“¡Abe, Presidente!” no es una salutación latina con falta ortográfica incluida, sino una frase rotunda, formada por un acrónimo y el título de un cargo público, empleada para definir sin estridencias lo que, en sordina y sin alharacas, está ocurriendo entre las huestes del PP en la Comunidad madrileña, mientras el Rey Juan Carlos abdica y se produce el acceso al trono y a la jefatura del Estado de Felipe VI.
ABE es un acrónimo cordial tras el que se encuentra el Secretario de Estado de Administraciones Públicas ABE (A de Antonio y BE de Beteta) que esta mañana ha sido presentado por el presidente autonómico Ignacio González en la Plaza de la Lealtad (también es nombre el de la plaza con políticos cerca); y que no ha agradecido la presentación con el AVE que usaron los gladiadores romanos en el circo, sino con algo más árido y menos poético, pero importante y efectivo en cualquier momento y circo de la historia: Un discurso económico muy técnico, hecho ante un auditorio no tan compacto como variado, entre los que, como ocurre siempre, estaban los que debían estar y sólo faltaban los que o no tenían sitio o no se les había hecho hueco.
Allí estaban los aznaristas, de Aznar, que aún quedan (Javier Arenas, Gabriel Elorriaga, Ignacio Astarloa…); el grupo que se mueve en la órbita de la Vicepresidencia del Gobierno, con el subsecretario de la Presidencia Jaime Pérez Renovales como mascarón de proa de algunos altos cargos (Secretarios de Estado, Subsecretarios, directores Generales…); los que estuvieron y están en la Comunidad Autónoma y/o en el Ayuntamiento (Álvarez del Manzano, Van Halen, Dancausa, Cristina Cifuentes…); algún empresario, público o privado (José Folgado, de Red Eléctrica de España; el Presidente de CEIM Arturo Fernández, Francisco Ivorra, que preside Asisa…); y algunos que fueron y son, aunque estén a punto de dejar de ser, que se mueven por las alfombras buscando ellos sabrán qué y cuyo nombre parece mejor no citar.
Después de la presentación, en la que el Presidente de la Comunidad madrileña salpimentó la realidad económica autonómica con un conjunto de reivindicaciones ya conocidas y listas para cualquier tipo de campaña, tomó la palabra Antonio Beteta, ABE.
Beteta es un hombre tranquilo, con un halo de bondad que conserva desde su época de obeso, y durante algo más de media hora se dedicó a poner en práctica lo que parece una táctica del Gobierno: Convencer a la parte del electorado que ha perdido. Animar a los que aún le son fieles. Y regar de esperanza la primavera nacional en la que empiezan a asomar las florecillas políticas y los frutos económicos y sociales de las reformas decididas al comienzo de la legislatura.
Después de un repaso al pasado (“la herencia recibida, que produjo espanto, pero no pánico”) y la exposición de un presente conseguido con las medidas de ajuste acordadas al comienzo de la Legislatura (reformas económicas, laborales y de la Administración Pública), llegaron las frases notables y el anuncio de realidades felices:
– “El PP es el taller de reparación de los errores de la izquierda”.
– Ha llegado el momento de bajar los impuestos.
– Hay que desechar el mantra de que no han llegado los ajustes en la Administración, porque no es cierto. (Con un chorro de datos irrefutables)
– El Estado ha ayudado a las Comunidades Autónomas, y al hacerlo, con el esfuerzo de todos, se ha logrado mantener el Estado del Bienestar.
– Se ha controlado el déficit y se ha fiscalizado el gasto.
– Se está llegando a una “Administración racional y sin papeles”. En el año 2013, de los 370 millones de trámites, el 70 % se hizo por internet. Sólo en gastos de envió (2,75 euros de gasto postal frente a 3 céntimos por internet) se han ahorrado más de 700 millones de euros.
Y una reflexión final, que resumía la aridez de lo expuesto con una frase, “La realidad es que los indicadores económicos demuestran que estamos consiguiendo lo propuesto: Crecimiento del PIB y aumento del empleo”.
Mientras la prensa formulaba sus preguntas, lejos de la mesa que ocupaban Beteta y González, algo aparecía sereno ante un auditorio calmado: Una sensación de logro conseguido distinto al discurso técnico del Secretario de Estado y al estado de las economías nacional y autonómica, una especie de expresión muda de sentimientos difícil de explicar, porque, como bien se sabe, los sentimientos son inefables.
¡ABE, Presidente!, parecían sentir algunos de los reunidos sin decirlo. Y en la frase, sentida e inefable, se unían, sin apelotonarse, todos los populares que en la plaza madrileña de la Lealtad se habían agrupado en torno a Ignacio González: Los que están con él porque le creen (su equipo en la Comunidad y los restos que dejó Esperanza Aguirre). Los que han llegado a través de los que le apoyan (Aznar, Vicepresidencia del Gobierno, “cospedalianos” – fieles a la Secretaria General del Partido Popular María Dolores de Cospedal de condición diversa -). Munícipes varios. El conjunto variopinto de independientes que se suman a lo que creen una feliz apuesta de futuro. Y algunos otros, siempre los hay, que… no tienen otra alfombra que pisar.
Todos ellos, sin maestro de ceremonias y dedicado a Ignacio González, acordaban en silencio y ante todos un ¡ABE, Presidente!













