A Podemos le pudieron en el Ritz

José Luis Heras Celemín
Por
— P U B L I C I D A D —

Se había anunciado la comparecencia de Podemos en el hotel Ritz y había expectación. Se iba a celebrar el lujoso bautizo político de Pablo Iglesias, con su coleta; y se esperaba que su vista al Ritz la hiciera en bicicleta. Pero no, llegó andando, por la calle; y no se supo si el medio de transporte que usó fue un taxi proletario (que no vio nadie), un coche de lujo (que creyó ver alguien) o una limusina de cola larga (que, en secreto, esperaba un reportero “free lance” para hacer, y bien vender, la foto política del comienzo del verano).

A Podemos le pudieron en el RitzDocenas de cámaras de televisión y periodistas, pero poca gente conocida. La izquierda política nacional, PSOE e IU, aportaron al bautizo el valioso regalo de una ausencia a la que se sumaron el resto de los grupos del arco político nacional. Solo los imprescindibles: El caritativo padre Ángel, que hacía de cura del bautizo. Juan Carlos Monedero que es, dice y dicen, uno de los padres del bautizado. Y el Rector Magnífico José Carrillo, que, a falta de otros y sin grandes magnificencias, oficiaba de padrino.

El neófito en el boato del Ritz, Iglesias, entró al hotel y antes de acceder al salón, humano, visita al Lavabo, pleitesía a exigencias mingitorias, nervios y otras flaquezas que también son propias de la izquierda radical: WC, espejo, peinado y atado de coleta y retoque coqueto de atuendo…

El acto lo promovía Nueva Economía Fórum, lo patrocinaban Red Eléctrica Española, BT y Asisa, y lo presentó Jaime Atienza, alguien de Intermon Oxfam, que, para crear ambiente, dio un mitin (de izquierda radical) sobre la desigualdad y las herramientas para corregirla.

El comienzo de Iglesias fue como se esperaba, más que tremendo, tremendista:

– Hay quien piensa que yo sólo vendría al Ritz a robarle los visones a las señoras y los relojes a los caballeros.

Lograda la atención, atemperó el discurso, no demasiado, para manifestar que su propósito era abrir diálogos teniendo en cuenta algunas realidades en las que puso algunos ejemplos: El hotel Ritz cobra por una sola noche de hotel en una habitación 1.180 €, mientras paga a un ayudante de cocina 1.200 E al mes. Algunos de los cámaras y periodistas asistentes en la sala cobran menos de 1.000 € al mes, mientras que algunas de las camisas de otras personas presentes cuestan mucho más. Y esto no es demagogia.

– ¿Y qué mejor lugar para decir esto que el Ritz?

Se preguntó antes de rechazar la posibilidad de leer y empezar a hablar sobre cómo Recuperar una democracia, que entendía “nos han robado”. Tras citar a Maquiavelo, habló del Poder actual, donde “Las finanzas son el soviet supremo del poder global” y determinan hasta la presidencia de USA en la que Bill Clinton se preguntaba si su reelección estaba condicionada con el Mercado de Bonos.

Con un tono duro, en la crítica y en el fondo, fue desgranando una serie de temas con asertos ásperos, pero sin hilar un razonamiento capaz de dar ligazón a unas ideas que, como disparos lanzados por una metralleta dialéctica, aparecieron desnudos:

– Hay un nuevo partido, el partido de Wall Street, con ramificaciones en todo el mundo, que en España está encarnado por el PP y el PSOE.

– Europa y el proyecto federalista de Ian Monet.

– El Parlamento Europeo, del que forma parte, según él, vacío de competencias y donde las biografías de sus dirigentes son para echarse a temblar: Mario Draghi (con sus manejos), Durao Barroso (anfitrión de la reunión de las Azores) Jean-Claude Juncker (que cuando en Grecia se pedía un referéndum, hacía unas llamadas a Papandreu, del tipo Vito Corleone, hablando de poca lealtad con Europa)

– Las bases militares.

Después, en el mismo tono, con premisas dudosas y razonamientos débiles, esbozó lo que llamó “Un Programa de Salvación del País para hacer una Europa Distinta”, compartimentado en bloques: Auditoría de la Deuda Nacional. Control Público del Sistema Financiero y de la fuga de Capitales. Cárcel para los responsables de la deuda nacional. Aumentar la titularidad pública de bienes. Reforma Fiscal Redistributiva. Mejorar la Seguridad Social. Evitar desahucios. Repasar sueldos públicos. Defender clases humildes. Y evitar la emigración.

Terminó el discurso, de pie ante el atril, con camisa blanca y pantalón caqui, la pierna izquierda ligeramente vencida y agarrando con las dos manos la tableta que había usado para seguir el guión con unas frases, viejas y conocidas, del enciclopedismo francés de hace dos siglos: Libertad. Igualdad y Fraternidad.

Llegó el turno de preguntas y, mal que bien, fue tratando de contestar a las que se le hacían sobre prospecciones electorales, posibilidades de futuro, posición de Podemos en Europa, la autoridad moral de Julio Anguita en la Izquierda. La pinza PP-PSOE. La realidad de Felipe González. La llamada (inexistente) de Botín…

Y entonces apareció en la sala una cara conocida, Alberto Casillas, el camarero de la Cafetería del Café del Prado, que había subido unos metros hasta llegar al hotel para interpelar a Iglesias.

– ¿Pero esto qué es? ¿Y éste quién es?

Fueron las preguntas que se hacía el auditorio mientras los servicios de seguridad de Ritz acudieron a defender al orador de las preguntas del que decía ser un indignado, un padre indignado. El camarero que, en su día, se enganchó a la llamada de los indignados del 25 S y trató de favorecer a los miembros de un grupo social que, pasado el tiempo, creyeron ver sus afanes políticamente representados en Podemos.

Casillas, indignado, de los “indignados” de entonces y de los de ahora, parecía un indignado múltiple: Con la realidad de su familia, sufriendo en Venezuela la realidad del “Post chavismo” al que asesora el bautizando Iglesias. Con Podemos y su líder, que, ¿demócrata?, permitió que los servicios de seguridad del Ritz quitarán la palabra y expulsaran a quien, como él, había ido a dialogar. Y con una realidad política como la del grupo que, basado en la realidad española y en el sentimiento de una parte de la sociedad, hoy vio la realidad de Podemos.

Podemos, con quien hoy pudo… la realidad y un solo hombre “indignado”: el camarero del 25-S.

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