los mismos los que confabulan: los que van buscando su acomodo. Dicho de otra manera, los que de una u otra forma intentan sacar tajada; una vez más, porque siempre la han sacado y les salido bien.

Y ahí están mareando la perdiz con una sarta de luchas intestinas para obtener prebendas, legales e ilegales que en muchos casos han derivado en los casos de corrupción conocidos en los que, eso sí, algunos medios no han escatimado datos y detalles para mantener informado a un público al que en algunos casos se le oculta la realidad.

Sin embargo, los confabuladores siempre salen indemnes y ni se les menciona, lo que quiere decir que tienen una excepcional habilidad para salir del paso y mantener sus pretensiones. He aquí el quid de la cuestión.

Nos esperan tiempos aciagos y turbulentos, no escasos de los más inimaginables acontecimientos porque se han despreciado las bases más sólidas y los activos más importantes de los grandes partidos para favorecer a los que han ido trampeando; y para ayudar a mantener lo insostenible.

Ahora sí que todo vale, la compra-venta, el menudeo y la trapisonda han volado alrededor de los que querían ocupar los escaños del Congreso de los Diputados. Sólo falta el acompañamiento musical de Ketelbey, ¿recuerdan? Me refiero a su obra “En un mercado persa”, ciertamente fantástica, porque además de la melodía que es preciosa, el argumento de la composición le viene que ni pintado al panorama. Fíjense, el compositor se basa en escenas en que los personajes de la obra son los mercaderes, los mendigos, la princesa con su cortejo, el juglar, el encantador de serpientes, el califa con sus guardias anunciando su paso con trompetas y cada personaje tiene una música diferente. Vamos, que no le falta detalle. Convendrán conmigo en que la escena es perfecta.

En conclusión, la conspiración y la corrupción política no parecen ajenas al modus operandi de algunos de los personajes que aspiran a dirigir las instituciones del Estado en un panorama, como el actual, que no parece haber hecho reflexionar todavía a los integrantes de la mal llamada casta política.

Aparte de estas consideraciones, hay que hacer notar la vulnerabilidad de esta manida casta. Vulnerabilidad que tiene, además, otros elementos negativos para poder alcanzar una estabilidad que contribuya al bienestar.

En este punto, las anécdotas que se han venido sucediendo son de auténtico escándalo e implican una dejación administrativa que se remonta a los años que no quisiéramos recordar. Es seguro que en otros países hubiera dado lugar a la asunción de responsabilidades políticas que habrían favorecido las actuaciones en pro de un buen gobierno. Aquí, orillada la realidad, persiste el antagonismo y no hay día en que no se nos sorprenda con noticias que, lejos de tranquilizar los ánimos, no consiguen más que infundir desánimo, apatía y desconfianza.

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