La vinculación transatlántica

Política Exterior y de Defensa para una Europa más fuerte (II)*

UNA EUROPA MÁS FUERTE - CAPÍTULO 2
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.
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Desde la época de Federica Mogherini como Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad oímos hablar de la necesidad de que la Unión Europea tenga una “autonomía estratégica”, fraseología que esconde algo importante y delicado, por no decir, incluso, peligroso. En efecto, siendo los componentes de la Unión, y la propia UE, miembros importantes del mundo occidental cuyo liderazgo ha venido siendo ejercido desde finales de la segunda guerra mundial por los EEUU, es evidente que el propósito de disponer de esa autonomía estrategia implica tomar distancia con relación a los EEUU. Distancia que sería fruto de que el poderío acumulado de la Unión, muy superior al de sus Estados miembros individualmente considerados, le debiera permitir relacionarse con Washington sobre una base igualitaria, o, al menos, más igualitaria, en función del potencial político-económico europeo que permite afirmar, por algunos, que la Unión es una superpotencia emergente.

No obstante, el panorama es muy complejo. EEUU y Europa tienen intereses comunes esenciales que limitan el grado de distanciamiento que la Unión pueda pretender respecto de los EEUU. No se trata, tampoco, de fisurar un vínculo transatlántico intenso pues a ambos lados de este “neo Mare Nostrum” se extiende una cultura semejante, identitaria, fruto de formas de ser semejantes, de valores y objetivos propios y, no hay que olvidarlo, con una Historia común entre el extremo euroasiático formado por Europa y todo el continente americano, aunque los vínculos sean más determinantes, cuando se contemplan las cuestiones de seguridad, alrededor del Atlántico Norte.

Una cosa es tener una voz más fuerte porque, como señala la divisa de Bélgica, “La unión hace la fuerza”, y otra romper vínculos naturales y necesarios con los EEUU. Hablar con Washington desde Bruselas de tú a tú es una cosa, divergir en puntos concretos, incluso esenciales, puede ser aceptable y hasta necesario, pero partir cada cual por su lado no tendría sentido. Sobre todo, cuando ponemos nuestra atención en las cuestiones de seguridad en las que las carencias europeas son evidentes y la fortaleza americana necesaria, al menos hasta ahora.

No hay que olvidar que por muchas discrepancias que se puedan tener entre las dos orillas del Atlántico Norte, la realidad es que, históricamente, los EEUU han acudido en defensa de las democracias europeas en tres importantes ocasiones (Primera Guerra Mundial; Segunda Guerra Mundial; y Guerra Fría) y siguen dispuestos a contribuir a la seguridad europea a pesar de la prioridad geoestratégica que EEUU da, ahora, a China y al Pacifico y que ello parezca debilitar su compromiso con los europeos. Una cosa es que China haya sustituido a la URSS como rival principal de los EEUU y otra que ello se traduzca en un abandono de los europeos a su suerte.

En este sentido, es cierto que las afirmaciones del actual inquilino de la Casa Blanca no ayudan, pero la realidad siempre es tozuda y también hay que contabilizar otras consideraciones. Entre ellas que el Senado americano no comparte la parte del discurso trumpiano hacia los aliados europeos en la que introduce la duda, peligrosa, de si acudiría en su defensa. Asimismo, la integridad y libertad de Europa es fundamentalmente necesaria para Washington y olvidarse de sus aliados europeos es un lujo que no podrían permitirse los EEUU.

Por otra parte, el discurso de Donald Trump se enmarca en un relato americano que, incluso, se remonta a los tiempos del Presidente Bill Clinton en los que ya se advertía a los europeos que debían hacer más por su propia defensa. Trump lo expresa de un modo más brutal y antipático, por no decir poco inteligente, pero no es menos cierto que Europa viaja bastante de gorra en el vagón de su propia defensa cuando se calcula que, actualmente, la relación de gastos para la misma es aproximadamente de tres cuartos por parte americana y un cuarto por parte europea cuando se repartía por mitades durante la Guerra Fría.  


* Segundo capítulo del artículo publicado en el libro del Movimiento Europeo Español “El debate ciudadano en la Conferencia sobre el futuro de Europa: A los 70 años de la Declaración Schuman” (4 de mayo 2020)

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