Las PASO ponen a Argentina a un paso del cambio

Pedro González
Periodista, experto en Política Internacional. Fue director de Redacción de Euronews y fundador del Canal 24 Horas de TVE.
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Instauradas en 2009, las PASO son unas elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias que definen dos cosas: qué partidos quedan habilitados para presentarse a los próximos comicios legislativos del 14 de noviembre, para lo que es necesario conseguir al menos el 1,5% de los votos válidamente emitidos, y definir asimismo la lista de candidatos que representará a cada partido en esos mismos comicios.

Las PASO celebradas el pasado domingo han constituido un desastre sin paliativos para el peronismo más izquierdista, comúnmente conocido por kirchnerismo, encabezado por el presidente Alberto Fernández y su vicepresidenta, y verdadera lideresa del movimiento, Cristina Fernández. Esta última ha perdido tres elecciones intermedias (2012, 2015, 2017), y a tan solo dos meses de las próximas esta debacle de las primarias augura una derrota contundente. A menos, claro está, que el golpe de timón que pudiera estar preparando el tándem Fernández-Fernández sea de tal envergadura que modifiquen sustancialmente el malestar evidenciado por los ciudadanos argentinos en las primarias.

Además de los diez puntos que a escala nacional separan a las listas del Frente de Todos oficialista de la coalición Juntos por el Cambio, la que encumbró a Mauricio Macri a la Presidencia de la nación, la debacle peronista ha sido particularmente dramática tanto en la provincia de Buenos Aires (38,3% frente a 33,5%) como en la propia capital (48,27% frente al 24,62%). Si se tiene en cuenta que este es el feudo de Cristina Fernández parece evidente que la impronta de la viuda de Néstor Kirchner está languideciendo.

Alberto Fernández llegó a la Casa Rosada en diciembre de 2019, tres meses antes de registrarse el primer caso de Covid-19 en el país. Impuso uno de los confinamientos más largos y drásticos del mundo, lo que no ha evitado ni las 113.000 muertes contabilizadas hasta ahora ni, sobre todo, una violenta recesión económica en una Argentina cada vez más desigual y empobrecida. Su gobierno encadena cifras negativas de recesión -9,9% en 2020-, pero además una inflación galopante: 29,1% en el primer semestre de este 2021. Pandemia y economía, los detonantes de la catástrofe

La mala gestión de la pandemia ha sido el detonante del malestar ciudadano, pero el explosivo del descontento es sin duda una situación económica a la que los argentinos no ven perspectivas realistas de mejora.

Por si fuera poco, errores como la celebración multitudinaria, estridente y sin medidas de seguridad del cumpleaños de la esposa del presidente Fernández, ha añadido fuego a la crítica, que se ceba en el comportamiento arrogante de la cúpula kirchnerista.

De la conclusión del análisis que el tándem presidencial está realizando, se aventura que solo pueden optar por dos vías en estos dos meses que quedan para la cita electoral: la radicalización o un cambio de rumbo moderado. Si se escoge la primera, es dudoso que los argentinos se dejen embaucar una vez más por el enfrentamiento ideológico cuando cada día les es más duro pelear por el sustento. Si prefieren “cambiar el rumbo y corregir errores”, precisarán no obstante de medidas tan contundentes y de calado que puedan ser apreciadas por la ciudadanía en tan corto lapso de tiempo.

El 14 de noviembre estarán en juego 127 bancas (como dicen allá) de las 257 de la Cámara de Diputados y 24 de las 72 del Senado. De imponerse la coalición Juntos por el Cambio en ambas será poco menos que imposible que los Fernández puedan concluir su mandato en la Casa Rosada

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