Ángel Gabilondo y un querube misterioso

José Luis Heras Celemín
José Luis Heras Celemín es autor del libro “El Caso Bankia y algo más… o menos” y Director de Comunicación de la Fundación Emprendedores.

El espíritu apareció en el hotel Ritz, cerca del presentador García Montero, un poeta lorquiano de la izquierda radical, que advirtió que el café del desayuno no iba a ser solo, cortado o con leche, sino con ángel. Con el ángel de un catedrático de Metafísica convertido en político «elegante, que sabe elegir y se complica la vida con la política. Porque Ángel Gabilondo es un político que se complica la vida con el pensamiento».

El hecho de que la presentación de Gabilondo, portavoz del PSOE en la Asamblea de Madrid, se le hubiera confiado al poeta “no socialista”, fue la primera señal que apareció entre una asistencia variopinta que observa la política actual: Con el Gobierno en funciones y el PSOE dudando qué hacer tras el descalabro de la investidura fallida de su Secretario General.

En esta situación, la ausencia de Pedro Sánchez, que lo presentó en el mismo foro hace unos meses, era parte de un “algo especial” no compensado con la equívoca parafernalia dispuesta, en la que la asistencia de Luena y Hernando (impulsores de la actividad socialista del momento) era neutralizada por la figura no anuente de un Felipe González que, dicen, está en desacuerdo con las maniobras y pactos que urden los anteriores y que espera unas nuevas Elecciones Generales.

Ese “algo especial” tomó forma cuando comenzó el orador. Tras el saludo, parsimonioso, uno a uno y empezando por Cristina Cifuentes y Felipe González, fue citando a unas decenas de asistentes con una templanza desacostumbrada en estos foros. Con cuidado, deteniéndose en nombres, los cargos de casi todos y hasta en los gustos de algunos, acabó la salutación con un «Me sale todo de largo… Todos merecen ser citados… Ésta es la parte más elegante de mi discurso».

—“Pero, ¿Estáis viendo? No doy crédito. Está de cachondeo. Saluda descojonándose. Parece que se ha tomado algo. ¿Qué pretende?” —fueron algunos de los comentarios y preguntas en una de las Mesas de la Prensa.

Después, como para entrar en harina, una primera manifestación «nos hemos reunido aquí personas que quizá pensamos algo distinto, pero algo común nos convoca», que dio paso a la cita de Tácito «los poetas, si han de trabajar y hacer algo digno de ellos, tienen que huir del trato de los amigos, privarse de las diversiones de la ciudad, abandonar las demás ocupaciones y, como ellos dicen, retirarse a los desiertos… A pesar de estas palabras, siempre nos quedará la duda de hasta qué punto los políticos tienen un poco de este desierto».

A continuación, presentó la actualidad desde una postura insólita y distinta a la socialista habitual:

—Colaboración con el PP, en el Gobierno de la Nación y en la Asamblea de Madrid, que dejaría frases redondas: «Todo empieza por escuchar. El mayor mal político es de oído, pero de oído interno. En Madrid alguien ha hecho y hace bien», «No descalifico el Gobierno de Madrid, lo valoro; pero es necesario un compromiso firme para superar la desigualdad».

—Estudio de la situación de la Comunidad de Madrid, con datos y cifras sobre empleo y producción: «los cuadros competitivos son injustos y no podemos conformarnos con ellos», «la cantidad no es todo, pero sí da cuenta del trabajo», «La Asamblea de Madrid no ha de ser un “aprobadero” con la posibilidad de hacer apostillas».

—Crítica templada sobre casos que pueden ser corregidos con la colaboración de todos: Ciudad de la Justicia, Operación Púnica, Empresa Arpegio…

—Y algunas ofertas señaladas como aporte: «Políticas transversales y laborales (para luchar contra el paro)», «diálogo social», «intervenir con voluntad de corregir,… sin crispación», «la oposición como una forma decisiva de gobierno, fuente de propuestas», «cuenten con nuestra amabilidad de colaboración, no de dócil colaboración».

Después, Gabilondo, o el querube misterioso, entró en una serie de consideraciones que sonaron a especiales, acaso celestiales, y que merecen punto y aparte y reseña destacada:

«Bueno, quería hablar bien de la política, quizá para consolarme. Hemos de estar contra la partidocracia, pero no contra la política. Hemos de estar contra el partidismo, de quienes sólo amparan y justifican lo de su propio equipo y grupo; contra el sectarismo, que favorece y da razón indiscriminada, eso sí, a los adeptos. Hemos de vivir y trabajar con quienes no piensan como nosotros y tienen una concepción distinta de las cosas… »

Todo ello parecía referido a Madrid, pero ¿sólo se refería a Madrid?

La respuesta surgió, incorpórea y como producto de querube, agazapada tras Madrid:

«Hay a quienes les parece que lo que importa es sorprender, llegar el primero, irrumpir inesperadamente. No dar tiempo a reaccionar y cazar al vuelo ideas y proyectos, hasta la copia si es preciso… Ahí estoy perdido. Sólo la efectiva participación, sólo el efectivo diálogo, sólo el acuerdo mejorará Madrid…».

«Tal vez convenga, más que nunca, recordar, perdonen estas veleidades metafísicas, recordar qué es acordar, dos palabras muy cordiales que vienen de la palabra corazón. Pero, en todo caso, recordar qué es acordar es saber que la cordialidad no consiste en los modales, sino en la asunción de la importancia de comprender y dialogar. Un acuerdo requiere un cierto aire poético creador. No es una mera técnica. Y la buena política tampoco es técnica, es generar un espacio que no existe. El acuerdo no es la exclusión, hay que hacerlo; y el lugar hay que crearlo. Es la capacidad de producir una realidad».

Acabadas las veleidades metafísicas, terminó con una especie de bocadillo filosófico, que, entre un contenido cultural-educativo, quedó difuso:

«Pero siempre rondan los enemigos del acuerdo, disfrazados, eso sí, de sensatez. Los enemigos del acuerdo son la arrogancia, el engreimiento, el conformismo y la pereza». «No obviemos debates, análisis, reflexión, que no son pérdidas de tiempo. De su ausencia devendrá algo triste; y transmitirá entristecimiento, reticencias y hasta aburrimiento. Si hacemos esto, lo que se producirá es fatiga social». «El problema no es el teatro, sino la simulación de la sociedad…, la sociedad del paripé,… El paripapeismo, que es una enfermedad organizacional, una perturbación en el modo de gestión que tiende a dotar… de buena apariencia a determinadas actitudes o comportamientos que se pretenden proyectar como ciertos ante terceros… Esta es la cuestión,… que es lo que probablemente nos ha reunido aquí esta mañana. La cuestión de no rendirnos al paripé que produce una realidad que no nos gusta… Por eso yo me desmoralizo, no tanto como parece…».

«Finalmente, para decir que en este año tan cervantino necesitamos más atisbos de sueños y de ensueños que de costumbre,… para que la política no sea una extravagancia al margen de la vida y de la población».

Siguió, como es habitual, el turno de preguntas sobre temas y situaciones definidas. Las respuestas, siempre etéreas y difusas, se quedaron en el ámbito propio de quien no desciende a concreciones.

—Él es así. Para él son menudencias  —dijo alguien al acabar.

—Ha concretado con la colaboración con el PP y arriesgado apartándose de la línea socialista. —rebatió un segundo.

—Es posible que haya tratado de marcar una línea de acción para el grupo socialista en la Asamblea de Madrid. Y que con ello haya dicho adiós a la política y vuelva a la Metafísica. —remató un tercero.

De momento y hasta que se vean las reacciones en la Secretaría General del PSOE, si es que las hay, Ángel Gabilondo sigue siendo el portavoz socialista en la Asamblea de Madrid, que una mañana en el Ritz se confundió con un querube misterioso.

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