80 años de EFE con ñoño documental

80 años de EFE con ñoño documental
Miguel Manrique
Periodista y escritor.
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El pasado 5 de febrero se celebró el octogésimo aniversario de la agencia EFE. El evento tuvo lugar en el Caixa-Fórum de Madrid, con descollantes figuras de la política, la empresa, la información y hasta la moda y el espectáculo. Muchas cámaras de fotografía y televisión, mucha grabadora, pero ninguna mención en los medios al otro día. Acaso por el ñoño documental con el que la agencia pretendió homenajear a los trabajadores y trabajadoras de la casa —en palabras de su presidente y director, Fernando Garea— quienes prestan su servicio en más de 100 países.

Hasta aquí todo plausible, sino hubiera sido un refrito de los males del mundo a través de las cámaras. Lo que nos sirve la agencia todos los días, por medio de sus clientes: inmigrantes centroamericanos buscando entrar en EE. UU.; subsaharianos en lanchas en el Mediterráneo; maravillas de Shenzhen, con un ejecutivo británico de Huawei contándonos lo malos que son los americanos. De lo que también nos enteramos, puesto que entre tragedia inmigrante y tragedia aparecieron esos seres pérfidos de la Bolsa de Nueva York, haciendo lo único que saben hacer: inventarle desgracias a la humanidad.

Toda una serie de imágenes, muy bien grabadas y muy bien editadas, por cierto, pero que daban cuenta de una EFE más metida a ONG que a agencia de noticias con, nada más y nada menos, que 80 años de historia. Esto, como tal —la historia— se la quitó de encima Barea en su presentación al decir que el pasado lo asumían, pero que no lo iban a enseñar… claro, no se fuera a enfadar Gabriel Rufián y toda la corte de aduladores mediáticos, políticos y particulares que lo rodeaban y se fotografiaban con él, como si de una estrella del rock se tratara. Los espectadores no se enteraron de que EFE es una agencia que hunde sus raíces en 115 años de historia, pues en 1.865 nace el Centro de Corresponsales, primera agencia de noticias de España, a cargo del periodista Nilo María Fabra. Lo que en 1.919 pasaría a llamarse Agencia Fabra para convertirse, por medio de sus representantes legales, en la Agencia EFE 20 años después, en el Burgos cuartel general de Franco y con la guerra aún sin terminar. Nada de esto sale en el documental, mucho menos un tal Ramón Serrano Suñer como fundador y un Vicente Gállego, primer director. Como tampoco las primeras sedes en viviendas particulares de Madrid, o la de la calle Espronceda, ni las máquinas de escribir, telégrafos, teletipos, fotos de periodistas de la época redactando aún con pluma y tintero, la primera delegación fuera de la capital, en Barcelona, ni las pioneras en América. Para qué hablar de que en la actualidad hay 3 mesas de edición, además de la madrileña las de Santafé de Bogotá y Bangkok. ¿Para qué? si 80 años no son nada.

Lo que más delata a EFE como ONG y no como empresa a tenor del documental, es que tampoco se habla de su capital social. Según informaciones de verdad, es una sociedad anónima con unos 87 millones de euros de ingresos y unos beneficios netos de -5 millones en 2012… El Estado es su principal accionista a través de la SEPI. Todos estos datos los he extractado de Wikipedia (con el riesgo que supone un sitio donde cualquiera sube lo que quiera) pues en el documental de Garea es imposible enterarte de esto, como de muchas cosas más. Habrá que ir al Registro Mercantil para consultar las cuentas anuales.

Recapitulando, el documental es toda una muestra de complejos falsamente progresistas; de prejuicios; de ocultación de la trayectoria más bien memoria histérica, por lo sesgada y parcial que es. Una pérdida de oportunidad para mostrar al país y al mundo una de las empresas que más lustre han dado a España en el campo internacional y, sobre todo, en su territorio natural como es Hispanoamérica. Los que hemos nacido y crecido con EFE como referencia nos hemos llevado una gran desilusión. Pero no importa, no se vayan a enfadar Rufián, sus amigos de la ETA y hasta se le pudra la coleta al líder de Podemos y vicepresidente del Gobierno en su mansión de Galapagar.

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