“And the winner is…”

Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

¿Y si el ganador de la estatuilla del gallo de oro fuese Pablo Iglesias? Hay tres posibilidades. La primera (improbable) es que Pedro Sánchez se avenga al gobierno de coalición con Podemos (ya lo aceptó antes de echarse para atrás y ningunear a Pablo Iglesias). En tal caso, el ganador sería Iglesias.

La segunda posibilidad (factible) es que Iglesias acepte un “gobierno de cooperación” en el que estaría ausente su partido del Consejo de Ministros a cambio de un pacto de gobernabilidad estrechamente vigilado por un órgano de los dos partidos y con nombramientos fuera del gobierno en puestos tan relevantes que incluso serían más importantes que dirigir un ministerio, según dicen el Presidente y la Vicepresidenta en funciones del Gobierno.

Al entrar finalmente en razón, Podemos podría quedar en mejor lugar que el “displicente” PSOE y con influencia importante en la gobernabilidad de España. En tal caso, el ganador sería, asimismo, Iglesias. También podría Iglesias votar a Sánchez a cambio de nada. Un desastre para el socialista al quedar el podemita como un señor que luego le daría caña ininterrumpidamente.

La tercera posibilidad (la más probable según casi todos) es que vayamos el 10 de noviembre a una repetición de las elecciones. La mayoría de los sondeos pronostican (ya veremos luego) una victoria más holgada de los socialistas, una subida de los peperos, un mantenimiento de los podemitas y bajadas de Vox y Ciudadanos (¿qué esperaba Albert Rivera?).

Aunque estos sondeos acertasen, parece que el panorama general seguiría siendo parecido y la gobernabilidad solo posible con un entendimiento del PSOE con Ciudadanos o con Podemos. Si Rivera mantuviese su veto a Sánchez, la única posibilidad sería, nuevamente, un entendimiento entre PSOE y Podemos.

Otra vez se plantearía el dilema de si gobierno de coalición o de cooperación, pero si Iglesias se mantuviese firme en entrar en el gabinete, sería más difícil para Sánchez seguir resistiéndose salvo que estuviese dispuesto a unas terceras elecciones seguidas (ya lo estuvo en el otoño de 2016 con su “no es no” antes de ser defenestrado por los barones socialistas ante el disparate).

La reedición de semejante insensatez sería probablemente costosa para el PSOE en unas terceras elecciones, si tuviesen lugar, por lo que lo más razonable sería que Sánchez aceptase el gobierno de coalición. En tal caso, el vencedor sería, otra vez más, Iglesias.

A pesar de las divisiones internas en Podemos, Iglesias sigue teniendo la sartén por el mango. Queda por ver si también tiene el mango, pero pudiera ser que sí. Les quedaría, entonces, a los dirigentes socialistas (Iván Redondo incluido) determinar en qué momento “se les jodió el Perú”. En todo caso, debieran de explicar porque han dado tantos bandazos en su relación con Podemos.

Quizás (solo quizás) el error primigenio fue el de ganar una moción de censura temeraria con la que, debido al conjunto de sus peligrosos compañeros de viaje (extrema izquierda, nacionalistas que nunca han renunciado a una eventual independencia y separatistas) facultó a la derecha a agarrarse a ello, ratificado luego en Navarra con el nombramiento como Presidenta de la Comunidad Foral de la socialista María Chivite con el (¿gratuito?) visto bueno de Bildu, para rechazar a un líder socialista que nada les ofrece y solo pide su abstención.

Mejor hubiera sido ser paciente hasta unas elecciones generales para no dificultar no solo posibles entendimientos socialistas con los que están a su izquierda sino también con los que están a su derecha.

Rivera es el principal culpable de que no sea posible un acuerdo del PSOE con un centro derecha razonable (como incluso el propio PSOE llegó vagamente a sugerir), pero Sánchez no ha sabido mantener la puerta abierta en esa dirección. La impaciencia por llegar a las metas no suele ser buena consejera y puede convertir los polvos en lodos…


Publicado en Desde mi Cancillería, blog del autor

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