“Pequeñas” guerras nucleares

Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

Recientemente la Armada estadounidense ha puesto en servicio en unos submarinos suyos unas cabezas nucleares de poca potencia. Cuando hablan de “poca potencia”, se trataría de una que no superaría en un tercio la de aquellas bombas nucleares con las que se bombardeó Japón en 1945. Con ello, se lograrían daños menores, pero no exentos de enormes consecuencias destructoras ni de horribles radiaciones.

En los propios EEUU hay opiniones contrarias al despliegue de “nukes” de baja potencia que hacen, argumentan, que se pueda tener la ilusión de que se puede librar y ganar una guerra nuclear. En realidad, la doctrina de la disuasión nuclear está basada en su no uso. El coste para las partes implicadas en un conflicto sería tan inaceptable, que nadie se arriesgaría a sobrepasar determinadas líneas rojas.

La necesidad de bombas nucleares de poca potencia surgiría para poder tener paridad con el adversario en todo el abanico de posibilidades para evitar que, pe, Rusia pudiera aprovecharse de una carencia americana. Asimismo, acabada la Guerra Fría perdieron impulso los pactos de desarme entre Washington y Moscú por falta de interés recíproco y, también, por el ascenso de la nueva superpotencia, China, exenta de las limitaciones acordadas bilateralmente entre americanos y rusos. Sobrevive el tratado “New START” entre Washington y Moscú que, esencialmente, limita a 1.550 las cabezas nucleares estratégicas desplegadas por cada parte. Caducará en febrero de 2021. ¿Lo renovarán?      

Rusia es fronteriza con China. Moscú no quiere limitar ni dejar de modernizar sus misiles de corto o medio alcance si China tiene las manos libres. EEUU tampoco puede aceptar desequilibrios perjudiciales, por lo que acabó sepultado el Tratado INF. Serían deseables unos acuerdos “a tres”, pero no es algo realista. Además, hay otros protagonistas que no desean limitar sus inferiores, pero suficientes, capacidades nucleares.

El camino multilateral nos lleva al TNP. Concede que cinco potencias sean nucleares, pero, también exige el acceso de todos al uso pacífico de la energía nuclear, algo que se cumple, y un desarme total nuclear que esos cinco nucleares “legales” no realizan porque las circunstancias internacionales no se lo aconsejan. Consecuentemente, el TNP, que dificulta la diseminación de las armas nucleares, se encuentra permanentemente en vilo.

Cabe preguntarse, lógicamente, si una defensa europea “creíble”, como pide Von der Layen, no requiere una disuasión nuclear para poder conseguir una verdadera autonomía estratégica, es decir ser una gran potencia. Los que juegan en primera división, EEUU, Rusia y China, son nucleares como lo son, asimismo, contraviniendo el TNP, o su espíritu, India, Pakistán, Israel y Corea del Norte. Lo son, también, Francia y Reino Unido, autorizados por el TNP. La disuasión francesa, con unas 300 cabezas nucleares, se ejerce con misiles de unos 6.000 km. de alcance embarcados en cuatro submarinos y aviones habilitados con misiles aire-tierra de medio alcance.

Francia puede dar a la defensa europea una componente nuclear. Habrá que dialogar con Paris para ver cómo ello puede concretarse, lo que conllevará dificultades. Primero, porque solo el Elíseo tiene el botón nuclear. Asimismo, porque pudiera haber reticencias de algunos socios tanto conceptualmente como por eventuales despliegues fuera de Francia. Tampoco sería descartable que Francia llegase a plantear algún tipo de financiación común, especialmente si se ampliasen los componentes de esta disuasión.

La innovación tecnológica, la inteligencia artificial, la maestría cibernética, la capacidad espacial son todas ellas condiciones necesarias para la autonomía estratégica y debe la UE actuar consecuentemente. Asimismo, la disuasión nuclear sigue siendo fundamental. Es importante, pues, que Macron haya reconocido el 7 de febrero pasado que los intereses vitales franceses tienen una dimensión europea, estando dispuesto a abrir un dialogo estratégico con los socios europeos que lo deseen, asociándolos, asimismo y si quieren, a los ejercicios de las fuerzas francesas nucleares de disuasión. Francia ofrece un pacto que le facilita condicionar la disuasión de la UE. ¿Puede interesarles a sus socios tener también vela en esta cuestión? A no echar en saco roto. ¿Qué hará nuestro Gobierno?

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