A vueltas con el PP

A vueltas con el PP. FOTO: Juanma Moreno (selfie con los barones del PP)

Parece que el Partido Popular está empeñado en no ver la realidad o, lo que sería más grave, hacer una realidad política que sea fiel copia de sus teóricos (pero no reales) adversarios y del globalismo internacional. Nuevo “cónclave” en Andalucía así parece demostrarlo y, unas simples palabras protocolarias de aliento y ánimo de la presidenta de la Comunidad de Madrid a su compañero de siglas han vuelto a levantar sarpullidos en la piel demasiado fina (por falta de horas de vuelo) de algunos de los cargos del partido.

Inmediatamente se han levantado voces de crítica hacia la Sra. Díaz Ayuso al igual que se hizo en su día con la Sra. Álvarez de Toledo y otros acusados de “disidentes” por tener ideas propias. En otros casos las voces han recordado a los nuevos “macarthystas” del PP que, sin el triunfo espectacular y personal de la Sra. Díaz Ayuso, el PP estaría condenado a su cada vez menor proyección política y tirón electoral (entre un 40/50 % de los posibles votos, los aporta ella).

Ya hace tiempo me refería a la rebelión de los barones en el Partido Popular, en tiempos del Sr. Rajoy. Es lo que tiene un sistema de fragmentación de la nación, donde los populares parecen estar muy a gusto haciéndole el juego tanto al PSOE como a los nacionalismos y separatismos. Al final, el verdadero poder está en cada territorio, en el que domina el día a día de la administración pública y además es apoyado por “sus” ciudadanos.

El discurso del presidente Sr. Casado o el de su “mozo de espadas” Sr. García Egea, vuelve otra vez a una retórica que huele a humo de pajas. “El el Partido Popular no se admiten solistas, ya que es una orquesta muy afinada”, lo que olvida que, de una forma más sutil o propiciada por las nuevas y aberrantes ideologías globalistas, el Partido Popular hace tiempo que toca al son de unas partituras que sus votantes consideran impropias. En ese intento de arañar votos a un lado y otro, creo que están cometiendo una traición a sus principios que les pasará factura (salvo que esté previsto un nuevo bipartidismo para volver a servir desde la impostura política a la destrucción de la nación).

En todo caso, habría que recordar que existe una Constitución que establece como valores superiores: “la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político” (artº 1.1) si bien dentro de un estado “socialdemócrata”. La primera de las muchas contradicciones del texto constitucional: o hay pluralismo o hay uniformidad ideológica.

La “disciplina” en los partidos nace de las listas cerradas, donde el dedo del presidente o secretario, señala no a los más preparados sino a los más adictos a la “nomenklatura”, es decir al seleccionador nacional y distribuidor de cargos. “El que se mueve no sale en la foto” decía Alfonso Guerra. Quien tiene ideas propias por muy enriquecedoras que sean para el partido, será condenado al ostracismo. En ello juega la psicología o personalidad de quien ejerza la “auctoritas” o el liderazgo y que éstos sean connaturales y reconocidos o que sean impuestos. Por eso en los partidos no se hace política (tal como se debiera) en un debate permanente enriquecedor, sino que se está en el regate alicorto de servir a los jefes y ganar sillón, sueldo y privilegios. Asimismo, el “mandato imperativo” a que se somete a los miembros de las Cortes Generales por parte de los partidos, vulnera de forma flagrante el artº 67.2 de la Constitución Española, pero eso… ¿a quién le importa? Recordemos de nuevo esa frase de nuestro frontispicio democrático: ¿De quién depende la Fiscalía?… Pues eso.

Los partidos que deben ser “democráticos” en su estructura no deben ni pueden ser construcciones artificiosas en sociedades maduras, menos aún estar regidos por la voluntad omnipotente de un supuesto líder, conocido no por la eficacia de su gestión, sino porque determinados poderes o circunstancias lo han permitido.

En general —y salvo raras excepciones— los líderes políticos no son la consecuencia natural de la expresión soberana del pueblo. Ni siquiera de los afiliados que, como los accionistas de las grandes corporaciones, sólo están para aplaudir cuando se les ordena. Son una circunstancia directa de la sociedad anómica y cómoda del llamado “estado de bienestar”, que se deja gobernar por la publicidad o propaganda que cada uno pueda pagar. Por eso los “versos sueltos” suelen volar más alto, tienen más perspectiva y mejores condiciones para entender lo que son los ciudadanos.


FOTO: Selfie de Juanma Moreno en el Congreso del PP en Andalucía

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