Fortaleza Turquía

Fortaleza Turquía
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

No debiera nadie aventurarse en la política exterior sin tener un mapa a mano. George Shultz, un Secretario de Estado del Presidente Ronald Reagan, se lo comentó un día al magnifico ministro de Exteriores español, Francisco Fernández Ordóñez. Shultz cogió del brazo a Ordóñez en su inmenso despacho en Washington y tras recorrer varios kilómetros aterrizaron ante un enorme globo terráqueo giratorio. “Cada vez que me cuentan un problema internacional”, le dijo Shultz, “vengo aquí”.

La imaginación es otra poderosa ayuda y se puede visualizar Turquía como una fortaleza en lo alto de un peñasco rodeado por casi todas partes por un río que lo separa de territorios hostiles y de situaciones peligrosas. Al norte de Turquía, el Mar Negro apenas separa Anatolia y la pequeña porción turcoeuropea de Rusia, enemiga tradicional, que en 2014 se anexiono ilegalmente Crimea (turca antes del siglo XXVIII y cedida por Moscú a Kiev en 1956). Aunque actualmente la relación sea pacifica, es un vecindario peligroso.

Como lo es también el Cáucaso, un poco más al Este, con una Georgia (cuna de Stalin) siempre amenazada por los rusos tras su independencia. Hay allí otros países cuya estabilidad es relativa. Recuerden Chechenia y sus guerras con Moscú, así como sus terroristas islámicos. El Cáucaso es explosivo.

Si seguimos hacia el Este y el Sur por el camino de ronda del baluarte, divisaremos las fronteras con Irán, Irak y Siria, tres países conflictivos. Más al sur se puede contemplar a Israel y a la martirizada Palestina, turcas antes que el Imperio de la Sublime Puerta colapsara al terminar la Primera Guerra Mundial. Turquía es, pues, cercana a un teatro de contornos inciertos en el que se enfrentan rusos, americanos, sirios, iraquíes, israelíes, saudíes e iraníes.

En el Mediterráneo esta Chipre, dividida entre griegos y turcos, lugar de horribles crímenes interraciales en un pasado no tan alejado y dividida desde 1974 entre una Chipre que está en la UE, mayoritariamente griega, y otra turca, solo reconocida y amparada militarmente por Ankara. Al Oeste están el Egeo y Grecia, miembro de la UE, con una divisoria tensa, rota a veces con incidentes en los que se puede constatar mucha pasión.

Siempre al Oeste, hay una Unión Europea que se desdice de su invitación a Turquía, lo que recuerdan siempre agriamente los turcos herederos del occidentalismo de su héroe nacional, Ataturk, y satisfactoriamente los activistas islámicos, empleándolo para alejarse de ese occidentalismo pecaminoso. Es imposible entender lo que ocurre en Turquía sin ser conscientes de esta dualidad que también tiñe su política exterior.

Más al Oeste, aún, están los EEUU, siempre mediando entre Atenas y Ankara, siempre en el dilema de apoyar un puntal occidental a costa de mirar a otro lado cuando ese puntal no actúa según los valores occidentales. Subyacen los intereses a pesar de los valores.

EEUU no entregará a Turquía al predicador islámico, Feyhullah Gullen, acusado por Erdogán de golpista y la compra de misiles antiaéreos rusos, bofetada a EEUU y a la OTAN, parece valerle a Ankara el veto de Washington para adquirir el potente cazabombardero F-35. ¿Comprarán uno ruso? Putin le hará, sin duda, un buen precio. En todo caso, esos misiles antiaéreos no son compatibles con la defensa aliada. Mejor aún para Moscú…

La vida es difícil en esa fortaleza tan maravillosa por dentro, que también vigila el paso de buques, sobre todo militares, por los estrechos que unen el Mar Negro con el Mediterráneo. La UE consiguió un arreglo con Turquía para controlar el flujo de inmigrantes hacia la Unión (puesto, parece ser, en entredicho tras la condena de la UE a las prospecciones de gas turcas en aguas chipriotas) y su territorio está lleno de refugiados de países vecinos.

Esa fortaleza es esencial para el mundo occidental. Ello fue más claro durante la Guerra Fría, pero ni a la UE ni a los EEUU les interesa que sucumba ante influencias ajenas. Muchos turcos saben, también, que su vinculación con Occidente es, visto lo que les rodea, importante.

La ruta de la seda china les aportará novedades, como toda la mundialización de China que, además, reina en el puerto del Pireo, junto a Atenas. Ello debiera motivar el fortalecimiento de los vínculos entre Ankara, Bruselas y Washington.

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