Alea iacta est

Alea iacta est
Juan Laguna
Promotor y fundador de Tiempo Liberal con actividad política desde la Transición. Funcionario jubilado. Empresario. Productor y dramaturgo. Conservador de Bienes Culturales.

Esta frase atribuida a Julio César en el momento de cruzar el río Rubicón, bien puede aplicarse a la nueva situación política que investirá de nuevo como presidente del gobierno al tan denostado presidente del PP.

Por fin respiran todos aquéllos deseosos de la “estabilidad” de un gobierno que nos mande. Los dados de la suerte (un tanto trucados) han decidido en el PSOE la “abstención” en la 2ª vuelta de la previsible investidura del candidato del Partido Popular, demostrando como es posible retorcer lo que parecía una posición férrea de la oposición política. Algún día conoceremos los detalles de esta operación fraguada no en el Comité Federal del partido, sino en otras instancias que permanecen en la sombra.

El “sanchismo” derrotado pasó de la negativa rotunda a este apoyo indirecto parlamentario, a agachar las cabezas y aceptar lo más pragmático: la salvación de muchos puestos políticos en las CC.AA., Ayuntamientos y demás órganos más o menos oficiales u oficiosos, que estaban en el aire. La “responsabilidad” de un “gobierno estable” ha podido con las airadas controversias sobre casos de corrupción y, al final, todo se convierte en el “hoy por mí, mañana por ti”.

Hace unos días un artículo en la prensa digital señalaba la posible relación entre el hecho de apartar a la jueza Mercedes Alaya de los casos bajo su jurisdicción y éstos ser pasados a su sustituta que, al parecer, ha procedido a rebajar o archivar responsabilidades, al mismo tiempo que se empezaba a ceder en la posición del PSOE con respecto al PP. Es más, se ha señalado la buena sintonía de la presidenta de la Junta de Andalucía con el presidente del PP y con el rey emérito. Pueden ser infundios o puras coincidencias, vaya Vd. a saber, pero el resultado final está a la vista: un secretario general que siguió las órdenes del Comité Federal para enrocarse en su negativa a Rajoy, un poco más tarde no sólo quedaba desautorizado, sino que era apartado de su cargo y “status” en el seno del PSOE.

Ahora quedan, como en la obra de Pirandello, los “personajes en busca de un autor” que les de vida. Esos personajes que, desde el artificio partidario, gracias a sus habilidades para sobrevivir en el cruce de fuegos “amigos”, necesitan que alguien les devuelva el sentido de lo que son y para qué están en política. Son como fantasmas que han quedado al descubierto con la pérdida de los idearios (ideales) que algún día tuvieron y con los que envolvían su desnudez. Los fantasmas del pasado del PSOE encontraron el camino de Damasco en las grandes corporaciones y negocios internacionales, así como en sus relaciones personales obtenidas a costa de los cargos (y presupuestos) públicos. La izquierda confundida con la derecha en ese centro diseñado por el propio texto constitucional, donde no parece que haya sitio ni lugar para otros pensamientos o ideologías “periféricas” a la socialdemocracia.

La cuestión es que son varios grupos teatrales, cada uno con sus correspondientes personajes, los que están en la misma tesitura que el PSOE: buscar la razón de existir más allá del simple y muy fuerte atractivo del “poder”.
Ese poder trastocado desde la soberanía popular y su representación parlamentaria, al gobierno de turno.

Ahora parece que los dados de la suerte están echados y la nueva singladura retorna a la llamada “ronda de consultas” por parte del Jefe del Estado, en un rito más protocolario que efectivo que, ya hemos dicho en otras ocasiones, por vía constitucional implican al primer ciudadano del Estado, en la gestión de un gobierno para la nación que debía proceder del propio Parlamento. Todo forma parte de la “teatralización” formal de algo ya decidido y cocido con antelación.

La forma “discreta” en que se producen estas entrevistas, nos permiten la licencia de seguirlas como una forma de guión teatral en que, básicamente, los diálogos podemos imaginarlos repetidos una y otra vez. Los “medios” tienen su tiempo de “informar” de lo que ya todos los ciudadanos saben y lo hacen con el convencimiento de aportar alguna novedad a lo de todos conocido: se ha sacrificado al portavoz del PSOE, para cambiar radicalmente el sentido de la oposición fiera al Sr. Rajoy, por una fórmula de “abstención” que es como estar en el “limbo político”. Todo sea por la “gobernabilidad” del país. Ya estamos salvados.

La legislatura se presenta con la incógnita de la permanencia de este apoyo. El PSOE vuelve a decir que es el primer partido de la oposición; “Podemos” dice que la oposición, tras lo ocurrido con el PSOE, la detentan ellos y “Ciudadanos” piensan aquello de Pío Cabanillas (también gallego como Rajoy): “Hemos ganado pero no sabemos quienes”. Quizás estén convencidos de que es el pueblo el que sale beneficiado de estas componendas. Lo que venga a continuación se encargará de confirmarlo o desmentirlo. El hecho es que el “poder”, tal como está entendido como gobierno, ha vuelto al mismo sitio a pesar de las campañas mediáticas en contra de la “corrupción”. Que, tanto el PP como el PSOE siguen disfrutando de preeminencia política por la torpeza o ingenuidad de los emergentes, condenados a “chupar rueda” al menos durante otro ejercicio o, en caso contrario, a ser “marcados” como “antisistemas”. El reglamento de las Cámaras permite piruetas de quienes detentan su dirección y poco cabe esperar de renovación auténtica de la vida política española. Lo hemos visto con la “reforma” del sistema electoral anunciada: Lampedusa en estado puro.

Los “inversores” esperan a las puertas de la legislatura como los clientes ante el comercio con “rebajas”. Nos inundarán de industrias productivas, apoyarán a nuestra economía y a nuestros intereses nacionales, los “mercados” pagarán para obtener la cada vez más exigüa “deuda pública”, los bancos devolverán todo el dinero recibido del Estado con sus intereses correspondientes y la hucha de las pensiones volverá a florecer como en sus mejores tiempos. Se acabaron los sueldos precarios, las jornadas laborales abusivas y, como en las predicciones de una importante institución americana para el año 2000, “la semana laboral se reducirá a cuatro jornadas de siete horas, el año laboral pasará a treinta y nueve semanas de trabajo y trece semanas de vacaciones, lo que, contando con fines de semana y días festivos, nos proporcionará 147 jornadas de trabajo al año por 218 días de vacaciones”. Todo ello a causa de la tecnología y la robótica. ¡Magnífica intuición y aplicación científica prospectiva!

Datos más actuales indican una cada vez mayor precariedad en el empleo y en sus retribuciones, mayores exigencias fiscales sobre los ciudadanos, una captura aún mayor de la soberanía política del pueblo y una versión cada vez más retorcida de la democracia hasta el colapso final.

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