“And the winner is…(2)”

“And the winner is…(2)”
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Este blog [Desde mi Cancilleria] se inauguró el 6 de septiembre de 2019 con una entrada (“And the winner is…”) en la que se aventuraba que el vencedor del duelo entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias bien podría ser este último si Sánchez no pudiese conseguir la gobernabilidad del país por sí mismo o mirando a su derecha al ser, en tal caso, Iglesias imprescindible.

Tras el 10-N descartaron en Ferraz una “gran coalición” con el PP donde bailan igual que en el PSOE. ¡Cuanto más separados mejor! Así lo declararon los dos en la campaña y en la noche electoral. En lugar de buscar en un momento grave del país acuerdos transversales, sobre todo en los ámbitos económico, territorial y constitucional, en Génova, al igual que en Ferraz, dicen que, con “el otro”, nada. Es difícil sacrificarse por el país cuando las grandes coaliciones pueden penalizar… También, por ausencia de suficiente liderazgo.

¿Sánchez se ha precipitado al dejarse abrazar por Iglesias? ¿Había que hacerlo tan deprisa? Mejor es respetar las etapas que pertenecen a las formalidades de la democracia. Luego, cada cual es libre de reiterar, o no, sus bloqueos y sus errores. Campaña electoral, noche de resultados y consultas posteriores son tres momentos diferentes y el último merece respeto y oportunidad. La innecesaria rapidez de Sánchez refuerza el nefasto bloquismo y distrajo la atención del viaje real a Cuba, un hito importantísimo.

En cuanto al PP, el tardío “ofrecimiento” de coalición de Alberto Núñez Feijóo en nombre de su jefe, Pablo Casado, sonó a ópera bufa. Una pena, porque la estabilidad de España exige constantes canales de diálogo entre los dos grandes partidos, incluso cuando discrepan. Luchar contra Vox, o contra Podemos, es, también, privilegiar al PP, o al PSOE, por parte de cada cual.

Ahora, Sánchez e Iglesias, o Iglesias y Sánchez (¿“tanto monta, monta tanto”?), han firmado la paz tras su penosa y confusa pelea barriobajera llevada con anterioridad hasta el hemiciclo parlamentario. Esta vez, Iglesias no fue vetado y ni él ni los suyos conformarán un gobierno paralelo dentro del propio gobierno dirigido por Sánchez. ¡Mira qué bien! Iglesias se portará constitucionalmente y Sánchez podrá dormir por las noches …

Las elecciones suelen ser un salto en el vacío y una repetición de estas, otro asegurado. En Francia, en 1997, el Presidente Jacques Chirac, conservador, elegido dos años antes, creyó que convocando unas elecciones anticipadas reforzaría su mayoría parlamentaria. Ocurrió lo contrario, abocándole a una “cohabitación” con un Primer Ministro socialista. Tras la dimisión de David Camerón, en 2016, su sucesora, Theresa May, decidió buscar en 2017 su “propia” mayoría parlamentaria, pero la perdió.

A Sánchez también le salió por la culata la repetición electoral. En estos casos acaban siendo cuestionados (abiertamente o por lo bajini) no sólo los jefes sino también sus próximos colaboradores. Se ha señalado cierto enfado en el PSOE con el “gurú” de Sánchez, Iván Redondo, un profesional de la comunicación y no un militante socialista, que ha trabajado, antes, incluso para el PP.

Quizás debieran de cuestionarse también si fue un acierto la Moción de Censura, atribuida al empuje de Redondo. Con la misma, Sánchez quemó los puentes a su derecha. “Echamos a Rajoy y nos resituamos en el panorama político” afirman, satisfechos, una mayoría de militantes y votantes socialistas, pero fue una maniobra cuestionable por esa quema además de supeditarse a varios partidos contrarios al “Régimen del 78”, en terminología paulina. Más aún, cuando en lugar de convocar enseguida elecciones, como prometido, se intentó gobernar durante meses.

Claro que, la leche está ya vertida. “Es lo que hay”, dicen otros que consideran innecesario volver la vista atrás, pero eso es lo que siempre hay que hacer, sacando las lecciones oportunas. Deberían de hacerlo también en Ciudadanos, reducidos a una mínima expresión por la falta de coherencia y la ambición desmesurada de Albert Rivera. Dimitió, ciertamente, asumiendo sus responsabilidades, pero sin explicar sus errores del mismo modo que Sánchez no da razón de su “volte face”.

Abierto, pues, otra vez el sobre para la entrega de la estatuilla del gallo de oro, “the winner” sigue siendo: ¡Pablo Iglesias! El accésit es para Pedro Sánchez, mientras no se lo coma Iglesias y Nadia Calviño mande en la economía, incluidos los impuestos. ¡Y eso que les falta aún un programa de gobierno! Casado       y Abascal afilarán sus cuchillos en la oposición, considerando avalados los acuerdos entre ellos por el de los socialistas con los podemitas. Manuel Valls, que viene de otro planeta, perdón, de Francia, lamenta, en cambio, la ausencia de cordón sanitario con Vox y la falta de acuerdos entre los constitucionalistas PSOE, PP y C´s.

El gran perdedor (ni siquiera una nominación) es Rivera al no haber entendido que el papel de Ciudadanos es cubrir un centro que permita al PP y al PSOE gobernar sin acudir a extremistas o nacionalistas/separatistas. Si quién le sustituya no lo asume, se hundirán más.

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