Europa, ¿potencia nuclear?

Europa, ¿potencia nuclear?
Carlos Miranda
Carlos Alonso Miranda y Elío, V conde de Casa Miranda, es un diplomático español Licenciado en Derecho, que fue Embajador de España en el Reino Unido desde julio de 2004 hasta 2008 y Embajador Representante Permanente de España en el Consejo de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) desde julio de 2008 hasta su cese en febrero del 2012.

En marzo de 1986 tuvo lugar un referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN que ganó el Gobierno de Felipe González (57% a favor, 43% en contra). La pregunta venía aderezada con tres condiciones: no incorporarse a la estructura militar integrada  aliada; reducir gradualmente la presencia militar estadounidense en España; y “mantener la prohibición de instalar, almacenar o introducir armas nucleares en territorio español”. La Alianza Atlántica protege a España con su defensa colectiva y su disuasión incluida la nuclear, en manos, principalmente, ésta última, de EEUU, pero no exclusivamente. Tanto Francia como el Reino Unido disponen de fuerzas nucleares.

De las tres condiciones mencionadas, dos ya se han evaporado. España ingresó en 1997 en la Estructura Militar Integrada. La situación nacional e internacional se había modificado lo suficiente tras la caída del Muro de Berlín como para considerar que fue una decisión oportuna. También cayó la condición de reducir la presencia militar americana en nuestro país. Esta se ha incrementado esencialmente en Rota y Morón con relación a los niveles acordados con Washington tras el referéndum (que implicó también la salida norteamericana de las bases de Zaragoza y Torrejón). Ello responde, asimismo, a nuevas circunstancias. Los cuatro destructores americanos basados permanentemente en Rota desde 2012 pertenecen al escudo antimisiles de la OTAN (además de tener misiones propias). Su fondeo en Rota constituye la contribución española al mencionado escudo. La presencia militar americana se ha incrementado también en Morón. Aunque algunos puedan considerar que así aumenta la vulnerabilidad española frente a posibles enemigos, también es cierto que esa vulnerabilidad existiría incluso sin la presencia militar americana y que ésta también es disuasoria.

Sobrevive la tercera condición. Ahora bien, se avecinan planteamientos que podrían alterarla, o no. La Unión Europea desea tener una “autonomía estratégica”. Lógico visto su potencial político-económico. Quiere codearse con EEUU, Rusia y China, todos ellos, países dotados de armas nucleares. Si la Unión Europea pretende esa autonomía estratégica, ser Gran Potencia, tener una defensa europea creíble (Úrsula Von der Leyen en Davos) tendrá que disponer de una disuasión nuclear. Asimismo, tendrá que ser puntera en dominios como los del ciberespacio, la tecnología, la inteligencia artificial, la conquista del espacio exterior, y, cómo no, riesgos bacteriológicos.

Tras el Brexit, Francia es la única que puede servir de base para una disuasión nuclear de la UE. Macron la ha ofrecido al tiempo que sugiere un diálogo estratégico con aquellos socios comunitarios que lo deseen, y participar con Francia en ejercicios nucleares. Ese diálogo es necesario para establecer los contornos del ofrecimiento francés que, en todo caso, seguiría teniendo el único dedo posible en el gatillo nuclear. 

Para Paris, solo el hexágono francés se beneficia, en principio, de esta disuasión. No así otras posesiones suyas por el mundo. España debiera de aceptar este diálogo para despejar incógnitas: ¿Cubriría esa disuasión todos nuestros territorios? ¿Con qué secuencia de eventos? ¿Qué relevancia tendría Madrid en la toma de decisión, aunque no apriete el botón rojo? ¿Qué papel tendrían eventualmente Francia y otros socios si España fuese directamente amenazada? ¿Qué relevancia tendría España en casos que no le afectasen? ¿Francia adquiriría un compromiso formal o solo ofrece una intencionalidad política? ¿Haría falta participar en los costes de la “Force de Frappe” francesa? ¿Habría que expandir los componentes de la disuasión nuclear gala que actualmente suman cuatro submarinos con misiles nucleares embarcados y cazabombarderos con misiles aire/tierra nucleares?

Entre estas preguntas -y muchas más- estaría la de si España debiera de aceptar en su territorio despliegues nucleares, incluso circunstanciales, así como, eventualmente, algún almacenamiento. No se trata de “regar España de misiles nucleares” como podría temer algún ingenuo, pero ¿Podría España mantener su virginidad nuclear en el caso de una defensa europea que nuestro propio país asumiría?Igual sí, pero hay que hablarlo. ¿La cláusula del referéndum se refería solo al armamento nuclear americano? ¿Es válida, asimismo, para el armamento nuclear de una disuasión europea que incluiría a España? ¿Es todo ello compatible con el TNP?

En todo caso, la UE como Gran Potencia no está a la vuelta de la esquina. En algo más “mundano” como una propuesta que se llegó a concebir en Bruselas de que la Unión Europea decretase una “zona de prohibición de vuelos” en el norte de Siria (“no fly zone”) para proteger a los refugiados sirios y que debiera de imponer la propia UE si fuese preciso, el encargado de la diplomacia comunitaria comentó, sensata, pública y recientemente, que no hay que confundir los sueños con la realidad.

No obstante, hace falta ese debate. Tranquilo, pausado, pero debate. Transparencia y no opacidad. La opinión pública española y sus políticos valoran positivamente a nuestros militares, pero eluden, sobre todo los políticos, el debate sobre seguridad, defensa y disuasión. Es necesario contar con el apoyo de la opinión pública y por ello hace falta tomar la (¿arriesgada?) decisión de debatir estas cuestiones, nucleares y no nucleares. Por cierto, ¿Ha dado ya alguna respuesta España al ofrecimiento de Macron? ¿Se ha iniciado ese debate en el seno de los ministerios de Exteriores y Defensa? No hay rastro de ello. Un silencio descorazonador. Lo más peligroso frente a la opinión pública sería apostar por la opacidad y hurtarle este debate.

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