Países Bajos decide darle un cuarto mandato a Mark Rutte

Mark Rutte
Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.
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El líder liberal holandés y también de los llamados países frugales de Europa, Mark Rutte, ha vuelto a ganar las elecciones generales de Países Bajos, las primeras a escala nacional que celebra un país de la Unión Europea durante la pandemia del coronavirus. Comicios que se han celebrado durante tres días de votaciones, culminadas con algunas sorpresas, a tenor del primer muestreo de votos escrutado. 

No es sin embargo sorprendente que el Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD) de Rutte se haya impuesto, añadiendo algunos escaños más a los 32 de que ya disponía en el Parlamento holandés. Sí lo es en cambio que los demócratas progresistas (D66) de Sigrid Kaag hayan incrementado en más de un 40% sus votos, lo que se traduce en pasar de 19 escaños a una horquilla de entre 27 y 30, pero lo que es más importante, arrebatando la segunda plaza del hemiciclo a la extrema derecha del Partido por la Libertad (PVV) de Geert Wilders, probablemente el partido más antimusulmán de toda Europa, que a su vez registra un descenso notable desde sus anteriores 20 escaños. 

Rutte y Kaag ya eran aliados en el anterior Gobierno, y este triunfo augura que volverán a formar coalición, probablemente también con el Llamamiento Demócrata Cristiano (CDA) del ministro de Hacienda, Wopke Hoekstra, y con la Unión Cristiana (CU). Entre los cuatro sumarán holgadamente más de los 76 escaños que conforman la mayoría en un Parlamento de 150. 

Otra sorpresa es la irrupción del Partido Paneuropeo (VOLT), contrapunto a la línea de Rutte, que refuerza con esta victoria su liderazgo entre los que quieren más mercado único europeo pero que siempre arrastran los pies, cuando no se oponen abiertamente a una progresiva integración política dentro de la Unión Europea. El líder holandés, que ha aguantado fuertes críticas internas por haber apoyado el voluminoso plan de rescate de la economía europea, se ha erigido en el discípulo y sucesor aventajado del Reino Unido, una vez consumado el Brexit, en cuanto a condicionar todas las políticas expansivas de la UE, exigiendo importantes contrapartidas a cada concesión. Como contribuyente neto, su horizonte es prácticamente idéntico al que tenía el Reino Unido: que Países Bajos reduzcan progresivamente esa contribución, al tiempo que aprovechan esa condición superior para obtener el máximo de ventajas posibles. Es así, por ejemplo, cómo Ámsterdam ha reforzado su papel, potenciando su influencia como plaza financiera y convirtiéndose en sede de la Agencia Europea del Medicamento, cuya relevancia se está multiplicando en estos tiempos de pandemia aún incontrolada.  Revés de la izquierda

Pese al gran índice de participación, 81%, estas elecciones se han salvado con un fuerte retroceso no solo de la extrema derecha sino del conjunto de la izquierda. Sus tres partidos más representativos, los socialdemócratas del PvdA, los socialistas radicales del SP y los ecologistas de Groen Links, son rebasados en conjunto por el D66. 

La atomización del Parlamento holandés, con hasta 17 formaciones políticas representadas, no debiera impedir que la posible nueva coalición de Gobierno tardara menos en formarse que la surgida de las elecciones de 2017. Entonces se precisaron siete meses de negociaciones aunque nunca se discutió que fuera Mark Rutte quién la dirigiera. Lo mismo sucede ahora, si bien la nueva aritmética parlamentaria le haga más fácil la tarea, al menos a priori.

A sus 54 años, Mark Rutte acrecentará sin duda alguna su papel en el seno de la UE. Su ojo escrutador hacía los países menos prósperos, es decir los mediterráneos, augura fuertes batallas por el análisis y concesión de los fondos de recuperación. Sus electores le han dado inequívocamente su respaldo, y ello después de salir prácticamente indemne de las revueltas del pasado enero, que desembocaron en la dimisión de su gobierno en pleno, a causa del escándalo de la administración holandesa, que había penalizado a miles de familias, mayoritariamente musulmanas de origen turco y marroquí, acusadas falsamente de haber recibido ayudas sociales fraudulentamente.  

Con su cosecha mayoritaria de votos, los holandeses consideran, pues, a Rutte garante de la estabilidad política del país. Ahora le piden que concluya con éxito la crisis de la pandemia, de la misma forma que ya logró para los Países Bajos sortear favorablemente la económica y la migratoria, duros episodios que han acentuado las diferencias de gestión entre los 27 países integrantes de la UE. 

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