Relato, relatores y mentiras en la guerra de Ucrania

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— P U B L I C I D A D —

La vuelta a la normalidad depara gratas y al tiempo inesperadas sorpresas. Es un lujo necesario, por ejemplo, retomar la costumbre del seminario anual sobre Seguridad y Defensa, que organiza en Toledo la Asociación de Periodistas Europeos. La pandemia impidió la asistencia presencial al mismo en los últimos años, lo que también evitó la reunión y confluencia en el Parador de la capital castellanomanchega del habitual conglomerado de especialistas civiles y militares en la geopolítica global.

En tiempos de guerra intensa, dura y determinante para el futuro de la humanidad, es también una oportunidad única de escuchar los relatos que narran los corresponsales y enviados especiales a Ucrania, que así aprovechan para recuperar en esta cita toledana el aliento, tras meses de contemplar el inmenso y trágico cuadro de la crueldad y la miseria humana en los campos de batalla ucranianos. Dos de tales enviados especiales, veteranos ya de varias guerras y de no pocas peripecias a lo largo y ancho del planeta, coincidían en las causas por las que esta vez les ha tocado calzarse el casco, el chaleco antibalas y las botas aislantes en la guerra de Ucrania: “nadie de entre los jóvenes de la redacción quería ir al frente, así que alguien tenía que hacerlo”, manifiestan ambos por separado.

Pongo cara de asombro, me cuesta creer que con tantas facultades de Periodismo en España, que vomitan miles de licenciados cada año, no hubiera jóvenes dispuestos a arriesgar su vida en aras de cumplir su supuesta vocación de contar la historia desde la primera línea del frente. Quizá no existen suficientes incentivos para que estas nuevas generaciones, supuestamente tan bien formadas y protegidas por un generoso Estado de Bienestar, decidan mover el tango en busca de esas historias de guerra que ayuden a explicar lo que se está ventilando en Europa y la encarnizada disputa de cuyo resultado dependerá un futuro de libertad o de miseria.

Mis interlocutores, que peinan canas desde hace ya bastante tiempo, han aumentado su ya considerable caudal de experiencia, y sobre todo han aumentado notablemente su conocimiento sobre las cada vez más depuradas técnicas de la intoxicación, la desinformación y las mentiras que se desarrollan al máximo en tiempos de guerra. Es la batalla por el relato, del que dependerá en gran medida el desenlace final de la guerra.

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